La demolición de la Calera continúa generando repercusiones en Trelew. En las últimas horas, Luciana Alba Huth publicó un extenso mensaje en sus redes sociales donde expresó su mirada sobre el deterioro del histórico edificio y criticó las posturas que, según sostuvo, reducen el lugar “solamente a sus ruinas finales”.
Luciana Alba Huth es nuerade Luis Marzullo, reconocido empresario y propietario de la Calera. Luciana mantiene un vínculo familiar directo con la historia de la emblemática firma que marcó durante décadas el desarrollo industrial de Trelew.
Este fue el mensaje completo que compartió en Facebook:
“La demolición de la Calera no puede analizarse solamente desde la ruina visible de sus últimos años. Sería injusto. Y también intelectualmente pobre.
Soy la madre de una de las nietas heredera de aquel lugar. Y reconozco, con honestidad, que desde el fallecimiento de su propietario, el deterioro fue avanzando hasta convertir el predio en un espacio peligroso para el barrio. A pesar de haber sostenido durante años impuestos pagos, denuncias constantes por robos y situaciones irregulares, el abandono judicial y administrativo terminó dejando a La Calera a merced del saqueo, la destrucción y el uso indebido. Hubo muertes. Hubo dolor. Hubo un Estado que llegó tarde… o directamente nunca llegó.
Pero reducir La Calera solamente a sus ruinas finales es desconocer deliberadamente lo que significó para Trelew.
Hablar de La Calera es hablar de don Luis Marzullo. Un ciudadano ilustre de esta ciudad, cuyo nombre hoy incluso identifica una calle de Trelew. Geólogo. Visionario. Hombre de trabajo. De esos que construían pensando en décadas y no en titulares de ocasión.
Generaciones enteras —hombres y mujeres que hoy tienen entre 65 y 80 años— saben perfectamente de qué hablo. Saben lo que fue aquel movimiento industrial. Saben lo que significó para cientos de familias.
La Calera no era solamente una fábrica.
Era producción.
Era empleo.
Era desarrollo.
Era identidad.
Existían trece canteras que abastecían el funcionamiento de la empresa. Desde allí se fabricaba la cal que luego se distribuía incluso hacia el norte del país. En esos laboratorios se desarrollaron fórmulas utilizadas posteriormente por los pisos San Lorenzo, a quienes se proveía material y conocimiento técnico.
Y hay algo más que muchos olvidan —o nunca supieron—: alrededor de esa actividad se formó un barrio. Hubo progreso. Hubo trabajo digno. Hubo crecimiento. Incluso el gas llegó a kilómetros de distancia impulsado por aquella visión empresarial y productiva en tiempos donde emprender en Patagonia no era marketing romántico de redes sociales, sino sacrificio verdadero.
Por eso resulta paupérrimo escuchar declaraciones oficiales que hablan de La Calera desde la ignorancia histórica. Porque una cosa es reconocer el deterioro final del predio. Y otra muy distinta es borrar su valor patrimonial, industrial y humano.
Los pueblos serios no destruyen su historia con liviandad.
La documentan.
La respetan.
La contextualizan.
Demoler puede ser necesario.
Olvidar, jamás.
Trelew debería preguntarse por qué permitió que un sitio con semejante peso histórico terminara abandonado hasta convertirse en un problema. Porque las ruinas no aparecen de un día para otro. Las ruinas también son decisiones políticas, judiciales y sociales acumuladas durante años.
Y aun así, entre los escombros, hay algo que no deberían poder demoler nunca:
la memoria de quienes construyeron esta ciudad trabajando”.



La demolición de la Calera continúa generando repercusiones en Trelew. En las últimas horas, Luciana Alba Huth publicó un extenso mensaje en sus redes sociales donde expresó su mirada sobre el deterioro del histórico edificio y criticó las posturas que, según sostuvo, reducen el lugar “solamente a sus ruinas finales”.
Luciana Alba Huth es nuerade Luis Marzullo, reconocido empresario y propietario de la Calera. Luciana mantiene un vínculo familiar directo con la historia de la emblemática firma que marcó durante décadas el desarrollo industrial de Trelew.
Este fue el mensaje completo que compartió en Facebook:
“La demolición de la Calera no puede analizarse solamente desde la ruina visible de sus últimos años. Sería injusto. Y también intelectualmente pobre.
Soy la madre de una de las nietas heredera de aquel lugar. Y reconozco, con honestidad, que desde el fallecimiento de su propietario, el deterioro fue avanzando hasta convertir el predio en un espacio peligroso para el barrio. A pesar de haber sostenido durante años impuestos pagos, denuncias constantes por robos y situaciones irregulares, el abandono judicial y administrativo terminó dejando a La Calera a merced del saqueo, la destrucción y el uso indebido. Hubo muertes. Hubo dolor. Hubo un Estado que llegó tarde… o directamente nunca llegó.
Pero reducir La Calera solamente a sus ruinas finales es desconocer deliberadamente lo que significó para Trelew.
Hablar de La Calera es hablar de don Luis Marzullo. Un ciudadano ilustre de esta ciudad, cuyo nombre hoy incluso identifica una calle de Trelew. Geólogo. Visionario. Hombre de trabajo. De esos que construían pensando en décadas y no en titulares de ocasión.
Generaciones enteras —hombres y mujeres que hoy tienen entre 65 y 80 años— saben perfectamente de qué hablo. Saben lo que fue aquel movimiento industrial. Saben lo que significó para cientos de familias.
La Calera no era solamente una fábrica.
Era producción.
Era empleo.
Era desarrollo.
Era identidad.
Existían trece canteras que abastecían el funcionamiento de la empresa. Desde allí se fabricaba la cal que luego se distribuía incluso hacia el norte del país. En esos laboratorios se desarrollaron fórmulas utilizadas posteriormente por los pisos San Lorenzo, a quienes se proveía material y conocimiento técnico.
Y hay algo más que muchos olvidan —o nunca supieron—: alrededor de esa actividad se formó un barrio. Hubo progreso. Hubo trabajo digno. Hubo crecimiento. Incluso el gas llegó a kilómetros de distancia impulsado por aquella visión empresarial y productiva en tiempos donde emprender en Patagonia no era marketing romántico de redes sociales, sino sacrificio verdadero.
Por eso resulta paupérrimo escuchar declaraciones oficiales que hablan de La Calera desde la ignorancia histórica. Porque una cosa es reconocer el deterioro final del predio. Y otra muy distinta es borrar su valor patrimonial, industrial y humano.
Los pueblos serios no destruyen su historia con liviandad.
La documentan.
La respetan.
La contextualizan.
Demoler puede ser necesario.
Olvidar, jamás.
Trelew debería preguntarse por qué permitió que un sitio con semejante peso histórico terminara abandonado hasta convertirse en un problema. Porque las ruinas no aparecen de un día para otro. Las ruinas también son decisiones políticas, judiciales y sociales acumuladas durante años.
Y aun así, entre los escombros, hay algo que no deberían poder demoler nunca:
la memoria de quienes construyeron esta ciudad trabajando”.

