“Hay que aprender a mirar porque el desierto está lleno de vida”

El destacado fotógrafo de flora y fauna nativa, se vincula profundamente con la naturaleza. Presentará próximamente, gran parte de su trabajo en el libro que titulará: “Golfo San Jorge, el paraíso del desierto”.

09 NOV 2025 - 20:06 | Actualizado 10 NOV 2025 - 8:56

Por Ismael Tebes / REDACCIÓN JORNADA

Daniel Vaquero reconoce haber sentido una atracción inexplicable por los animales. Y asume haber dado a tiempo el volantazo: “Conocí la naturaleza usando una gomera y un rifle, lamentablemente, pero con los años eso se transformó en una pasión mucho más noble”.

Cada rincón de Rada Tilly guarda para él, un tesoro invalorable: retratar con su cámara la vida silvestre y entender desde ahí, un mensaje que jamás se termina de decodificar. Las aves lo visitan, le demandan agua y alimentos; posee un curioso “hotel de abejas” en las paredes de madera de su casa y se siente profundamente mimetizado con el paisaje, al punto de que una lagartija pasó por encima de su mano tras una captura fotográfica como si él, ni su equipo existieran.

Cacholote pardo en tripode


Abeja cortadora de hojas entrando a su nido.

Su hobby lo lleva a recorrer el campo durante horas, observando con paciencia los movimientos del viento, la floración de las plantas y el vuelo de los pájaros que se posan sobre los arbustos. Y plantea que perder una foto en el momento exacto equivale a “esperar” hasta el año próximo.

Vaquero, ex camarógrafo, tiene 57 años, trabaja en el área de Deportes del gimnasio municipal de Rada Tilly y a la vez se desempeña como guía de turismo. A lo largo de los años registró cientos de especies de aves, insectos y flores autóctonas y se halla en los detalles finales de su libro “Golfo San Jorge, el paraíso del desierto”, ya en imprenta. “El libro es un poco más grande que , lo financia una amiga y está lleno de fotografías de flora y fauna nativa. En la tapa y contratapa hay imágenes del mar, pero el interior es todo tierra adentro. Quiero mostrar lo que nadie ve: cuando uno llega a Comodoro ve el azul del mar y los cerros, pero no se imagina la vida que hay más allá, donde todo parece marrón”, explica.

La paciencia suele ser la mejor virtud y el mejor capital para un fotógrafo ambientalista. “Hay flores que duran diez días y desaparecen. Si en esos días no hay buen clima o no tengo tiempo para salir, se pierde la temporada. Así es la naturaleza”, cuenta.

En su propio hogar, la relación con los animales continúa. “Tengo unos 25 o 30 tipos de aves registradas en el patio y otro montón de pájaros que vienen todos los días. Hay uno que me espera en la puerta para que le dé de comer, y si no le abro rápido, se enoja”, bromea.

Además hace dos años comenzó a construir un “hotel para abejas”, en estructuras de madera con orificios donde las hembras de distintas especies nativas dejan sus larvas hasta el año siguiente. “No vienen a dormir, sino a criar. Ya tengo unos ochenta nidos de cuatro especies distintas. Me parece fascinante poder ver eso tan de cerca” explica.

“Una vez una golondrina vino a morir a mis pies. Y una lagartija me pasó por el brazo después de horas de estar tirado en el suelo. Cuando uno se calma, los animales te aceptan, te ven como parte del paisaje”.

Además de su trabajo con la naturaleza, Daniel Vaquero se dedica a rescatar la memoria de Rada Tilly en el blog radatillienelpasado.blogspot.com donde comparte fotografías, postales y relatos antiguos. “No soy historiador, pero me gusta la historia.
Siempre busco aprender de los que saben y compartir lo que descubro, igual que con la flora y la fauna”, dice desde una mirada profunda y que parece romper el molde, encontrando belleza y sentido donde otros solo ven lo cotidiano. “Hay que aprender a mirar porque el desierto, si uno se detiene, está lleno de vida”.

Lagartija que paso por mi brazo.

Mosca cernícalo en tomillo rosa.

09 NOV 2025 - 20:06

Por Ismael Tebes / REDACCIÓN JORNADA

Daniel Vaquero reconoce haber sentido una atracción inexplicable por los animales. Y asume haber dado a tiempo el volantazo: “Conocí la naturaleza usando una gomera y un rifle, lamentablemente, pero con los años eso se transformó en una pasión mucho más noble”.

Cada rincón de Rada Tilly guarda para él, un tesoro invalorable: retratar con su cámara la vida silvestre y entender desde ahí, un mensaje que jamás se termina de decodificar. Las aves lo visitan, le demandan agua y alimentos; posee un curioso “hotel de abejas” en las paredes de madera de su casa y se siente profundamente mimetizado con el paisaje, al punto de que una lagartija pasó por encima de su mano tras una captura fotográfica como si él, ni su equipo existieran.

Cacholote pardo en tripode


Abeja cortadora de hojas entrando a su nido.

Su hobby lo lleva a recorrer el campo durante horas, observando con paciencia los movimientos del viento, la floración de las plantas y el vuelo de los pájaros que se posan sobre los arbustos. Y plantea que perder una foto en el momento exacto equivale a “esperar” hasta el año próximo.

Vaquero, ex camarógrafo, tiene 57 años, trabaja en el área de Deportes del gimnasio municipal de Rada Tilly y a la vez se desempeña como guía de turismo. A lo largo de los años registró cientos de especies de aves, insectos y flores autóctonas y se halla en los detalles finales de su libro “Golfo San Jorge, el paraíso del desierto”, ya en imprenta. “El libro es un poco más grande que , lo financia una amiga y está lleno de fotografías de flora y fauna nativa. En la tapa y contratapa hay imágenes del mar, pero el interior es todo tierra adentro. Quiero mostrar lo que nadie ve: cuando uno llega a Comodoro ve el azul del mar y los cerros, pero no se imagina la vida que hay más allá, donde todo parece marrón”, explica.

La paciencia suele ser la mejor virtud y el mejor capital para un fotógrafo ambientalista. “Hay flores que duran diez días y desaparecen. Si en esos días no hay buen clima o no tengo tiempo para salir, se pierde la temporada. Así es la naturaleza”, cuenta.

En su propio hogar, la relación con los animales continúa. “Tengo unos 25 o 30 tipos de aves registradas en el patio y otro montón de pájaros que vienen todos los días. Hay uno que me espera en la puerta para que le dé de comer, y si no le abro rápido, se enoja”, bromea.

Además hace dos años comenzó a construir un “hotel para abejas”, en estructuras de madera con orificios donde las hembras de distintas especies nativas dejan sus larvas hasta el año siguiente. “No vienen a dormir, sino a criar. Ya tengo unos ochenta nidos de cuatro especies distintas. Me parece fascinante poder ver eso tan de cerca” explica.

“Una vez una golondrina vino a morir a mis pies. Y una lagartija me pasó por el brazo después de horas de estar tirado en el suelo. Cuando uno se calma, los animales te aceptan, te ven como parte del paisaje”.

Además de su trabajo con la naturaleza, Daniel Vaquero se dedica a rescatar la memoria de Rada Tilly en el blog radatillienelpasado.blogspot.com donde comparte fotografías, postales y relatos antiguos. “No soy historiador, pero me gusta la historia.
Siempre busco aprender de los que saben y compartir lo que descubro, igual que con la flora y la fauna”, dice desde una mirada profunda y que parece romper el molde, encontrando belleza y sentido donde otros solo ven lo cotidiano. “Hay que aprender a mirar porque el desierto, si uno se detiene, está lleno de vida”.

Lagartija que paso por mi brazo.

Mosca cernícalo en tomillo rosa.


NOTICIAS RELACIONADAS