Guerra en las cárceles de Brasil por controlar el narcotráfico

El poder del crimen organizado en Brasil comenzó a disputarse en las prisiones, donde al menos 18 personas murieron durante enfrentamientos entre grupos rivales, que han encendido las alarmas en los sistemas de seguridad de las principales ciudades sobre el riesgo de que esta guerra por el control narco se extienda hacia las calles.

17 OCT 2016 - 16:02 | Actualizado

Los estados amazónicos de Roraima y Rondonia fueron los escenarios en los que se registró el fin de la tregua entre el Comando Vermelho (CV, comando rojo), con control del crimen organizado en Río de Janeiro, y el Primer Comando de la Capital (PCC), que domina San Pablo y el sur del país.

"Ellos se han declarado la guerra a nivel nacional; el PCC mandó a romper un acuerdo que había entre los grupos", afirmó el secretario de Justicia del estado de Roraima, Uziel de Castro.

La violencia comenzó ayer domingo en la Penitenciaría Agrícola Monte Cristo en Boa Vista, capital de Roraima, estado fronterizo con Venezuela y Guyana, durante el horario de visita de los familiares.

La reyerta entre los presos duró casi diez horas y terminó con 10 muertos, según rectificó hoy el gobierno de Roraima, luego de que la policía indicara que había 25 muertos.

Sin embargo, se mantuvo la información de que siete fallecidos fueron decapitados y otros quemados vivos en el patio del penal.

Hoy, ocho presos murieron hoy en una cárcel del estado de Rondonia, fronterizo con Bolivia, durante un incendio provocado en la Penitenciaria Regional Enio dos Santos Pinheiro, en la capital, Porto Velho.

La violencia en las cárceles tuvo su registro el viernes pasado, con la muerte cerebral de un joven detenido por sospecha de terrorismo en la prisión de máxima seguridad de Campo Grande, en Mato Grosso do Sul, frontera con Paraguay.

Pero las autoridades han puesto el acento en que una guerra a nivel nacional puede extenderse ahora por el control del narcotráfico y el tráfico de armas en el país.

El Comando Vermelho domina parte de las favelas de Río de Janeiro y tiene a su máximo jefe, Fernandinho Beira Mar, en una prisión de máxima seguridad en Mossoró, en Rio Grande do Norte, en el extremo noreste de Brasil.

El jefe del PCC es Marcos Willians Camacho, conocido como Marcola, quien en 2006 lanzó una serie de ataques que mataron a 41 policías y agentes penitenciarios en San Pablo, recluido en la cárcel de máxima seguridad en el interior paulista.

El Comando Vermelho, según el funcionario Castro, envío la orden desde Río de Janeiro, ciudad donde domina unas 200 favelas y se disputa el poder de los ilícitos con su rival Amigos de los Amigos (ADA) y las milicias parapoliciales.

Todo en un marco político, en Río de Janeiro, de campaña electoral de cara a la segunda vuelta de las elecciones para elegir alcalde y a una semana de la renuncia al cargo del secretario de Seguridad Mariano Beltrame, autor de la política de pacificación de las favelas.

Entre los muertos en Roraima se encuentra Valdineys de Alencar Sousa, conocido como "Vida Loka", que se denominaba el nuevo jefe del Comando Vermelho, quien fue decapitado.

Todos los muertos son de los Comando Vermelho en el presidio de Boa Vista, donde existen 1.100 detenidos en un espacio para 600.

Una rebelión de detenidos del PCC en una cárcel del también amazónico estado de Pará también puso en alerta a las autoridades, ya que la información del fin del pacto entre los grupos criminales está llegando de a poco a los sitios de máxima seguridad.

El escenario es complejo y tiene también intereses económicos fuertes, como por ejemplo el control de la frontera entre Brasil y Paraguay para el contrabando, una actividad que según la policía mantenían en sociedad tanto el Comando Vermelho con el PCC.

El Comando Vermelho nació en 1969 en el presidio de Ilha Grande, en una acción conjunta de detenidos políticos y criminales durante la dictadura militar, mientras que el PCC tiene su origen en los años noventa en San Pablo bajo el mote "sindicato de los presos", nacido al calor de la masacre de la cárcel de Carandirú, con 111 reclusos asesinados por la policía.

El PCC, además, domina varias comunidades y barrios pobres de la periferia de San Pablo y en los últimos años desarrolló sistemas de acción social, como garantizar seguridad en las favelas y entregar a las madres embarazas y con bebés canastas básicas de alimentos.

Las más leídas

17 OCT 2016 - 16:02

Los estados amazónicos de Roraima y Rondonia fueron los escenarios en los que se registró el fin de la tregua entre el Comando Vermelho (CV, comando rojo), con control del crimen organizado en Río de Janeiro, y el Primer Comando de la Capital (PCC), que domina San Pablo y el sur del país.

"Ellos se han declarado la guerra a nivel nacional; el PCC mandó a romper un acuerdo que había entre los grupos", afirmó el secretario de Justicia del estado de Roraima, Uziel de Castro.

La violencia comenzó ayer domingo en la Penitenciaría Agrícola Monte Cristo en Boa Vista, capital de Roraima, estado fronterizo con Venezuela y Guyana, durante el horario de visita de los familiares.

La reyerta entre los presos duró casi diez horas y terminó con 10 muertos, según rectificó hoy el gobierno de Roraima, luego de que la policía indicara que había 25 muertos.

Sin embargo, se mantuvo la información de que siete fallecidos fueron decapitados y otros quemados vivos en el patio del penal.

Hoy, ocho presos murieron hoy en una cárcel del estado de Rondonia, fronterizo con Bolivia, durante un incendio provocado en la Penitenciaria Regional Enio dos Santos Pinheiro, en la capital, Porto Velho.

La violencia en las cárceles tuvo su registro el viernes pasado, con la muerte cerebral de un joven detenido por sospecha de terrorismo en la prisión de máxima seguridad de Campo Grande, en Mato Grosso do Sul, frontera con Paraguay.

Pero las autoridades han puesto el acento en que una guerra a nivel nacional puede extenderse ahora por el control del narcotráfico y el tráfico de armas en el país.

El Comando Vermelho domina parte de las favelas de Río de Janeiro y tiene a su máximo jefe, Fernandinho Beira Mar, en una prisión de máxima seguridad en Mossoró, en Rio Grande do Norte, en el extremo noreste de Brasil.

El jefe del PCC es Marcos Willians Camacho, conocido como Marcola, quien en 2006 lanzó una serie de ataques que mataron a 41 policías y agentes penitenciarios en San Pablo, recluido en la cárcel de máxima seguridad en el interior paulista.

El Comando Vermelho, según el funcionario Castro, envío la orden desde Río de Janeiro, ciudad donde domina unas 200 favelas y se disputa el poder de los ilícitos con su rival Amigos de los Amigos (ADA) y las milicias parapoliciales.

Todo en un marco político, en Río de Janeiro, de campaña electoral de cara a la segunda vuelta de las elecciones para elegir alcalde y a una semana de la renuncia al cargo del secretario de Seguridad Mariano Beltrame, autor de la política de pacificación de las favelas.

Entre los muertos en Roraima se encuentra Valdineys de Alencar Sousa, conocido como "Vida Loka", que se denominaba el nuevo jefe del Comando Vermelho, quien fue decapitado.

Todos los muertos son de los Comando Vermelho en el presidio de Boa Vista, donde existen 1.100 detenidos en un espacio para 600.

Una rebelión de detenidos del PCC en una cárcel del también amazónico estado de Pará también puso en alerta a las autoridades, ya que la información del fin del pacto entre los grupos criminales está llegando de a poco a los sitios de máxima seguridad.

El escenario es complejo y tiene también intereses económicos fuertes, como por ejemplo el control de la frontera entre Brasil y Paraguay para el contrabando, una actividad que según la policía mantenían en sociedad tanto el Comando Vermelho con el PCC.

El Comando Vermelho nació en 1969 en el presidio de Ilha Grande, en una acción conjunta de detenidos políticos y criminales durante la dictadura militar, mientras que el PCC tiene su origen en los años noventa en San Pablo bajo el mote "sindicato de los presos", nacido al calor de la masacre de la cárcel de Carandirú, con 111 reclusos asesinados por la policía.

El PCC, además, domina varias comunidades y barrios pobres de la periferia de San Pablo y en los últimos años desarrolló sistemas de acción social, como garantizar seguridad en las favelas y entregar a las madres embarazas y con bebés canastas básicas de alimentos.


NOTICIAS RELACIONADAS