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Espectáculos
26/06/2012 4:10 PM
Se estrena en Argentina la última de Woody Allen
El jueves llegará a las pantallas argentinas "A Roma con amor", lo nuevo de Woody Allen, el séptimo filme europeo de los ocho que estrenó desde 2005, con él mismo en el elenco.


En la coproducción -Estados Unidos, Italia y España-, participan también los italianos Roberto Benigni, Alessandro Tibori y Alessandra Mastronardi, los estadounidenses Alec Baldwin, Greta Gerwig y Judy Davis, así como la española Penélope Cruz.

"A Roma con amor", que con anterioridad el cineasta anunció como "Bop Decameron" y "Nero Fiddled", cuenta cuatro historias breves, dos protagonizadas por italianos y dos por estadounidenses, con principal atención a las del mismo Allen y Baldwin.

Si bien Allen concedió que esos cuentos tienen alguna inspiración en los de "El Decameron", de Giovanni Bocaccio, hay que tener cierta rapidez mental para asociar libremente lo que ocurre en el filme con su referente literario.

Uno de los relatos con estadounidenses tiene a Alec Baldwin como a un veterano arquitecto que recuerda su juventud en aquella ciudad, el otro a Allen como Jerry, un ex productor musical que llega a la ciudad con su esposa para conocer al novio de su hija, un cantante de ópera (interpretado por el tenor Franco Armiliato).

En uno de los relatos italianos, Roberto Benigni, el actor aplaudido por filmes dirigidos por Federico Fellini o Jim Jarmusch, es Leopoldo, un hombre común que la prensa convierte en alguien famoso, papel que le facilita un par de buenas humoradas.

El otro toma a un joven matrimonio que llega a Roma para darse una oportunidad, y él termina con una prostituta y ella con un astro local, interpretados por Alessandro Tiberi y Alessandra Mastronardi, Penélope Cruz y Antonio Abanese, respectivamente.

A los 76 años y por suerte antes de la crisis europea, Allen encontró en el turismo cinematográfico la excusa perfecta para atraer productores del exterior y, tal como lo confesó en varios reportajes, no descarta hacerlo alguna vez en Buenos Aires.

En los últimos años, Allen se convirtió en sinónimo de trabajo sin pausa pero -sobre todo- de turismo en países muy distantes y diferentes, de alto nivel cultural, de los que el autor toma fauna y flora, personajes a los que da su impronta.

Con esta política itinerante, Allen recorrió Londres en "Match Point", "Scoop", "El sueño de Cassandra" y "Conocerás al hombre de tus sueños", Barcelona y Oviedo en "Vicky, Cristina, Barcelona", y por fin llegó al Sena con "Medianoche en París".

Desde entonces, Allen sólo regresó a su amada Nueva York una sola vez, en 2009 para hacer "Que la cosa funcione", con Larry David, el astro de las propuestas televisivas "Seinfeld" y "Curb Your Enthusiasm". Pero anunció que en 2013 rodará en esa ciudad y San Francisco, un nuevo filme.

Sus tópicos son comunes como esta vez infidelidad y la ópera, lejos de aquella etapa en la que intentó dar una vuelta de tuerca sobre los temas existenciales que habían identificado al cineasta sueco Ingmar Bergman, pero que terminó acotando cada vez más.

Lo que Allen descubrió es que hablar de personajes parecidos en una misma escenografía neoyorquina podía cansar incluso a sus incondicionales, y si a eso se suma que para él viajar era una deuda pendiente, el capítulo se entiende con más claridad.

Para Allen, jubilarse es la muerte, tal como lo dice un personaje en esta hasta ahora su última película, y es ese espíritu el que lo lleva a cumplir rutinas obsesivas para una clara demostración de que el cine sigue, para él, siendo una catarsis.

Ese reloj biológico, que le pide ver un partido de beisbol o básquetbol, escuchar un concierto o disfrutar de una buena vieja película, incluso el de filmar cada año (siempre niega estar sometido a esa rutina) le sigue funcionando con precisión.

Todo hace creer que cuando explica que es una persona normal como cualquier otra es verdad, y que el obsesivo que él mismo interpreta delante de la cámara es, a esta altura, solamente un personaje que la gente está convencida es el genuino Woody Allen.

Hacer cine en Europa es más rentable que hacerlo en los Estados Unidos, trata de explicar, porque la industria solo produce tanques con efectos especiales o comedias bastante groseras dirigidas a un público de mentalidad adolescente, algo hueca.

En la coyuntura entre el viejo y el nuevo cine, de la vieja y la nueva (futura) comercialización y de las temáticas que fluyen entre la industria y el arte, con más o menos destino elitista, Allen se convierte en uno de los últimos de la vieja escuela.

Nada demasiado nuevo ha declarado en los últimos tiempos al periodismo, dando a entender que está cansado de tanta superficialidad, lugar común, ignorancia, y hasta sensacionalismo en medios que solo buscan sacar partido de su presencia.

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