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Historias Mínimas / Alcazaba, Caramuru y la Madre de Dios


Por Darío Roberts.

09/04/2017 02:00 a.m.


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Por Dario Roberts

Cuando  en septiembre de 1534 Simón de Alcazaba y Sotomayor partió al mando de la nao “Madre de Dios” del puerto español de Sanlúcar de Barrameda, el navegante portugués desconocía el destino trágico de aquel viaje para él, y también para su embarcación, ya que ninguno de los dos volvería a la Península Ibérica.
Algunos meses antes el rey Carlos V le había otorgado a Alcazaba y a otros tres navegantes – Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Pedro de Mendoza- las gobernaciones que la corona española había proyectado sobre el nuevo continente.
La travesía de Alcazaba llegó hasta el estrecho de Magallanes, pero el mal clima lo obligó a bordear la costa patagónica hacia el norte, hasta que a fines de febrero de 1535 llegaron a lo que hoy conocemos como Bahía Gil y Caleta Horno, al sur de Camarones.
A principios de marzo fundaron oficialmente la Provincia de Nueva León e iniciaron una expedición al interior del territorio, una iniciativa que sería el principio del fin de aquella empresa. Afectado en su salud, Alcazaba decidió regresar a las naves antes de concretar su objetivo, cuando ya se terminaba marzo.
Abril sería un mes trágico para muchos de los integrantes de aquella avanzada realista, la primera en fundar un enclave español en lo que hoy es el territorio argentino. Cuando las tropas emprendieron el regreso a la costa, los capitanes Juan Arias y Gaspar Sotelo se sublevaron y apresaron a sus pares Rodrigo de Isla y Juan de Mori.
Al llegar a las naves y al amparo de la oscuridad dieron muerte a Alcazaba que descansaba en la “Madre de Dios” y lo arrojaron al mar. No fue el único muerto de aquella revuelta, pero los cabecillas tenían sus diferencias y aquella circunstancia fue aprovechada por Isla y Mori para recuperar el mando, apresarlos y ajusticiarlos.
Tras los sangrientos episodios la expedición tenía los días contados y fue a mediados de junio de 1535 que las naves emprendieron el retorno a España, sin embargo no todos subieron al barco. En la previa de la zarpada un motín alteraría los ánimos en la “Madre de Dios” y el maestre junto a los sublevados sentencian al capitán Rodrigo Martínez, a Nuño Álvarez y a Alejo García a quedar desterrados por diez años “donde si Dios no lo remedia, será por toda su vida”.
Las naves emprendieron el regreso. La “San Pedro” llegó a Santo Domingo, pero antes Juan de Mori debió con fuerte determinación sofocar un motín a bordo y encarcelar a 14 hombres que querían tomar el barco para venderlo a los portugueses.
La “Madre de Dios”, guiada por los rebeldes,  estaba destinada a naufragar en las costas de Brasil. La nao zozobró en la Bahía de Todos los Santos, y si bien no hubo muchas bajas en el accidente, gran parte de la tripulación sería asesinada por los indios tupinambas.
Unos veinte marineros serían rescatados por la otra nave, para llegar a Santo Domingo, donde apenas se contaban 75 de los 250 tripulantes que habían iniciado el viaje un año antes.
El naufragio de la nave española no pasaría inadvertido en los relatos de las poblaciones costeras de Brasil, con datos donde la realidad da paso a la leyenda. Así es como llega hasta nuestros días la versión de que un legendario personaje, conocido como “Caramuru”, habría sido determinante para que unos pocos exploradores sobrevivieran al ataque de los nativos.
“Caramuru” era en realidad Diogo Álvares Correia, un náufrago portugués que pasó su vida entre los indios nativos de Brasil, en la zona que hoy llamamos Salvador de Bahía. No sólo había evitado morir en una tribu que practicaba el canibalismo, sino que también se ganó la confianza de Taparica, el jefe de los tupinambas, quien le dio como esposa a una de sus hijas, Paraguaçu.
Según la leyenda, los nativos mataron a casi todos los tripulantes de la “Madre de Dios” que había naufragado en la isla de Biopeba, pero algunos lograron escapar a una isla vecina denominada Tinharé, donde fueron apresados por otros nativos para cumplir con sus ritos caníbales. Allí fueron encontrados por Caramuru, quien habría convencido a los locales de liberarlos.
El relato de aquel episodio asegura que Caramuru llegó a ellos guiado por un sueño de su esposa Paraguaçú. La mujer había tenido la visión de un grupo de hombres arruinados o muertos en la costa, y entre ellos una mujer soltera con un niño en su regazo.
Al llegar a la costa Caramuru sólo encontró a un puñado de sobrevivientes a punto de ser devorados por los nativos pero no había mujeres. Sin embargo entre los restos del barco hundido apareció una imagen de la Virgen María con Jesús en brazos.
La “Madre de Dios” que había sobrevivido a aquella trágica expedición era la mujer que Paraguaçú había visto en sueños y que guió a Caramuru a librar aquellos pocos marineros de ese viaje infernal.#


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