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Mauri y una historia que se multiplicó en Facebook para encontrar a su familia


Historias Mínimas, Por Darío Roberts.

28/05/2017 02:00 a.m.


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Mauricio René Belay tenía 35 años, unas pocas pertenencias y una frase de cabecera para quien quisiera oírlo: “Soy de Rosario, y de River” decía, parado en el último semáforo de la avenida Yrigoyen, ese que da paso a la salida de ruta 25 rumbo a Rawson, o permite el acceso a la calle que desemboca en la capilla Moriah.

En ese lugar “Mauri” se ganaba la diaria. Con un limpiador de vidrios, una sonrisa y gestos amables el protagonista de esta historia conseguía su sustento. Alejado del estereotipo de trapito patotero y bravucón que se nos ha impuesto, él saludaba, preguntaba y agradecía.

Así lo conoció Pablo Muñoz, un joven de Trelew que lo vio por primera vez buscando a sus perros que se habían escapado de la casa y encontró al muchacho sentado y alimentando a sus mascotas a pocos metros de su vivienda.

Algo de ropa y un sándwich de milanesa fueron suficientes para dejar de lado los formalismos y charlar un poco; para saber que ese joven rosarino había llegado a Trelew porque acá vivía su hija y la extrañaba, que era hincha del millonario, pero que “el fútbol no le daba de comer” y por eso aceptaba gustoso las prendas xeneizes que Pablo tenía para ofrecerle.

Volvieron a verse un día que Pablo y su familia iban a Playa Unión. Al parar en el semáforo alguien se acercó a limpiar el parabrisas del auto, Pablo estiró la mano para darle un billete y del otro lado le respondieron “no, dejá, ya me ayudaste mucho”. Mauri lo había reconocido y era su manera de agradecer aquel primer gesto de la ropa.

En poco más de dos años se vieron muchas veces, la mayoría cuando Pablo, corriendo o en su auto, pasaba por el semáforo donde Mauri limpiaba vidrios y siempre había un minuto para un saludo, para una breve charla.

Hace pocos días Pablo publicó en Facebook que ese muchacho que limpiaba vidrios en el semáforo ubicado frente al exboliche La Recova, del cual poco sabía, había muerto en el hospital de Trelew.

Muñoz se había enterado de su internación a través de terceros y una selfie del último verano había servido para corroborar que era él, pero aun así su identidad era una incógnita. Ni la charla con sus compañeros de parada en el semáforo de Yrigoyen, ni la búsqueda entre sus pertenencias en una obra abandonada, sirvieron para obtener respuestas en un primer momento, entonces recurrió a las redes y colgó la única imagen que tenía del joven que estaba internado.

El posteo se multiplicó por decenas y también por cientos. Algunos lo habían conocido de cuando había llegado a la zona y trabajó en la construcción, otros de haberlo cruzado en el semáforo donde limpiaba vidrios, y muchos, que ni siquiera lo habían visto, decidieron multiplicar su foto para tratar de dar con personas que conocieran a “Mauri” en otros lugares del país, especialmente en Rosario.

La publicación de Pablo se multiplicaba en las redes, desde Comodoro hasta Salta, compartiendo esa foto que pudiera servir de puente para saber quién era ese muchacho que pasaba sus días limpiando vidrios y sus noches a oscuras, sin luz, sin calefacción y durmiendo sobre un pedazo de goma espuma en una obra abandonada.

La historia empezó a reconstruirse cuando la propietaria de un comercio de la zona sur, a la que el joven le había dejado en guarda un teléfono y su documento, se percató de su ausencia por varios días. Fue hasta el semáforo que servía de parada para el limpiavidrios y ahí le contaron que estaba internado, entonces decidió ir al hospital para entregar esos elementos que le habían dejado en confianza, una decisión que permitió conocer los primeros datos concretos sobre la identidad de ese muchacho.

Se llamaba Mauricio René Belay, había nacido el 16 de junio de 1981 y tiene tres hermanos, de los cuales una es mujer y los dos restantes son varones, además de un padre que vive en Rosario. Su historia, como tantos otros, navegaba en el gris de las adicciones, entre los intentos de su familia por recuperarlo y su deseo de vivir una vida libre, y sobre todo, cerca de lo que más amaba, su pequeña hija que vivía en el sur, en Trelew.

En sus últimas horas, cuando ya no había esperanzas, su familia llegó a Trelew tras ser ubicada en Rosario y lo acompañaron hasta el momento de su muerte. “Mauri” volvió a su ciudad, donde su familia, sus amigos y también su pequeña hija, lo fueron a despedir.

La imagen de “Mauri” sigue circulando en Facebook y el posteo de Pablo ya se multiplicó más de mil veces. Allí brotan los recuerdos, las anécdotas y también las reflexiones sobre su historia, sus gestos y su final que aportan quienes lo conocían, en Rosario y también en Trelew.#

¿Qué pasó con Mauri?

Más allá de la historia de su vida, de sus modales amables y de sus padecimientos, un dato queda reflejado en las redes. “Mauri” fue internado después de aparecer tirado en una plazoleta ubicada a pocos metros de Pellegrini y Cambrin, donde habría pasado varias horas inconsciente, pese al aviso de vecinos que transitaban en el lugar.

Las versiones sobre las causas del hecho son múltiples en las redes sociales, pero todas apuntan a una agresión que se habría producido en ese lugar horas antes de ser llevado al hospital y también sobre la excesiva demora en su traslado.

tag Historias Mínimas Mauricio Belay Pablo Muñoz Trelew
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