Por Martín Tacón / Redacción Jornada
Todo empezó con dolores de cabeza y vómitos. También le costaba caminar. Los síntomas eran confusos porque Ignacio "Nachito" Pereyra, de 14 años y oriundo de Rawson, tiene albinismo y nistagmo, una afección en la que los ojos se mueven de forma rápida e incontrolada.
Cuando empezó con los dolores, la familia hizo revisar a Nachito por varios pediatras. Todos le decían que podía ser la mala alimentación -era época de vacaciones. También asociaban el dolor de cabeza con su problema en la vista. Natacha Ignao, mamá de Nachito, dice que los síntomas se mezclaban con sus afecciones de nacimiento.
“Creíamos que era eso, pero el doctor le hizo hacer ejercicios, Nachito se descompuso, le hicieron una tomografía y después nos llamaron de urgencia: nos dijeron que tenía hidrocefalia y un tumor en el cerebro”, contó la madre.

Ambas operaciones fueron un éxito. Nachito pasó dos semanas internado en Madryn, recibió el alta y fue derivado a Comodoro para continuar con el tratamiento. El panorama era alentador, sin embargo la oncóloga le informó que el tumor era demasiado grande y el tratamiento no podía llevarse adelante en la ciudad. Debía ser derivado de urgencia a Buenos Aires para realizarse una radioterapia pediátrica.

Después de 4 horas de cirugía, lograron extraer un 95% del tumor. “Evolucionó bien y nos quedamos haciendo radioterapia durante 3 meses”, describió. El 1ro de marzo, Nachito volvió a su casa en Rawson. Lo que quedaba por delante era otro desafío: el tratamiento de quimioterapia en Comodoro.

Enseñanza de vida
Nachito venció el cáncer. Su familia aprendió el verdadero valor de la vida durante el proceso.
“El tumor que tenía Nacho es un meduloblastoma, se da en los adolescentes varones entre los 13 y 14 años, cuando los nenes se desarrollan y hacen el cambio hormonal”, contó su madre. “Nosotros no nos dábamos cuenta de los síntomas porque él es albino, el nistagmo es normal, y también caminar mal por los problemas de baja visión. Nunca imaginamos que nuestro hijo tenía un tumor”.

La comunidad brindó su granito de arena. “La gente de Rawson fue increíble. Hicimos venta de sorrentinos, prepizas, y la gente se portó excelente. Recibimos donaciones de Vialidad Provincial, ellos juntaron plata y nos dieron. El papá de Nacho trabaja en la U6 y sus compañeros también hicieron una colecta”.

“Hay que valorar la vida”, reflexionó Natacha. “A veces los seres humanos somos inconformistas, queremos lo material y pensamos en cambiar el auto, agrandar la casa. Cuando te pasan cosas así, como con Nacho, te das cuenta que si no tenés salud, la plata, la casa y el auto no valen nada. Es un milagro de Dios tener hijos sanos. El cáncer da lecciones de vida. Con el papá de Nacho estamos separados, y sin embargo con su familia y la mía hicimos un gran equipo; viajábamos juntos, cocinábamos, nos acompañábamos. Fue muy importante, por eso hay que celebrar la vida todos los días”.



Por Martín Tacón / Redacción Jornada
Todo empezó con dolores de cabeza y vómitos. También le costaba caminar. Los síntomas eran confusos porque Ignacio "Nachito" Pereyra, de 14 años y oriundo de Rawson, tiene albinismo y nistagmo, una afección en la que los ojos se mueven de forma rápida e incontrolada.
Cuando empezó con los dolores, la familia hizo revisar a Nachito por varios pediatras. Todos le decían que podía ser la mala alimentación -era época de vacaciones. También asociaban el dolor de cabeza con su problema en la vista. Natacha Ignao, mamá de Nachito, dice que los síntomas se mezclaban con sus afecciones de nacimiento.
“Creíamos que era eso, pero el doctor le hizo hacer ejercicios, Nachito se descompuso, le hicieron una tomografía y después nos llamaron de urgencia: nos dijeron que tenía hidrocefalia y un tumor en el cerebro”, contó la madre.

Ambas operaciones fueron un éxito. Nachito pasó dos semanas internado en Madryn, recibió el alta y fue derivado a Comodoro para continuar con el tratamiento. El panorama era alentador, sin embargo la oncóloga le informó que el tumor era demasiado grande y el tratamiento no podía llevarse adelante en la ciudad. Debía ser derivado de urgencia a Buenos Aires para realizarse una radioterapia pediátrica.

Después de 4 horas de cirugía, lograron extraer un 95% del tumor. “Evolucionó bien y nos quedamos haciendo radioterapia durante 3 meses”, describió. El 1ro de marzo, Nachito volvió a su casa en Rawson. Lo que quedaba por delante era otro desafío: el tratamiento de quimioterapia en Comodoro.

Enseñanza de vida
Nachito venció el cáncer. Su familia aprendió el verdadero valor de la vida durante el proceso.
“El tumor que tenía Nacho es un meduloblastoma, se da en los adolescentes varones entre los 13 y 14 años, cuando los nenes se desarrollan y hacen el cambio hormonal”, contó su madre. “Nosotros no nos dábamos cuenta de los síntomas porque él es albino, el nistagmo es normal, y también caminar mal por los problemas de baja visión. Nunca imaginamos que nuestro hijo tenía un tumor”.

La comunidad brindó su granito de arena. “La gente de Rawson fue increíble. Hicimos venta de sorrentinos, prepizas, y la gente se portó excelente. Recibimos donaciones de Vialidad Provincial, ellos juntaron plata y nos dieron. El papá de Nacho trabaja en la U6 y sus compañeros también hicieron una colecta”.

“Hay que valorar la vida”, reflexionó Natacha. “A veces los seres humanos somos inconformistas, queremos lo material y pensamos en cambiar el auto, agrandar la casa. Cuando te pasan cosas así, como con Nacho, te das cuenta que si no tenés salud, la plata, la casa y el auto no valen nada. Es un milagro de Dios tener hijos sanos. El cáncer da lecciones de vida. Con el papá de Nacho estamos separados, y sin embargo con su familia y la mía hicimos un gran equipo; viajábamos juntos, cocinábamos, nos acompañábamos. Fue muy importante, por eso hay que celebrar la vida todos los días”.

