Por Ismael Tebes
REDACCIÓN JORNADA
itebes@grupojornada.com
En X: @IsmaTebes
Fotos: Sergio Esparza/Jornada Medios.
El pibe nunca deja de esforzarse en el objetivo. Y cuando cualquiera pudiera imaginar que en sus auriculares sobresalen los ritmos de ocasión; las letras sin contenido o la cumbia furiosa, Dylan Alexander Abel, los tres nombres de su DNI, solamente busca refugio en la música cristiana.
“Siento que Dios está conmigo. No voy a la iglesia pero me gusta ese tipo de mensaje. Siento que es todo bueno para mí; por eso lo escucho y me siento acompañado”. Con solo veintiún años, el pibe del barrio Los Pensamientos, sabe dónde quiere llegar y pretende que ese camino, tenga la menor cantidad de obstáculos posibles.

Solía ser un buen arquero en su equipo barrial donde llegó a lucirse en la Cuarta y la Primera División pero nada fue tan fuerte como el boxeo. “Yo tenía quince años y en realidad, siempre quise practicar. Un amigo me dijo que había un gimnasio cerca de nuestra casa y desde que pasé esa puerta, entendí que acá estaba lo que quería hacer. Me recibió Diego Sañanco desde entonces, con él hice toda mi carrera hasta ahí. Sigue estando en mi rincón y guiándome por la vida. Yo escucho y pongo en práctica, todo lo que me dice. Valoro mucho que pueda transmitir su experiencia. Y considero un verdadero honor que me haya regalado su pantalón y su bata para que yo las use. Me lo pidieron varias veces pero esas cosas no se regalan. Es más, cuando me retire, pienso hacer un cuadrito y conservarlo”.

De familia numerosa y mucha pasión. Los Navarro alientan al único boxeador del clan. Tiene diez hermanos; dos sobrinos y una hermana melliza (Camili) con la que dice mantener un vínculo muy fuerte. Aunque hoy el boxeo es su trabajo principal y le dedica tiempo completo, Dylan fue siempre un hombre de trabajo. Puso el lomo como ayudante de albañil y limpió patios; vendió cerezas en un puesto callejero y ahora, junto a su pareja, se esfuerza para ir por más. “Hacemos panes caseros y nos va muy bien. También hacemos para vender pizzetas a pedido”.
El boxeo hoy hace que su propio cuerpo sea la herramienta. Disfruta de correr en las chacras cercanas al barrio INTA, ahí donde los sueños se ven más de cerca y los kilómetros son solamente eso, una distancia apenas para poder llegar bien lejos. Dylan Navarro reconoce que el vínculo con la gente lo fortalece. Y lo explica con simpleza: humildad, respeto y comportamiento correcto. “Yo tengo eso muy claro. Soy un pibe humilde, quiero ser siempre una buena persona. No falto el respeto y no me creo más que nadie. Mucho menos ahora que soy boxeador profesional y estoy enfocado en mi objetivo. Quiero ser campeón del mundo y hacerme de un nombre en el boxeo. No pienso en otra cosa”.

Ladrillo a ladrillo construye. Un universo de piñas en el que logre imponerse. Silencioso, eficaz, orgulloso. “Quiero demostrar en el ring todo lo que entreno, mi esfuerzo y cada detalle que vamos sumando en cada pelea. Creo que hasta ahora enfrenté a rivales de diferentes características y en todos los casos, pude resolver. El que más trabajo me dió fue el salteño (Fabián) Astorga porque era muy alto y porque además era mi debut”.
De visita en Tiempo Deportivo (Jornada Radio), el “Distinto” mostró su lado B. Y lo hizo desde su perfil bajo, casi de subsuelo y ya sin el stress de tener que cumplir en la balanza. Se siente ganador y confía en mejorar lo hecho hasta ahora en su corta pero explosiva carrera profesional. “La gente es mi gran motivación. Sé que estamos a fin de mes y valoro que el público se acerque para acompañarnos”.

Diego Sañanco parece firmar al pie. Tiene al gimnasio como aliado y busca la experiencia necesaria para dar el gran salto. “Dylan es un boxeador completo y que tiene muchas variantes. Es zurdo, cuando ataca se hace sentir; sabe boxear aunque también es temperamental y eso lo lleva a arriesgar”, cerró Sañanco, el mentor del rincón y de la vida.
Por Ismael Tebes
REDACCIÓN JORNADA
itebes@grupojornada.com
En X: @IsmaTebes
Fotos: Sergio Esparza/Jornada Medios.
El pibe nunca deja de esforzarse en el objetivo. Y cuando cualquiera pudiera imaginar que en sus auriculares sobresalen los ritmos de ocasión; las letras sin contenido o la cumbia furiosa, Dylan Alexander Abel, los tres nombres de su DNI, solamente busca refugio en la música cristiana.
“Siento que Dios está conmigo. No voy a la iglesia pero me gusta ese tipo de mensaje. Siento que es todo bueno para mí; por eso lo escucho y me siento acompañado”. Con solo veintiún años, el pibe del barrio Los Pensamientos, sabe dónde quiere llegar y pretende que ese camino, tenga la menor cantidad de obstáculos posibles.

Solía ser un buen arquero en su equipo barrial donde llegó a lucirse en la Cuarta y la Primera División pero nada fue tan fuerte como el boxeo. “Yo tenía quince años y en realidad, siempre quise practicar. Un amigo me dijo que había un gimnasio cerca de nuestra casa y desde que pasé esa puerta, entendí que acá estaba lo que quería hacer. Me recibió Diego Sañanco desde entonces, con él hice toda mi carrera hasta ahí. Sigue estando en mi rincón y guiándome por la vida. Yo escucho y pongo en práctica, todo lo que me dice. Valoro mucho que pueda transmitir su experiencia. Y considero un verdadero honor que me haya regalado su pantalón y su bata para que yo las use. Me lo pidieron varias veces pero esas cosas no se regalan. Es más, cuando me retire, pienso hacer un cuadrito y conservarlo”.

De familia numerosa y mucha pasión. Los Navarro alientan al único boxeador del clan. Tiene diez hermanos; dos sobrinos y una hermana melliza (Camili) con la que dice mantener un vínculo muy fuerte. Aunque hoy el boxeo es su trabajo principal y le dedica tiempo completo, Dylan fue siempre un hombre de trabajo. Puso el lomo como ayudante de albañil y limpió patios; vendió cerezas en un puesto callejero y ahora, junto a su pareja, se esfuerza para ir por más. “Hacemos panes caseros y nos va muy bien. También hacemos para vender pizzetas a pedido”.
El boxeo hoy hace que su propio cuerpo sea la herramienta. Disfruta de correr en las chacras cercanas al barrio INTA, ahí donde los sueños se ven más de cerca y los kilómetros son solamente eso, una distancia apenas para poder llegar bien lejos. Dylan Navarro reconoce que el vínculo con la gente lo fortalece. Y lo explica con simpleza: humildad, respeto y comportamiento correcto. “Yo tengo eso muy claro. Soy un pibe humilde, quiero ser siempre una buena persona. No falto el respeto y no me creo más que nadie. Mucho menos ahora que soy boxeador profesional y estoy enfocado en mi objetivo. Quiero ser campeón del mundo y hacerme de un nombre en el boxeo. No pienso en otra cosa”.

Ladrillo a ladrillo construye. Un universo de piñas en el que logre imponerse. Silencioso, eficaz, orgulloso. “Quiero demostrar en el ring todo lo que entreno, mi esfuerzo y cada detalle que vamos sumando en cada pelea. Creo que hasta ahora enfrenté a rivales de diferentes características y en todos los casos, pude resolver. El que más trabajo me dió fue el salteño (Fabián) Astorga porque era muy alto y porque además era mi debut”.
De visita en Tiempo Deportivo (Jornada Radio), el “Distinto” mostró su lado B. Y lo hizo desde su perfil bajo, casi de subsuelo y ya sin el stress de tener que cumplir en la balanza. Se siente ganador y confía en mejorar lo hecho hasta ahora en su corta pero explosiva carrera profesional. “La gente es mi gran motivación. Sé que estamos a fin de mes y valoro que el público se acerque para acompañarnos”.

Diego Sañanco parece firmar al pie. Tiene al gimnasio como aliado y busca la experiencia necesaria para dar el gran salto. “Dylan es un boxeador completo y que tiene muchas variantes. Es zurdo, cuando ataca se hace sentir; sabe boxear aunque también es temperamental y eso lo lleva a arriesgar”, cerró Sañanco, el mentor del rincón y de la vida.