PLAY

PROVINCIA

Vuelos de la muerte: para subirlos les decían que iban a un campo de trabajo en Rawson


Según la pesquisa del juez federal porteño Sergio Torres, los asesinados con este método tenían la esperanza de aterrizar en una granja de recuperación en Rawson. Los dormían con Pentotal pero la excusa era inmunizarlos a las enfermedades del sur. La causa fue a juicio la semana pasada.
19/08/2012 02:00

Para evitar que se resistan a subir a los aviones, a los miles de presos políticos que fueron arrojados al mar por la dictadura militar en los “vuelos de la muerte” les decían que serían trasladados a una “granja de recuperación”, presuntamente ubicada cerca de Rawson. Como para disimular la crueldad y asesinarlos dormidos les inyectaban Pentotal, pero les decían que era una vacuna para inmunizarlos a las epidemias que circulaban en el sur del país.
El estremecedor dato lo reveló el juez Sergio Torres, titular del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nº 12. La semana pasada clausuró la investigación y elevó a juicio oral la causa por los “vuelos de la muerte”, desde donde se arrojaron al mar y al Río de la Plata a detenidos en la Escuela de Mecánica de la Armada. Torres imputó a Julio Alberto Poch, Enrique José de Saint Georges, Gonzalo Dalmacio Torres de Tolosa y el ex secretario de Hacienda de la Nación, Juan Ernesto Alemann.
En su escrito, Torres refiere la declaración ante la Comisión Nacional de Desaparecidos del testigo Ricardo Héctor Coquet. Estuvo preso en el centro clandestino de detención que funcionó en la ESMA. Explicó que los “traslados” de los detenidos significaban “la eliminación física masiva”.  Cada miércoles por la tarde aparecía un tal “Pedro” en el lugar de detención –bautizado “Capucha”- e informaba que a medida que los nombraba, los elegidos debían pararse junto a su tabique. “Se los llevaba al medio del pasillo y se los hacía tomar manos con hombro, en un trencito de 40 personas”. Se los bajaba de a cuatro y en Enfermería se les inyectaba Pentotal (o “Pentonaval”, como lo rebautizó el represor Jorge “Tigre” Acosta).
“Se les decía que iban a un campo de recuperación en el sur, cerca de Rawson y que la inyección era por seguridad ya que iban en tandas grandes”. Una vez adormecidos, se los desvestía y se los cargaba en camionetas y camiones cubiertos con lonas y se los llevaba a Aeroparque. “Eran introducidos en aviones militares y en el océano eran tirados vivos a los tiburones”.
Otra víctima, Martín Gras, reveló más detalles de cómo se desarrollaba este método de eliminación. Y confirmó que les decían que venían al sur. “Todos los miércoles, excepcionalmente los jueves, se realizaban los ´traslados´. En un principio era creencia generalizada entre los prisioneros que sobrevivían que los traslados se realizaban a otros campos de trabajo presuntamente utilizados en el sur del país. En realidad, el traslado conducía a la muerte”.  Los prisioneros eran elegidos por los oficiales de Inteligencia en una reunión que se realizaba todos los martes por la noche. “Hasta el momento de la selección nadie sabía cual era su destino: la vida o la muerte. Los días de traslado se adoptaban medidas severas de seguridad y se aislaba el sótano. Los prisioneros debían permanecer en sus celdas en silencio”.
Cerca de las 17 de cada miércoles se designaba a quienes serían trasladados y eran conducidos uno por uno hacia Enfermería “en la situación que estuviese, vestido o semidesnudo, con frío o con calor”. Les aplicaban una inyección “que presentaban como una medida de salud preventiva ya que el campo al que serían conducidos no eran buenas las condiciones higiénicas. Aparentemente se aplicaba un soporífero, posiblemente Pentotal”.
Desvanecidos, los prisioneros eran llevados en camión al Aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires, cerca de la ESMA. “Eran subidos a un Fokker de la Escuadrilla Multipropósito de la Aviación Naval, que volaba mar adentro, hacia el sur, a una zona precisa donde la Corriente del Golfo ´Gulf 504 Strean´ aseguraba la desaparición de los cadáveres”. Los prisioneros eran arrojados con vida desde los aviones. “Seguramente la muerte se producía por tres razones básicas: ante la brusca diferencia de presión, por el golpe contra el agua o por inmersión”.
El 30 de marzo de 2005 declaró Marta Remedios Alvarez y repitió el dato patagónico. Una amiga suya de detención, Inés, formó parte de ese grupo de elegidos. “Fue la única que no volvió y cuando fue el ´Tigre a los camarotes, informó que había sido trasladada a una granja en el sur”.
La testigo ya sabía que los tiraban  al mar. “Se enteró por infidencias de los ´verdes´, que eran aspirantes a suboficiales, de menos de 18 años y del interior”. Lloraban diciendo que ellos no habían matado a nadie y que no habían tirado a nadie al mar. Alvarez “escuchó decir a Sergio Yon, Rádice y Alfredo Astiz decir que todos los oficiales debían participar en los vuelos y que Acosta siempre decía que ´toda la Armada va a tener que poner los dedos´, en referencia a las detenciones, torturas y vuelos de la muerte”.
Otro testigo que habló el 1º de agosto de 2005 fue Juan Carlos Rossi, quien confirmó que los “traslados” mortales eran los miércoles. “Los martes se reunían todos lo oficiales y ejercían su derecho a no traslado, ya que en la lógica de ESMA todos los detenidos debían ser trasladados. Por eso en la reunión lo que se decidía era quienes no serían trasladados”.
Los miércoles llegaba un suboficial con la lista de números de los trasladados. “En estos momentos se producía un clima de gran violencia, de muchos nervios, con una carga de adrenalina muy grande ya que la persona que indicaban era tomado en forma muy impulsiva por los ´verdes´”.
“Al que era nombrado no lo dejaban agarrar sus pocas pertenencias sino que era separado medio desnudo. Era bajado al sótano a la Enfermería. Una vez allí eran inyectados por el enfermero”. El argumento era evitar epidemias en el “campo de detención” al que serían llevados. Los trasladados se desmayaban y muchos vomitaban.
Rossi tuvo como compañero de detención a un tal “Tincho”. En el primer semestre de 1977 se ordenó el traslado de “Tincho” cuando aún no lo había interrogado el Servicio de Inteligencia Naval. Por eso a los responsables del traslado les ordenan que lo devuelvan a la ESMA. “Tincho”, una persona muy corpulenta, contó que luego de la inyección en Enfermería se sintió muy mareado pero no se durmió. “El sótano tenía una rampa con puerta lateral, allí se ponía un camión y se subía la gente mareada”. En su caso el camión dio una vuelta por ESMA y fue al Aeroparque.
“Tincho” contó que cuando lo estaban por subir a un avión Fokker, el suboficial responsable del traslado le dijo que lo debían devolver a ESMA. “Tincho” respondió que él quería ser trasladado al sur. El suboficial a cargo le contestó: “Vos no sabés de lo que te salvaste”. Lo devolvieron al calabozo y durmió por más de un día. Según el testigo, “a partir de aquí los detenidos en ESMA empiezan a tomar conciencia de la posibilidad de un exterminio masivo”. #

La versión de Scilingo

Un testimonio central fue el de Adolfo Scilingo, el primer militar retirado que admitió la existencia de los vuelos de la muerte. Era oficial de la Armada Argentina y formó parte de las actividades del Grupo de Tareas con asiento en la ESMA. Participó en la eliminación de víctimas y por eso se lo enjuició y condenó en España.
Su relato coincide con el resto. Él fue trasladado a la ESMA en diciembre de 1976, “el centro de operaciones más importante que tenía la Armada en la lucha antisubversiva”.
“En el año que estuvo en la ESMA lo insólito era la vida representada por los nacimientos, mientras que la rutina era la muerte, por eso a nadie le llamaba la atención los vuelos de los miércoles”. Alguna que otra vez, los sábados.
“El primer vuelo fue realizado en un avión DC3 y los cuerpos de las personas arrojadas aparecieron en las costas uruguayas, informando a su vez que creía que hubo entre 180 y 200 vuelos arrojando al mar en cada uno de ellos entre 15 y 30 personas”.
Scilingo declaró que un tal capitán Arduino lo llamó un día y le comunicó que estaba asignado a un vuelo, que luego se desdobló en dos. “Se trasladó a un total de entre 25 y 27 personas en ambos, habiendo él participado personalmente en el primero”.
“Ese día las personas que iban a ser  trasladadas se hallaban en el sótano; el capitán Acosta le comunicó a los detenidos que iban a ser trasladados al sur y por lo tanto tenían que ser vacunados, por lo que les aplicaron una inyección, tras lo cual ´se atontaron´ y se durmieron allí mismo”.
Luego subieron a los detenidos a camiones verdes con lonas, se los llevó hasta Aeroparque y se los separó en dos grupos. El primero –con Scilingo incluido- subió a un avión Skyban de la Prefectura Nacional, ya que hubo problemas con otra nave que iba a utilizarse.
“Al despegar el médico que participó del viaje les aplicó una nueva inyección a las víctimas, se las desvistió, poniendo su ropa en bolsas y se los arrojó por la popa del avión”. Según el exmilitar, los vuelos duraron una hora.
El primer vuelo en el que participó se realizó en junio y el otro en agosto de 1977. “El segundo en el avión Electra, siendo el operativo del traslado hasta Aeroparque similar al anterior y en ambos casos intervino personalmente en el acto físico de tirar las personas desde el avión en vuelo”. Los martes se realizaba un pseudo juicio en la ESMA en la cual los jefes de Operaciones, Inteligencia y de Grupo decidían quiénes serían trasladados.#


7.916



Agregar a Favoritos. En PC: CTRL+D | En Mac: ⌘+D