SOCIEDAD

El libro del último jefe de Estación de la Patagonia sur


Se llama Carlos Gómez Wilson. Manejó el ramal Puerto Deseado-Las Heras y hoy vive en Trelew.
03/11/2011 02:00
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<strong>Por Carlos Baulde (*)</strong>

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Carlos Gómez Wilson es, por
sobre todas las cosas, un tipo ordenado y metódico. A los 83 años, a pesar de
los achaques de su cadera y de una sordera incipiente, pueda echar mano a su
memoria y recordar con lujo de detalles situaciones que ocurrieron hace medio
siglo. <br /><br />

Recuerda fechas con la
precisión de un reloj. Sobre todo, la del 17 de enero de 1978. Ese día, recibió
el telegrama de la empresa Ferrocarriles Argentinos que le informaba que por
disposición del Poder Ejecutivo Nacional, que por aquellos años detentaba el
dictador Jorge Rafael Videla, el ramal ferroviario que unía las localidades santacruceñas
de Puerto Deseado y Colonia Las Heras debía cerrar.<br /><br />

Mientras lo leía, Gómez
Wilson tenía colocada la gorra que lo identificaba como el jefe de Estación de
Puerto Deseado, y a su vez, máxima autoridad de todo el ramal. La angustia que
lo invadió le duró varios años, sobre todo porque Ferrocarriles Argentinos dejó
cesantes a más de un centenar de trabajadores, pero obligó a Gómez Wilson a
quedarse un par de años más para una tarea más ingrata aún: la liquidación de
buena parte de los fierros del ramal.<br /><br />

Sus 34 años en la empresa
estatal, y la historia que lo antecedió y precedió, quedaron este año plasmadas
en un estupendo libro de recopilaciones de anécdotas y documentación que lleva
la firma de Gómez Wilson y de Diego Aguirres, un joven recopilador oriundo de
Puerto Deseado, que fue el impulsor de “Mi vida, el ferrocarril”, en donde el
último jefe de Estación de la
Patagonia sur cuenta historias conocidas y no tanto de un
ramal que hizo patria.<br /><br />

El libro, editado por Vela al
Viento – Ediciones Patagónicas, fue presentado hace poco en Puerto Deseado, el
lugar de los hechos, y este jueves 3 de noviembre en el Auditorio “Monseñor
Derisi” de la
Universidad Católica Argentina, una institución que desde
hace varios años viene impulsando la recuperación de la historia del
ferrocarril en la
Argentina.<br /><br />

“Siempre fue un tipo que
guardaba todo. Tengo papeles de todos mis años en el Ferrocarril, y Diego
(Aguirres) me había dicho de hacer un libro varias veces”, cuenta Gómez Wilson
desde su casa en Trelew, en donde vive hace más de 20 años. “Cuando estuve en
Deseado para los 100 años del Ferrocarril, me convenció, aunque yo no sabía si
estaba a la altura para poder hacerlo. Pero su ganas de recopilar todas estas
historias lo consiguieron”, señala Gómez Wilson, que también destaca el enorme
impulso que le dieron al libro Pedro Urbano, un histórico ferroviario
deseadense (que hoy reside en Buenos Aires) y Ricardo Vázquez, presidente de la Asociación Ferroviaria
20 de Septiembre, con sede en la vieja Estación del Ferrocarril de Deseado.<br /><br />

El libro es una sucesión de
datos, anécdotas y documentación riquísimos, que reconstruyen la historia del
nacimiento, apogeo y caída del ramal Deseado-Las Heras.<br /><br />

Entre la gran cantidad de
documentos que incluye la obra, se destacan los papeles que confirman la idea
nunca realizada de unir Puerto Deseado con el lago Nahuel Huapi, en Río Negro, un
virtual “Ferrocarril Transoceánico” ideado en 1909, que quedó trunco y sólo
llegó hasta Las Heras. <br /><br />

Bajo la inspiración de
Ezequiel Ramos Mejía y la Ley
5.559 de Fomento de los Territorios Nacionales, que transformaban a la Patagonia en todo un
país en lo económico por la potencial unión de los dos océanos, este ramal
nunca llegó a concretarse. Era más ambicioso de lo que podríamos imaginar hoy:
planeaba conectar a ese ramal con el de Playa Unión-Trelew-Madryn-Las
Plumas-Esquel (también trunco), y con el de Sarmiento-Comodoro, y luego desde
Bariloche con la Capital Federal.
Una gran red vial que hoy sería inimaginable de implementar.<br /><br />

“Esta obra, por mezquindad,
quedo trunca con la excusa de la guerra de 1914, pero nunca fue reparado el
error, por ceguera incapacidad o intereses aviesos”, recuerda hoy Urbano, un
viejo defensor del sistema ferroviario.<br /><br />

En la contratapa de“Mi
vida, el ferrocarril”, Aguirres explica que el libro inspirado en la vida del
último jefe de Estación consta de tres partes: “En la primera, de la mano de
Carlos, conocemos detalles de su trabajo desde que era un postulante hasta que
llegó a jefe. Lluego transcribe memorias de los trabajos realizados en 1912 y
sus avances. Y en una tercera parte, Pedro Urbano y Ricardo Vásquez dejaron su
impronta en una reseña de fechas importantes para volver a leer, pensando en
aquellos que utilicen esta recopilación como material de consulta”.<br /><br />

Aguirres cierra explicando
sus nobles objetivos: “Esta recopilación intenta ayudar a comprender la
importancia que tuvo el ferrocarril para muchas personas, lo que significó para
estas tierras patagónicas, pero también para contar que la vida ferroviaria fue
una pasión que comparten muchos a lo largo y ancho del país.”<br /><br />



<em>(*) El autor es periodista
del Grupo Jornada e hijo de un ex ferroviario del ramal Deseado-Las Heras</em><br /><br />

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