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SOCIEDAD

Historias del crimen/ Lionel Hutz y Troy Maclure en una misma voz


Por Daniel Schulman, especial para Jornada.
12/03/2017 02:00

Por Daniel Schulman / Psicólogo forense

Quién no conoce la serie animada Los Simpsons? Estos personajes, a pesar de ser ficción, deben ser de los más influyentes en todo el mundo y la serie debe ser de las producciones artísticas más citadas. De los innúmeros personajes que se han ido sucediendo desde hace ya un poco más de 25 años, hay dos particularmente que me interesan hoy, y son los que le prestan el nombre al presente.

Así, vemos que ambos personajes son una suerte de outsiders dentro de la estructura narrativa. Uno es un pseudo – abogado bastante trucho que siempre anda metido en algún quilombo, y el otro es un actorcete venido a menos que para solucionar sus finanzas se mete a hacer algún que otro comercial o documental de bajo presupuesto.

Ambos representan la decadencia en algunas artes u oficios, pero sus apariciones siempre son graciosas. Igualmente, nunca interactuaron en ningún capítulo, y es mucho más significativo que desde hace mucho tiempo que no aparecen nuevas producciones de ellos.

Antes de avanzar hay que hacer una acotación especial: en Los Simpsons, si bien muchos personajes no envejecen, sí pasa que otros mueren. Y la muerte de los personajes se puede dar por dos razones. O muere el personaje en la ficción, o bien muere el actor de doblaje que le da la voz al personaje.

En este caso, el abogado trucho y el actor venido a menos eran encarnados por Phil Hartman, actor y comediante canadiense que entre otros laburos significativos de su exitosa carrera fue darles la voz a estos dos outsiders simpsonescos.

Y este actor, claro está, está muerto. Ni por accidente ni por voluntad propia. Aunque voluntad propia de quién, podría preguntarse, y esa pregunta es por demás válida.

La vida de Phil Hartman estuvo marcada por la facilidad para hacer reír y la disponibilidad siempre profesional para laburar en comedia.

Comenzó sus primeros pasos en el mundo del espectáculo haciendo monólogos en bares e imitaciones de las voces de personajes famosos. Entre esos personajes famosos, se cuenta el expresidente yanqui Bill Clinton, quien cada vez que apareció en la serie animada era Hartman quien lo hacía hablar.

Lo que nunca tuvo equilibrio en su vida fueron sus relaciones de pareja. En eso siempre trastabilló y era un equivocador serial, pero a pesar de esta condición se permitía volver a enamorarse y reincidir en el matrimonio.

Así, fueron tres sus matrimonios, siendo que entre el primero y el segundo no logró sumar diez años. Tampoco tuvo hijos en esas uniones de pareja.

Su tercer matrimonio llegó en una época especial de su vida: ya se encontraba instalado en Estados Unidos y su carrera se encontraba consolidada. Pero esa unión fue un poco forzada: se casaron a los pocos meses de conocerse porque ella había quedado embarazada en la tercera o cuarta cita. Se conocían poco. La realidad era esa. Pero igualmente se decían y sentían profundamente enamorados y se tiraron a la pileta los dos juntos, tomados de la mano, a ver qué resultaba de todo eso.

La pareja se consolidó con el devenir de los años y al primer hijo lo sucedió un segundo. Hasta ahí, todo iba bien.

Pero a los buenos aires conyugales los sucedieron malos aires conyugales, y los problemas de pareja no tardaron en llegar, mientras aún los niños eran chicos.

Entonces, los últimos meses del matrimonio fueron jodidos. Un vecino contó luego que oía a diario discutir a la pareja y en algunas ocasiones también los vio fuera de la casa, en una clara situación conflictiva, arrojando al piso con violencia las bolsas de las compras que habían realizado hacía unos pocos minutos. La conflictividad iba en aumento pero Phil siempre se las ingeniaba para descomprimir con algún chiste, y el conflicto cedía. “Ya te vas a quedar mudo y te vas a cagar muriendo”, le dijo un amigo a Hartman alguna vez que éste hacía catarsis relatando lo mal que venía su relación marital.

Y así fue que la mudez lo encontró un día, aunque no despierto, claro. Phil esa noche estaba en su casa, plácidamente durmiendo en su cama. Sus hijos se encontraban en sus habitaciones y su mujer recién llegaba de una cena con amigos, bastante en pedo, y con una pistola en la cartera.

Nunca se supo si hubo alguna palabra previa, si hubo algún intercambio comunicativo, si hubo al menos alguna mirada de odio, compasión, amor, o lo que fuera que se pudiera expresar. Nunca se supo qué pasó antes, pero sí lo que pasó después.

Los dos niños se despertaron sobresaltados. El vecino que en ese momento estaba mirando televisión vio cómo su atención hacia la tele se veía interrumpida por tres estruendos. “No. Eso no son relámpagos”, contaría más tarde que pensó al oírlos.

Lo cierto es que la mujer de Phil, luego de meterle tres balas en la cabeza a su marido decidió meterse una ella también.

Los hijos quedaron al cuidado de un familiar de su padre.

Y los personajes que interpretaba en la afamada serie no volvieron a tener apariciones.

Cuentan los que han ido y vuelto, que Hartman cuando llegó a las puertas del Cielo le dijo a San Pedro: “Hola, soy Phil Hartman, tal vez me recuerden de…”.


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tag Columna Historias del crimen
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