Apenas horas después de conocerse la noticia de su fallecimiento, "su” banda subió al escenario para ofrecer un recital que formará parte de la historia del rock argentino. Entre 6 y 7 mil almas llegaron hasta el Predio Ferial para compartir una noche atravesada por la emoción, la tristeza y la necesidad colectiva de celebrar la obra que marcó a generaciones enteras. El Indio no estaba físicamente, pero estuvo en todas partes. En las pantallas gigantes, en los trapos y en las remeras, en los abrazos y las lágrimas. Pero sobre todo, en las canciones.
A las 21,20 se encendieron las luces y comenzó una ceremonia cargada de simbolismo. Los músicos aparecieron abrazados, visiblemente conmovidos, para abrir el show más difícil de sus vidas. Y desde el público bajó un canto que se repetiría durante toda la noche: “Indio, Indio, Indio”. Una ovación interminable que convirtió la ausencia en presencia. Pura comunión.
Los Fundamentalistas no son una banda más. Son el grupo que Solari eligió para acompañarlo en su regreso a los escenarios después de Los Redondos. Formados por músicos de enorme trayectoria y confianza absoluta del cantante, fueron quienes dieron forma sonora a su etapa solista desde comienzos de los años 2000. Con ellos grabó discos fundamentales como El Tesoro de los Inocentes, Porco Rex y El Perfume de la Tempestad. Durante años fueron mucho más que acompañantes: fueron el vehículo elegido por el Indio para seguir conectándose con su público. Y esa conexión volvió a sentirse en Comodoro.
La lista de canciones recorrió buena parte del repertorio ricotero. Sonaron clásicos inmortales de Patricio Rey que siguen atravesando generaciones. “Rock para el Negro Atila”; “Un baión para el ojo idiota” y “Preso en mi ciudad” golpeó fuerte por la intensidad de su letra casi tanto como “Un ángel para tu soledad”, un boleto para el poco del delirio.
Hubo momentos especialmente conmovedores. Luciana Palacios interpretó “Ya nadie va a escuchar tu remera”, una canción que habla de la fugacidad de las cosas, de lo efímero del tiempo y de las despedidas inevitables. Deborah Dixon aportó toda su energía en una noche altamente emocional. Y sonaron “Criminal Mambo” y “Encuentro con un ángel amateur”, manteniendo la potencia emocional de una noche única, llena de adjetivos.

También aparecieron otros clásicos imprescindibles: “Vencedores Vencidos”, con su espíritu rebelde y generacional; “La hija del fletero”, una de las composiciones más populares y queridas por el público; y “Todo un palo”, aquella canción que dejó una frase convertida en profecía para varias generaciones con la certeza de que “El futuro llegó hace rato”.
Cada tema era acompañado por miles de voces. Las letras parecían una declaración de amor colectiva. El tradicional “Vamos los Redooo” retumbó una y otra vez en el predio, mientras las banderas flameaban y los celulares iluminaban la noche patagónica queriendo guardar cada secuencia.
El cierre fue una verdadera descarga emocional. Primero llegó “Mariposa Pontiac - Rock del País”, uno de los himnos más representativos de la banda. Y después, inevitablemente, “Ji Ji Ji” cuando ya no había más lugar para las emociones. Miles de personas saltando al mismo tiempo, compartiendo dolor, alegría, recuerdos y gratitud. Un pogo que parecía llegar hasta el cielo.
Fue mucho más que un recital. Fue una despedida multitudinaria, un homenaje espontáneo y sobre todo, la celebración de una obra inmensa. Comodoro Rivadavia quedó unida para siempre a una fecha histórica: la noche en que Los Fundamentalistas tocaron por primera vez sin el Indio Solari, pero con el Indio más presente que nunca. En definitiva, las leyendas no están hechas porque sí. No se compran, no se disfrazan. Y no se van. Le ganan hasta a la puta muerte. Siguen viviendo en las canciones, las historias compartidas y en cada voz que todavía cante: “El Indio está presente”.

Apenas horas después de conocerse la noticia de su fallecimiento, "su” banda subió al escenario para ofrecer un recital que formará parte de la historia del rock argentino. Entre 6 y 7 mil almas llegaron hasta el Predio Ferial para compartir una noche atravesada por la emoción, la tristeza y la necesidad colectiva de celebrar la obra que marcó a generaciones enteras. El Indio no estaba físicamente, pero estuvo en todas partes. En las pantallas gigantes, en los trapos y en las remeras, en los abrazos y las lágrimas. Pero sobre todo, en las canciones.
A las 21,20 se encendieron las luces y comenzó una ceremonia cargada de simbolismo. Los músicos aparecieron abrazados, visiblemente conmovidos, para abrir el show más difícil de sus vidas. Y desde el público bajó un canto que se repetiría durante toda la noche: “Indio, Indio, Indio”. Una ovación interminable que convirtió la ausencia en presencia. Pura comunión.
Los Fundamentalistas no son una banda más. Son el grupo que Solari eligió para acompañarlo en su regreso a los escenarios después de Los Redondos. Formados por músicos de enorme trayectoria y confianza absoluta del cantante, fueron quienes dieron forma sonora a su etapa solista desde comienzos de los años 2000. Con ellos grabó discos fundamentales como El Tesoro de los Inocentes, Porco Rex y El Perfume de la Tempestad. Durante años fueron mucho más que acompañantes: fueron el vehículo elegido por el Indio para seguir conectándose con su público. Y esa conexión volvió a sentirse en Comodoro.
La lista de canciones recorrió buena parte del repertorio ricotero. Sonaron clásicos inmortales de Patricio Rey que siguen atravesando generaciones. “Rock para el Negro Atila”; “Un baión para el ojo idiota” y “Preso en mi ciudad” golpeó fuerte por la intensidad de su letra casi tanto como “Un ángel para tu soledad”, un boleto para el poco del delirio.
Hubo momentos especialmente conmovedores. Luciana Palacios interpretó “Ya nadie va a escuchar tu remera”, una canción que habla de la fugacidad de las cosas, de lo efímero del tiempo y de las despedidas inevitables. Deborah Dixon aportó toda su energía en una noche altamente emocional. Y sonaron “Criminal Mambo” y “Encuentro con un ángel amateur”, manteniendo la potencia emocional de una noche única, llena de adjetivos.

También aparecieron otros clásicos imprescindibles: “Vencedores Vencidos”, con su espíritu rebelde y generacional; “La hija del fletero”, una de las composiciones más populares y queridas por el público; y “Todo un palo”, aquella canción que dejó una frase convertida en profecía para varias generaciones con la certeza de que “El futuro llegó hace rato”.
Cada tema era acompañado por miles de voces. Las letras parecían una declaración de amor colectiva. El tradicional “Vamos los Redooo” retumbó una y otra vez en el predio, mientras las banderas flameaban y los celulares iluminaban la noche patagónica queriendo guardar cada secuencia.
El cierre fue una verdadera descarga emocional. Primero llegó “Mariposa Pontiac - Rock del País”, uno de los himnos más representativos de la banda. Y después, inevitablemente, “Ji Ji Ji” cuando ya no había más lugar para las emociones. Miles de personas saltando al mismo tiempo, compartiendo dolor, alegría, recuerdos y gratitud. Un pogo que parecía llegar hasta el cielo.
Fue mucho más que un recital. Fue una despedida multitudinaria, un homenaje espontáneo y sobre todo, la celebración de una obra inmensa. Comodoro Rivadavia quedó unida para siempre a una fecha histórica: la noche en que Los Fundamentalistas tocaron por primera vez sin el Indio Solari, pero con el Indio más presente que nunca. En definitiva, las leyendas no están hechas porque sí. No se compran, no se disfrazan. Y no se van. Le ganan hasta a la puta muerte. Siguen viviendo en las canciones, las historias compartidas y en cada voz que todavía cante: “El Indio está presente”.