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SOCIEDAD

El hijo de Caloi presenta su primera novela gráfica


Con el beneplácito de Quino en el prólogo y el orgullo de ser el hijo de Caloi a quien le dedica su obra, el versátil Tute, uno de los humoristas gráficos más destacados de la escena vernácula, presenta su primera novela gráfica Dios, el Hombre, el amor y dos o tres cosas más.
08/10/2014 10:00

"No te voy adelantar nada, pero... los extremos no son buenos. Nada más, no voy a decir nada más. Miren cómo les fue a los dinosaurios. Piensenlón. Los imperios no son eternos, así­ que a aflojar la mano. Se los dice un gil", así­ arranca la novela gráfica de Tute con un dios en forma de cí­clope egipcio que habla como un humano errático y advierte de sobre la codicia en la Tierra.

Es que para Tute —Juan Matí­as Loiseau— la religión es parte de sus "inquietudes, dudas y obsesiones" así­ como el amor, las relaciones y la soledad, comportamientos humanos que se expanden en este catálogo de situaciones, hiladas sutilmente por un avioncito de papel que recorre páginas y por personajes que se encuentran y desencuentran en el mundo y en el espacio.

Esta es su primera publicación "de largo aliento", como dice a Télam, con una impronta que la sobrevuela: no hay una trama concreta, sino muchas ideas que se envuelven, se retroalimentan, mechan sabidurí­a con sentido común, y se abandonan, todo con el remate lógico del humor de este hombre versátil, creador de entrañables personajes como Batu, Trifonia y Baldomero, que también es un cineasta premiado y un notable escritor de tangos.

"No hubo una idea disparadora, sino un capricho, un deseo y ganas. Eso fue lo que me impulsó, de hecho no es una novela clásica con personajes que se desarrollan a lo largo de un libro, sino que la hice como hago las páginas dominicales, con puntas que se van encontrando en el camino", cuenta.

Esa ausencia de trama redondeada, la angustia, lo nostalgioso y las parejas en esta obra publicada por Sudamericana es un claro rasgo "tuteano". "Nada fue premeditado y apareció lo que suele aparecer en todo mi trabajo. Hay inquietudes, dudas, obsesiones, no es que me propuse hablar de religión o amor, fue apareciendo y al final de todo, completé las 300 páginas".

"La gran diferencia -dice- respecto a mi página dominical fue conectar las historias y si miran con detenimiento al principio hay una tendencia mayor al remate en el último cuadrito, porque es algo que tengo incorporado. Me decí­a a mí mismo «acá hay que seguir». Fui conectado pequeñas historias, finalmente quedó una novela gráfica absurda, extraña y de microrrelatos que abordan los temas del tí­tulo".



Si tuviera que definir su profesión, Tute (Buenos Aires, 1974) dice que "el humorista gráfico mucho antes de dibujar es un observador" y amplía: "lo que dibujo y las ideas que aparecen son el producto de esa observación previa, que no es otra cosa que poner el ojo en las cosas que a uno le interesan".

Y esas dos o tres "cosas" en las que se sumergió son "el mundo de las relaciones, las conductas del hombre y cómo se mueve, pero eso aparece todo el tiempo en lo que hago. Acá también me inventé un dios errático, más parecido a uno, lleno de errores y miserias. Me parecí­a divertido que hablara mal, que fuera pesado y que se lavara las manos porque 'el resto corre por cuenta de ustedes'", parafrasea a su creación divina y providencial.

Pero, además, hay otros elementos vitales de esta preciosa novela enmarcada en un compacto cuadrado como el color, la luz, la poesí­a, el negro pleno, el cielo estrellado y la locura multicolor, signos que pueblan de belleza los monólogos de dios, los pensamientos propios y los diálogos entre humanos y con otros humanos, esas personas evolucionadas de un imaginado futuro.

"Me di algunos gustos gráficos con el formato. Lo considero mi primer libro, porque es el primero que no es recopilatorio. Sé que muere el material con este libro, no va a estar en otros lados. Es un reto y es mucho más personal", dice porque justamente es en Dios, el hombre, el amor... donde aparece "todo lo que me gusta".

El cóctel gráfico se conjuga con el ideario ecléctico propio del autor. "No me gusta que haya un sólo tono o estilo de humor, hay absurdo, humor negro y escatológico, humor más blanco y un registro poético, porque querí­a hacer un libro dinámico, que no me aburriera y la forma que encontré fue darle movimiento, donde habí­a demasiados diálogos pasaba algo más fí­sico, si prevalecí­a el blanco y negro, puse color o buscaba un tono poético".

El resultado es una pieza gráfica liberadora que "casi no tiene edición" porque Tute dibujó hasta los bordes, tachó palabras que no lo convencían por otras que las superaban, escribió directo con el marcador, armó situaciones y amplió detalles asombrosos.

Para muchos, este artista no necesita carta de introducción, su trazo y su humor son bien conocidos por los lectores, pero a la hora de presentar esta nueva obra eligió las palabras de Quino, quien lo considera en el prólogo como "el mejor dibujante de humor gráfico argentino surgido en los últimos años", tamaña definición tuvo su golpe de efecto para el joven "Maestro" como lo coronó el padre de Mafalda.

"Fue un sueño que haya escrito eso, sabí­a que le gustaba lo que hací­a por eso se lo pedí­, pero nunca pensé que iba a escribir eso. Es un sueño que no me animé a soñar. Me da orgullo de mí­ mismo", dice contento Tute, hijo mayor de Caloi, a quien le dedica esta novela: "Sin duda soy dibujante por mi viejo y fue un gran padre, por eso la dedicatoria", agrega.

Mientras presenta su novela, escribe otra, arma canciones de tango y espera los estrenos de los micros infantiles de Batu para Paka Paka y un ciclo televisivo de entrevistas gráficas, este creador y suerte de usina artí­stica, reconoce: "Ya me tengo un poco de miedo a mí­ mismo, pero necesito ir recorriendo distintos caminos, nuevos desafí­os, otros lugares y preguntas, lo vivo como una necesidad vital, pero nunca sé dónde voy terminar".


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