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SOCIEDAD

Historias mínimas / El “Chape” nunca morirá


Por Ismael Tebes.

11/12/2016 01:59 a.m.


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Por Ismael Tebes

Quise saber quién era el temible Condá para interpretar el mensaje desde sus mismas raíces. El cacique Vitorino Condá fue el líder guerrero del pueblo Kaingang u hombres del bosque. Dio batalla a las fuerzas que intentaron conquistar estas tierras agrestes en el actual estado brasileño de Santa Catarina en el sur de Brasil. La tribu no solamente se caracterizaba por su bravura sino por mimetizarse con el follaje selvático para sorprender a sus rivales o como parte de sus milenarias técnicas de caza. Liderados por Condá, resguardaron sus tierras y libraron batallas ante quienes pretendían tomar lo que era de su pertenencia. El espíritu guerrero de aquel cacique pareció sobrevivir a las peores lanzas, a su propia muerte y hasta su mismo mito terrenal. En Brasil se honró al Chapecoense con todos los honores. Y en Colombia, su trágico destino, el corazón pudo más que cualquier billetera. Un rápido operativo para salvar vidas o acelerar procesos en el peor de los escenarios. En “esos” momentos en donde las palabras siempre están de más. Y ninguna solidaridad alcanza.

El “Chape” perdió a casi todos sus jugadores, cuerpo técnico y dirigentes pero paradójicamente parece más vivo que nunca. Cambiará el dolor, seguro lo procesará hasta convertirlo en esperanza. Aunque no olvidará a sus héroes, campeones mártires, los que ganaron una final en el cielo. Y dieron al futbol egoísta, devorador de resultados; absurda vida o muerte, la mejor de las lecciones.

El deporte –la vida misma- es capaz de muchas cosas. A veces hasta de darle un cachetazo a los que solamente visualizan no más allá de sus narices. Los devotos de la fantasía, crédulos de lo menos importante y que miran sin ver, como ciegos privilegiados bien pueden rendirse ante el respeto.

Las camisetas verdes movieron el mundo, generando una ola de hinchas universal. Y el logo del club con el crespón negro asomó en todas las canchas como un gesto sincero, nada actuado, cero compromiso. No existen en estos casos los hinchas “comprados” o las banderas oportunistas. Equipos de todo el mundo homenajearon a las víctimas de una u otra forma, sintiendo como propio un dolor que conmovió a todos. Hasta Nacional de Medellín, su rival de turno, entendió que había que despojarse por completo de lo material. A la larga, una copa más. Y que hay valores que trascienden inclusive más allá del deporte.

Las fatalidades traen consigo la enseñanza. La muerte es un viaje irreversible pero a la vez, una vidriera en la que suele exponerse lo auténtico, lo mejor de cada uno. El Chapecoense en este aspecto terminó dándoles a todos una cátedra de solidaridad.

Nada es más importante que honrar la vida inclusive desde una despedida inesperada. Cientos de historias confluirán, se escribirán otras miles tratando de conocer los porqué. Desde la caja negra hasta la copa que nadie alzó. Y el vestuario que hoy es un altar de la memoria, volverá a ser el ámbito para hablar de tácticas, de motivación, una “cocina” de intimidad para los futbolistas que vendrán.

Cabe reflexionar entonces después de las lágrimas y de la tristeza “sin porqués”. De nada sirve el ganar a cualquier precio; la “ventaja” y la picardía tan usuales, aceptadas como los códigos mismos de la pelota. Tampoco debieran existir las rivalidades a ultranza; la absurda mediatización de temas intrascendentes; el apuro para consumir calendarios ni la lucha por el supuesto poder dirigencial/político. Parafraseando al Diez, la bocha no debiera mancharse.

Algo hay del temible Condá. Su espíritu defensor, su alma combativa y la protección de su pueblo siguen como la pesada carga de su lanza. Fiel al monumento en el ingreso a la Arena que lleva su nombre, la casa misma del Chapecoense. Desde ahí, ese lugar ya no solamente simbólico transmitir un mensaje: nada ni nadie podrá apagar la llama. El “Chape” resistirá a la tragedia y seguramente se convertirá en inolvidable.


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