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La primera versión de la historia


Historias Mínimas.

19/06/2016 02:00 a.m.


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Por Sergio Pravaz

Parece mentira pero de todas las profesiones y oficios que hay en la vida, el periodismo debe ser algo así como “Ese oscuro objeto del deseo”. Sí, como el título de la última película que filmó Luis Buñuel, porque todos alguna vez fantasean con ejercerlo. Y eso que la diversidad de quehaceres y faenas es alta y las hay de toda laya: médicos, trapecistas, ingenieros, clérigos, comerciantes, peluqueros, sindicalistas, tapiceros, soldados, ebanistas, arquitectos, panaderos, abogados, carboneros, pastores, modistos, cantantes, deportistas, en fin, todos sueñan en algún momento con firmar un artículo en la prensa gráfica, hoy directamente en las redes sociales, estar en la tele o que sus palabras iluminen a la humanidad desde una radio para sentir por un momento ese vértigo maravilloso que es ejercer la mejor profesión del mundo, como bien decía Gabriel García Márquez. Y ejercerlo no es “iluminar a la humanidad” sino simplemente practicar un bello oficio cuya complejidad es tan vasta como la de cualquier vocación bien entendida.

Sucede que nuestro trabajo es como un medicamento de amplio espectro. Permite su práctica desde todas las esquinas posibles, avenidas, bocacalles, pasajes, calles laterales, anchas, angostas, con asfalto, con pozos, de tierra, con ripio, porque más allá de la formación -que es imprescindible y se adquiere estudiando en alguna escuela o universidad, o por uno mismo a través de la lectura permanente, pero sobre todo haciendo la práctica profesional en redacciones de todo tipo en cualquiera de los formatos posibles- se trata de una profesión generosa que a todos convida para que mojen su pan en este universo maravilloso.

El periodismo tiene muchos rostros posibles y una infinidad de variantes para su ejercicio; sus reglas son complejas y estrictas sobre su organización, pero la paleta de temas es inacabable: se puede escribir sobre política, ciencia, deportes, historia, finanzas, arte, gremios, industria, sobre un crimen, sobre la lluvia, la vida de las abejas, sobre aviación, moda, poesía, mineralogía, sobre las estrellas que iluminan y ya no están, sobre el timbre de voz del buey corneta, sobre el campo, la religión, la justicia, el parlamento, o sobre los amoríos de Simón Bolívar con Manuela Sáenz.

Pero no hablo solamente de la especialización que es necesaria para abordar tanta diversidad, sino de la responsabilidad a la hora de comenzar a trabajar, porque de todos estos temas, también se puede y se debe simplemente informar porque forman parte de la vida de una comunidad. Y para eso existe el periodismo, por cierto.

Por eso la práctica intensiva de esta vocación en el interior de un medio de prensa es el mejor argumento para el aprendizaje, más allá de los estudios sistemáticos y de la lectura disciplinada y constante, porque la necesidad tiene cara de perro pero hace maestros. La pasión de unos ojos incendiados, la responsabilidad a la hora de trabajar y la observación de cómo se desempeñan los más viejos, hará el resto.

El Día del Periodista se celebra el 7 de junio porque así fue establecido durante el Primer Congreso Nacional de Periodistas que se llevó a cabo en Córdoba durante 1938. De ese modo se recuerda a la “Gaceta de Buenos Aires”, fundada por decreto de la Primera Junta de Gobierno a instancias de Mariano Moreno el 7/6/1810.

Fue el primer medio de prensa sostenido por fondos públicos que le contaba a sus lectores sobre los actos oficiales, las noticias exteriores y las locales, además de difundir las nuevas ideas, instalar los temas de interés y arraigar costumbres para la nueva nación. La redacción de ese periódico semanal fue un lujo, un “dream team” de prensa, escribían además de Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, el Deán Funes y Bernardo Monteagudo.

Algunos datos sueltos y elocuentes: Juan Bautista Alberdi publicó un adelanto de sus “Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina” (libro que finalmente sería la Constitución Nacional de 1853) en el diario El Nacional.

La Argentina fue gobernada en una época por periodistas: Mariano Moreno, Manuel Dorrego, Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento.

Cuando San Martín cruzó Los Andes, además de la organización para el traslado de semejante contingente para tal hazaña, no descuidó las peticiones de Bernardo Monteagudo quien también hizo el cruce pero ¡con una imprenta completa sobre el lomo de las mulas! porque el Libertador no desconocía la importancia de administrar la propia información, ya sea para los espías, para sus oficiales, para la tropa, el gobierno o para lo que sea menester.

Rodolfo Walsh fue periodista en todo tipo de escenarios; desde los bucólicos, pasando por los tumultuosos, hasta los directamente dinamitados, y en el peor de ellos creó una agencia de noticias clandestina para que la información no se detenga y el público se entere.

Tomás Eloy Martínez siempre sostuvo que “el periodista, a semejanza del artista, es también un productor de pensamiento. Y tiene dos formas que cuidar: la de su herramienta que es el lenguaje y la de su ética, que no responde a otro interés que el de la verdad”.

Finalmente, quiero mencionar a los magníficos periodistas que hubo en nuestra provincia. Fueron hombres apasionados que desarrollaron con talento y dignidad su vocación. Ellos dieron, como sus antecesores y como los que vendrán en el futuro “la primera versión de la historia”. Son más de los que puedo nombrar aquí pero no puedo dejar de hacerlo con aquellos a quienes observé y seguí para mi propio aprendizaje: Oscar “Cachín” Romero, Hugo Hernando, Eddy Epstein, Marcelo Bravo, Roy Centeno Humphreys y Pablo Dratman.

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