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OPINIÓN

La palabra es respeto




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La selección argentina de Rugby jugará hoy su segundo partido en la Copa del Mundo. Necesita ganar pues viene de perder, como era lógico, ante los All Blacks, para muchos especialistas el equipo del momento y probablemente el mejor de la historia. Tras aquella derrota, el fin de semana, los Pumas se retiraron del campo de juego rodeados de sus potentes rivales, que los aplaudieron. Para quienes no suelen observar rugby europeo, por ejemplo, la situación resultó llamativa, pero en rigor esto ocurre en el viejo continente y es pariente del espíritu mismo del juego en donde el rival es sólo eso durante los 80 minutos del partido, luego es un semejante.

En un país futbolero acostumbrado a las actitudes teatrales de los jugadores, la protesta continua y exasperante hacia el árbitro y el irrespeto hacia su figura, observar un poco de lo que ocurre en una cancha de rugby resulta bastante aconsejable, incluso para justipreciar beneficios a los que el rey de los deportes se niega, como la utilización de la tecnología.

Ayer los neocelandeces vapulearon, con una formación “suplente” –rigurosamente entre comillas, pues todos sus jugadores serían titulares en cualquier equipo del mundo- al débil Namibia. Ya en el primer tiempo habían conseguido el objetivo principal: meter más de cuatro try para obtener un punto extra en la tabla de posiciones. No obstante, siguieron hasta pasar los 50. Así juegan siempre, pues entienden que respetar al rival es jugarle como si fue el mejor todos. Es su forma de verlo.

En la segunda mitad ingresó la cancha Richie McCaw, su capitán natural. Se convirtió así en el All Black con más partidos mundialista en la historia de esta selección, la más ganadora de todos los tiempos. Es una mega estrella, acaso la más importante de cuantas hay en la competencia. No obstante en el choque anterior, ante Los Pumas, a través de la filmación se advirtió que había cometido una infracción, que el juez no había observado, y debió irse a sentar al banco por diez minutos ya que recibió amarilla. El enorme McCaw, cuando lo amonestaron, ni siquiera habló. Se dio vuelta y se fue. Es que sabe, como saben todos en rugby, que la única autoridad del juego es el árbitro. Así cometa errores, que los comete.

Todo se hace para establece un principio de autoridad. Eso permite que 30 sujetos que en general pesan más de 100 kilos, miden cerca de los 2 metros y se pasan 80 minutos practicando el deporte más friccionado del planeta no terminen a las piñas, salvo excepciones.

Sin autoridad, y sin orden, no hay forma de hacer las cosas. Como suele ocurrir en la sociedad, aunque nos cueste tanto asumirlo.


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