REL/RAW

13°
CRD

13.6°
PMY

7.6°
EQS

7.6°
PLAY

OPINIÓN

Y Wladfa




2.734

Por Carlos Hughes

carloshughes@grupojornada.com

En Twitter: @carloshughestre


Pocos días después de partir de Liverpool falleció en el mimosa James Jenkins, hijo de Aaron y Rachel Evans, a causa de una enfermedad llamada Estomatitis Ulcerosa (o gangrenosa), según describe David Williams en su libro “El Valle Prometido”.

Cuando Aaron Jenkins llegó a Patagonia cubrió el trayecto entre Puerto Madryn y el Valle por tierra pero envió a su esposa y a su hija –llamada Rachel, como su madre- nacida 16 días después de la muerte de James, a bordo del Mary Helen. El barco vivió una odisea: sorprendido por una tormenta se desvió y lo que debía hacer en pocas horas, o días, le demandó más de dos semanas. Así, sin suficiente alimentación, muchos se enfermaron, entre ellos la pequeña Rachel que llegó ya sin vida al Río Chubut.

Así comenzó su aventura patagónica, que jamás mejoró: en tres años soportó la muerte de tres hijos y dos esposas, cuando sólo tenía 37 años, sin contar la pérdida de dos de sus mejores amigos, David Williams y James Iago Jones.

Aaron Jenkins no fue, sin embargo, un personaje oscuro y triste de la aventura galesa. A él se le debe el descubrimiento que acaso haya salvado a la Colonia, cuando entendió que esa tierra negra que todos juzgaban inútil podía servir –y lo hizo- para las cosechas, y también cuando desde su destreza como cazador, tras aprender las artes de su amigo el cacique Francisco, ayudó a soportar el hambre de sus compañeros de ruta en los peores momentos de la gesta.

Murió asesinado por un preso que se había escapado del penal de Punta Arenas. Lo trasladaba por el Valle y aunque recibió ofrecimientos de auxilio en esa tarea, se confió y los desestimó. Le costó la vida.

Fue, como se ve, un ser humano que hizo cosas extraordinarias, pero lleno de sufrimientos, aciertos y también errores. Y acaso allí radique no sólo el valor de lo que hizo en los inicios de la Colonia Galesa en Chubut, sino la ponderación de todos aquellos galeses que llegaron para poblar esto que, en aquel tiempo, era un río desnudo de toda vegetación y no mucho más. Aquello no fue magnífico a partir de la estatura de ídolos de sus constructores, sino justamente porque se hizo desde sus capacidades y también desde sus miserias humanas, pero con una pasión imbatible.

La historia de Aaron Jenkins que rescata David Williams aporta, además de datos históricos de relevancia, esa mirada de los gestores del asentamiento galés en Patagonia: los vuelve humanos.

Cometieron, claro, muchos errores, fueron víctimas de sus pasiones y sus prejuicios, que los tenían y muchos; le temieron a los pueblos originarios primero y más de una vez los acusaron de tropelías, sobre todo robos; pensaron seriamente en al menos dos oportunidades abandonar el intento para irse ya sea a otros países o al norte de Argentina. El propio Aaron Jenkins estuvo a punto de dejar la pelea y Lewis Jones pasó su tiempo alejado por sus propios pares. La Colonia no fue el ideal que hace 40 años se aprendía en las escuelas con “Chubut, mi provincia”, y justamente por eso es extraordinario que sus raíces permanezcan, 151 años después, más fuertes que nunca.

Los últimos años, y especialmente en 2015 –cuando se alcanzó el siglo y medio de la gesta- fueron prolíficos en cuanto a producción en referencia a la colonia. Desde autobiografías, apelando más a recuerdos que a aportes investigativos, hasta revisionismos de gran nivel.

Es en esa línea, también, que Marcelo Gavirati rescata en su capítulo de la recopilación que llevó adelante con Fernando Williams, denominada “150 años de Y Wladfa” (150 años de La Colonia), la relación entre los colonos y los Tehuelches, tomando no sólo las referencias de quienes formaron parte del contingente de galeses sino de aquellos que, de un tiempo a esta parte, ponen en discusión que el ideal de fraternidad entre ambos pueblos haya existido tal como desde la hegemonía de los relatos se retrató a través de los tiempos.

No obstante Gavirati rescata sí tres puntos que –afirma- le dan singularidad a esta historia: “En primero lugar, el establecimiento fue promovido por un grupo colonizador extranjero con un proyecto propio –fundar una colonia con cierta autonomía- que trascendía los objetivos del Estado nacional, objetivo que determinó su atípico emplazamiento más allá de la línea de frontera. En segundo lugar, a pesar de situarse en medio del territorio indígena y sin la concreta presencia estatal en forma de un fuerte que lo protegiese, la Colonia no sufrió malones, con sus trágicas consecuencias de muertes o toma de cautivos, durante las dos décadas de convivencia en relativo aislamiento (1865-1885)” y “en tercer lugar, tampoco se produjeron durante dicho período ataques o intentos de los colonos de adueñarse de territorio de los pueblos indígenas más allá del consentido establecimiento en el Valle del Chubut”.

Y agrega, además, un dato que no debe soslayarse: el intercambio comercial no sólo no decreció sino que se acrecentó y mantuvo su importancia hasta 1885, año en el que la denominada “Conquista del Desierto” terminó con el poderío indígena sobre Patagonia.

Hoy, gracias a los muchos intentos de revisionismo aportados sobre el asentamiento galés en Chubut hace 151 años, existe una proximidad a la Justicia más acabada pues debe coincidirse que la historia cuando se idealiza termina por volverse irreal. No obstante esto, también sería acertado reconocer que en el “debe” se encuentra aun la contracara, que es la mirada de los pueblos originarios, cuyo volumen no resulta similar –ni mucho menos- al de la visión “galesa”, por darle una denominación.

Existen sí trabajos al respecto, que aunque no específicos de la colonización retratan desde ese lugar la conquista territorial de Chubut. Keu-Kenk y Tels’en de Liliana Pérez, por caso, resultan dos trabajos magníficos de esto, aun cuando allí no se apunta a la incidencia de la colonización galesa sino sobre todo de la mal llamada “Conquista del Desierto”.

Estos párrafos, a cuento de este 28 de Julio, constituyen apenas un muestreo mínimo de lo que ocurrió a partir del desembarco de los galeses en Patagonia, del que este jueves se cumplen justamente 151 años.
 


tag Colonia151años
Agregar a Favoritos. En PC: CTRL+D | En Mac: ⌘+D