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DEPORTES

Hacia España (el Madrid o el Barcelona), sin escalas (ni euros)


La Columna de Elio Rossi.
14/08/2018 02:00

¿“Va a ver el debut de Boca mañana”?, le pregunto al vecino que está repasando con un trapito la carrocería de su auto para dejarlo perfecto. Languidece el sábado en el frío agosto porteño.
“No”, me responde el hombre, concentrado en su tarea. “Me interesa el del miércoles”.
Se refiere Cecilio (un sesentón muy hincha de Boca), al amistoso que jugará el club de la Rivera con el Barcelona mañana.
Faltan unas pocas horas para que se produzca el triunfo de Boca ante la T cordobesa y para que Lio Messi vuelva a ser fotografiado con una Copa más para su equipo batiendo récords a más no poder. Aún no ha vencido al Sevilla.
Boca transita aburrido el camino del campeonato local. Factura sin despeinarse y hasta cuenta con la -esperemos- involuntaria negligencia del joven Tello al no sancionar un penal y expulsar a Pablo Pérez.
Boca tiene en el banco de suplentes a “Bebelo” Reynoso, el pibe que después de dos temporadas se convirtió en el jugador más valioso de Talleres.
Ni siquiera lo usará. Cambiará todo el frente de ataque el Mellizo Guillermo sin echar mano a este futbolista: Ábila reemplazará a Carlitos Tevez, Cardona al recién llegado Zárate y Villa (otra compra), al pibe Pavón (que vuelve a sentir en la Bombonera la normalidad y la confianza que no pudo exponer en Rusia).
Es decir: están frente a frente en aparente igualdad de posibilidades un equipo que ha gastado más de 70 millones para buscar la Copa Libertadores de América en los últimos 3 años y otro que aspira a participar de esa Copa como si se tratara de un campeonato.
Boca puede ganar el Tri, la T aspira a estar entre los primeros puestos para jugar la Libertadores.
El 1 a 0 final no será un reflejo del verdadero potencial de ambos equipos.
Aún cuando, como dice el Flaco Menotti (amigo personal de Guillermo con el que cena seguido y a quien propone como DT del seleccionado argentino), “la billetera no sirva para formar equipos, solo para traer refuerzos”.
Guillermo “encontrará” el equipo con el correr de los partidos.
Da la sensación de que mejor bolilla no pudo haberle tocado en 8vos de final en la Copa al tiempo que un buen fixture en la Superliga parece asegurar a los grandes un tránsito sin peligros exagerados.
Es la materialización de la diferencia económica entre una súper elite (Boca y River, más atrás), y todo el pelotón restante que, a lo sumo, puede aferrarse a disciplinas tácticas que les permitan arañar empates deslucidos (como el del Globo frente a River).
También es cierto que “lo que se ve” ayuda poco para digerir el juego propiamente dicho. Y por si algo hiciera falta, allí aparece Marcelo Gallardo para ratificar que “se ha jugado feo, pero feo de verdad” y encima, sin ganar.
Hablo de la escenografía, de la cancha. Parece que pasó un siglo entre aquel partido del seleccionado argentino antes del Mundial de Rusia en el Palacio Ducó.
No fue un siglo, pero ya pasaron más de dos meses y el terreno de Parque Patricios está casi igual que en aquel momento.
La necesidad de recaudar aunque sea pesos con la organización de recitales destruye los campos.
Los hace bolsa.
No parece preocupar para nada a los organizadores. Si los angustia, no se nota.
Tampoco parecen tomar nota los dirigentes del fútbol argentino de la bomba de tiempo que vive estallando cada año, el hecho de endeudarse en dólares produciendo pesos.
Es verdad que los torneos internacionales cotizan en verdes. Pero en la dichosa globalización hay lugar para dos-tres equipos con toda la furia. Todos los demás (todos) están excluidos del sistema.
¿A entonces quién le cierran los números?
Eventualmente, a Boca. Probablemente, a River. Quizá, al Rojo de Avellaneda (tras quedarse con la Suruga Bank, 700.000 dólares de premio).
¿Al resto?. De ninguna manera.
Esa eventualidad está atada a ganar sí o sí. Ganar la Libertadores, ganar el Mundial de Clubes y seguir ganándolos cada año, lo cual, solo tiene un ejemplo en los tiempos que corren: el Madrid y la Champions. El resto mira con la ñata contra el vidrio. Y en el caso de nuestros equipos, a 11.000 km de distancia como mínimo.
Pero manda Boca. O Macri, su presidente de hecho que tiene un eficaz administrador en Daniel Angelici. Y ya sabemos que cuando ellos hablan de “todos los argentinos” se refieren muy concretamente a su grupo social de pertenencia.
Un 70% de la población, quedamos afuera. Solo testigos arrasados por la post-verdad. ¿Ganará Boca Juniors el trofeo de la Joan Gamper? Si no hay pan, pues, más circo que nunca.#


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