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domingo, 21 de julio de 2019

DEPORTES

La columna de Elio Rossi / Aniquilando a Boca Juniors


Hay muchos modos de “pasar por encima al rival”. Muchos se sienten extasiados cuando uno de los equipos es tan superior a su rival que, literalmente, no le deja tocar la pelota.
25/09/2018 02:00

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Por Elio Rossi

El Barcelona de Guardiola cuando Lio Messi comienza a cambiar la historia del fútbol español y europeo, es un ejemplo de este modo.Reina la posesión de la pelota.Tengo los ejecutores adecuados y llevo practicándolo en mi propia escuela durante un par de décadas. Veinte años de entrenamiento del método, sumado a la posibilidad de contar con un seleccionado mundial de futbolistas te permiten ser el Barcelona.

Otro modo es el “estilo Bianchi” que se nos hizo patente hace muy poco tiempo cuando en Moscú La France terminó con el sueño croata como juega el gato maula con el mísero ratón. Con absoluto desprecio por la posesión de la pelota. En un término medio se ubica este River de Gallardo.

Sin entregar de modo rotundo la posesión a su rival (pongamos 60/40), todas las veces que lo eliminó en mano a mano o le ganó un clásico, tuvo menos tiempo la pelota que Boca.

Es capaz el “modelo Muñeco” de suprimir las apetencias individuales de un goleador que vino para jugar de 9 y por el que se pagaron entre 10 y 14 millones de dólares (si alguna vez pierde el poder político la actual conducción, podremos saberlo, no antes), como Pratto, a los efectos de servir al “colectivo”, al equipo.

Pratto me hizo acordar al fenomenal partido en el Olímpico de Berlín cuando Carlitos Tevez desgastó a los centrales alemanes hasta que se arrastraban por la cancha.

El domingo pasado, Gallardo puso a Scocco y liquidó el asunto al tiempo que Pékerman, el héroe de Colombia, jamás sumó a Messi. En fin…Y aquellos que me digan: “Elio, no era el Messi que conocimos después” me gustaría recordarles que antes del Mundial, el 10 se puso el equipo al hombro de visitante contra el Chelsea y llevó al Barcelona a la final que ganaría en Mayo del 2006 en París contra el Arsenal.

Claro que todavía “no era”, pero estaba en condiciones de dejar en el camino a Metzelder y Mertesacker, joder!

Basta de pasado. Pero el ejemplo sirve.

Pratto se funde hasta fundir a la defensa de Boca. Juega para el equipo. Nacho Scocco entra y, fresquito aunque rodeado, llega primero a esa pelota que todavía hace delirar a los hinchas de River.

Que el Pity Martínez transforme el clásico en un pic-nic contra Jara es una decisión pensada por Gallardo.

Tu partido es convertir en inolvidable ese partido para Leonardo Jara. En modo pesadilla.

Como lo fue también en la Bombonera, aquel triunfo en el que Ortega bailó toda la tarde a Mc Allister.

Lo mismo que Wilmar Barrios esté obligado siempre a recibir de espaldas y –por tanto- incómodo.

Decisión de Gallardo, ejecución perfecta de los medios del equipo a los que no se puede considerar tipos de “mal pié”. Todo lo contrario. Transpiran, sin que los anillos se caigan.

Que Almendra y los laterales de Boca nunca estén disponibles para la salida por abajo cuando Rossi tiene la pelota o, al revés, que sea siempre Nández el apuntado en soledad para convertirse en el organizador es cualquier cosa menos casualidad.

Es decisión de River.

Miren, allí está el uruguayo Nández, dénle la pelota a él por favor.

Muchos hinchas de Boca que también son comunicadores no saben cómo diablos explicar que se comieron un baile de novela. Acuden entonces a “la dinámica de lo impesado”.¡Ni pegó River!Y aquello de “borombombón, borombombón…te quedo grande, la selección”, no “funcó” con Franco Armani.

Carlitos hace mucho que se fue. Quienes siguen esta columnata deben recordar que entendemos que Tevez suma el cuerpo por otras razones (ayudar a Angelici, responderle al presidente a aquel gesto de traerlo desde la Juventus), pero su cabeza está fuera del fútbol hace tiempo.

Pero su presencia, inexorable, obliga al entrenador ¿Cómo ser más claro? Guillermo no toma la decisión de poner a Carlitos libremente. Si fuera por él, Carlos no se concentra.

Entre el pensamiento de no concentrarlo y la “desición final” de su titularidad, hay un abismo. Acaso en ese abismo se encuentre la expliqueta de la derrota boquense solo mirado con corazón boquense. Desde afuera, nítidas, palpables, sencillísimas, surgen las diferencias entre el casi siempre ganador Muñeco y el casi siempre perdedor Guillermo a quien ni las individualidades consiguen salvar. Recuerde Melli que no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista. Ojalá Dios quiera.


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