“Necesito que se haga justicia pronto”

Según las pericias, su exconcubino violó al hijo de ambos cuando tenía cuatro años. La joven no dejó de ir a ninguna audiencia. El hombre fue condenado a 10 años pero por un cambio de carátula y varias apelaciones aún está libre. El miedo y el dolor. Las penurias económicas. Y algunas frases que conmueven.

25 MAY 2013 - 21:42 | Actualizado

-Me hizo cosas feas y tristes. Te voy a contar cuando sea grande.

Con apenas cuatro años, el nene enfrentó a su mamá ante el dolor de haber sido violado por su padre biológico. Desde entonces, la joven mujer que vive en Rawson no paró un solo minuto: quiere y reclama justicia por lo que le pasó a su hijo. Fue a todas las audiencias y por eso, perdió el trabajo. Vive en una casa de barrio y se sostiene gracias a la tarjeta social y a la asignación universal por hijo. Sufrió violencia de género y muchas veces sólo puede poner en la mesa un té con pan. Cuando gasta más de 100 kilowats de energía eléctrica, no le pagan el subsidio. Y entonces, a veces debe vivir a oscuras o elegir que ropa plancha y que ropa no.

Pero todas estas cachetadas de la vida no pudieron ni pueden con su energía de seguir andando por los tribunales para que de una vez por todas, el hombre con el que alguna vez compartió su vida, vaya preso. Ella no tiene otro objetivo más que el de criar a sus hijos (también tiene una beba de un año y medio) y hacerle olvidar al nene esa pesadilla que carga desde hace tres años cuando, según su propio testimonio fue violado por su padre durante una de las visitas que la justicia le permitía después de la separación (ver “un caso…”).

-Hay veces en que el dolor me puede más. Por eso durante un tiempo tuve que tomar tranquilizantes. Me dormía en los colectivos. Me sentía mareada. Pero en ningún momento quise estar ausente en las audiencias. Incluso en las que iba él. Lo tenía a pocos metros con su mirada siempre desafiante.

-¿Cómo te enteraste de lo que le pasó al nene?

-Porque el día que le pasó, lo encontré muy violento. Y él fue siempre un nene tranquilo. Le pregunté que le había pasado pero no quiso decirme nada en ese momento. Pero yo insistí hasta que me dijo: “Mi papá me lastimó”. Fue cuando lo estaba bañando. Me dijo donde lo apretaba fuerte y las cosas que le hizo. Entonces me fui a la comisaría para hacer la denuncia. Pero no quisieron tomármela porque según ellos, el nene podía estar mintiendo. Hasta que logré que me escuchen.

-¿Le hicieron pericias?

-Si. Y dieron positivo. Después, el nene declaró en la cámara Gesell y fue atendido por psicólogos. Contó las cosas cuatro veces. Y en las cuatro veces dijo lo mismo. También, una psicóloga dijo que por los dibujos que hizo estaba claro que el nene estaba diciendo la verdad. Todo eso con las pericias médicas resultaron pruebas irrefutables.

-¿Cómo siguió tu vida?

-Puedo decir que fue un infierno. El día que me entregaban la casa fue el mismo día que el nene declaró en la cámara Gesell. Yo me descompuse, para mi fue muy fuerte. Además, el nene como es lógico quedó muy vulnerable. Y triste. Tenía miedo, a veces y aún pasado el tiempo, no quería salir a jugar con otros nenes. Los primeros tiempos fueron muy duros para mi.

-¿Cómo era tu relación con el padre?

-Estuve con él tres años. Lo conocí porque me lo presentaron unos amigos. Y después de algún tiempo de vernos nos fuimos a vivir juntos. Hoy no puedo decir lo que sentía por esa persona. Ni por qué decidí unir mi vida a la de él. Tuvimos al nene y después de un tiempo comenzó a ponerse violento. Hasta que decidí separarme porque me maltrataba demasiado. Hasta con golpes. A veces, nos echaba de la casa y con mi nene teníamos que ir a dormir al banco de la plaza. Fue una pesadilla.

-¿Entonces decidiste la separación?

-Si, pero el nunca la aceptó. Un día me dijo: “No querés volver conmigo, te vas a arrepentir”. Creo que fue una advertencia de lo que hizo después. Hubiese preferido mil veces que me haga algo a mí y que no lastime al nene de esa manera.

-¿Seguís viviendo con miedo?

-No sé si es miedo o qué. Yo no tengo miedo cuando lucho por mi hijo. Necesito que se haga justicia pronto. No puede ser que alguien que violó a su propio hijo camine libremente por la calle. Y me amenace permanentemente. Una vez nos encontró en la playa y dio vueltas alrededor de nosotros riéndose. Además hay gente que lo defiende. Incluso quienes quieren condenarme a mí. Yo soy conciente que al nene le pasó lo que le pasó porque no estaba conmigo. Pero se lo tenía que dejar porque era una orden de la justicia. Jamás pensé que lo utilizaría como una venganza. Es horrible.

-¿Cómo actuó la justicia?

-Yo no tengo más que palabras de agradecimiento hacia la fiscal Silvia Pereira. Ella estuvo siempre al lado mío. Hizo todo lo que tenía que hacer. Nunca me dejó sola. Y también la gente del Servicio de Asistencia a las Víctimas del Delito de Rawson. Me contuvieron. A mí y al nene. El nene dejó el tratamiento psicológico (tiene ahora siete años) porque no quiero que vuelva a recordar permanentemente lo que le pasó. Quiero que empiece a vivir una vida normal, como cualquier chico. Aunque sé que es muy difícil.

-Lo que se pudo saber de las audiencias es que él niega todo…

-Sí, es verdad. Siempre lo negó. Pero si es verdad que él no lo hizo nunca se preocupó en buscar a quien tanto daño le hizo a su hijo. Por eso miente. Además las pruebas son contundentes. Yo se que la justicia y los abogados tienen muchos recursos para que un hombre de esta naturaleza no vaya preso. Pero a mi entender eso sería una injusticia.

-¿Cómo ves el futuro?

-Soy una luchadora. Y más después que me pasó esto. Me pregunto ¿Qué más malo me puede pasar en la vida?. Por eso trato todos los días de salir adelante. Lo que viví con mi ex concubino ya pasó. Ahora sólo pienso en el bienestar de mi hijo. Hoy no tengo miedo. Lo que pasó fue porque yo no estaba. No me voy a entregar y estoy dispuesta a dar todo por el nene.

Anochece. En la casa del barrio, la joven de 28 años intenta que su beba no llore. Se está curando de una faringitis y aún le cuesta respirar. La nenita recibe una galletita y empieza a sonreír. La joven tiene, por un momento, la mirada perdida. Piensa. Quiere decir algo pero se frena. Hasta que en el final del encuentro, recuerda con la voz quebrada una frase que su nene le dijo no hace mucho tiempo:

-No te quiero verte triste, mamá…

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25 MAY 2013 - 21:42

-Me hizo cosas feas y tristes. Te voy a contar cuando sea grande.

Con apenas cuatro años, el nene enfrentó a su mamá ante el dolor de haber sido violado por su padre biológico. Desde entonces, la joven mujer que vive en Rawson no paró un solo minuto: quiere y reclama justicia por lo que le pasó a su hijo. Fue a todas las audiencias y por eso, perdió el trabajo. Vive en una casa de barrio y se sostiene gracias a la tarjeta social y a la asignación universal por hijo. Sufrió violencia de género y muchas veces sólo puede poner en la mesa un té con pan. Cuando gasta más de 100 kilowats de energía eléctrica, no le pagan el subsidio. Y entonces, a veces debe vivir a oscuras o elegir que ropa plancha y que ropa no.

Pero todas estas cachetadas de la vida no pudieron ni pueden con su energía de seguir andando por los tribunales para que de una vez por todas, el hombre con el que alguna vez compartió su vida, vaya preso. Ella no tiene otro objetivo más que el de criar a sus hijos (también tiene una beba de un año y medio) y hacerle olvidar al nene esa pesadilla que carga desde hace tres años cuando, según su propio testimonio fue violado por su padre durante una de las visitas que la justicia le permitía después de la separación (ver “un caso…”).

-Hay veces en que el dolor me puede más. Por eso durante un tiempo tuve que tomar tranquilizantes. Me dormía en los colectivos. Me sentía mareada. Pero en ningún momento quise estar ausente en las audiencias. Incluso en las que iba él. Lo tenía a pocos metros con su mirada siempre desafiante.

-¿Cómo te enteraste de lo que le pasó al nene?

-Porque el día que le pasó, lo encontré muy violento. Y él fue siempre un nene tranquilo. Le pregunté que le había pasado pero no quiso decirme nada en ese momento. Pero yo insistí hasta que me dijo: “Mi papá me lastimó”. Fue cuando lo estaba bañando. Me dijo donde lo apretaba fuerte y las cosas que le hizo. Entonces me fui a la comisaría para hacer la denuncia. Pero no quisieron tomármela porque según ellos, el nene podía estar mintiendo. Hasta que logré que me escuchen.

-¿Le hicieron pericias?

-Si. Y dieron positivo. Después, el nene declaró en la cámara Gesell y fue atendido por psicólogos. Contó las cosas cuatro veces. Y en las cuatro veces dijo lo mismo. También, una psicóloga dijo que por los dibujos que hizo estaba claro que el nene estaba diciendo la verdad. Todo eso con las pericias médicas resultaron pruebas irrefutables.

-¿Cómo siguió tu vida?

-Puedo decir que fue un infierno. El día que me entregaban la casa fue el mismo día que el nene declaró en la cámara Gesell. Yo me descompuse, para mi fue muy fuerte. Además, el nene como es lógico quedó muy vulnerable. Y triste. Tenía miedo, a veces y aún pasado el tiempo, no quería salir a jugar con otros nenes. Los primeros tiempos fueron muy duros para mi.

-¿Cómo era tu relación con el padre?

-Estuve con él tres años. Lo conocí porque me lo presentaron unos amigos. Y después de algún tiempo de vernos nos fuimos a vivir juntos. Hoy no puedo decir lo que sentía por esa persona. Ni por qué decidí unir mi vida a la de él. Tuvimos al nene y después de un tiempo comenzó a ponerse violento. Hasta que decidí separarme porque me maltrataba demasiado. Hasta con golpes. A veces, nos echaba de la casa y con mi nene teníamos que ir a dormir al banco de la plaza. Fue una pesadilla.

-¿Entonces decidiste la separación?

-Si, pero el nunca la aceptó. Un día me dijo: “No querés volver conmigo, te vas a arrepentir”. Creo que fue una advertencia de lo que hizo después. Hubiese preferido mil veces que me haga algo a mí y que no lastime al nene de esa manera.

-¿Seguís viviendo con miedo?

-No sé si es miedo o qué. Yo no tengo miedo cuando lucho por mi hijo. Necesito que se haga justicia pronto. No puede ser que alguien que violó a su propio hijo camine libremente por la calle. Y me amenace permanentemente. Una vez nos encontró en la playa y dio vueltas alrededor de nosotros riéndose. Además hay gente que lo defiende. Incluso quienes quieren condenarme a mí. Yo soy conciente que al nene le pasó lo que le pasó porque no estaba conmigo. Pero se lo tenía que dejar porque era una orden de la justicia. Jamás pensé que lo utilizaría como una venganza. Es horrible.

-¿Cómo actuó la justicia?

-Yo no tengo más que palabras de agradecimiento hacia la fiscal Silvia Pereira. Ella estuvo siempre al lado mío. Hizo todo lo que tenía que hacer. Nunca me dejó sola. Y también la gente del Servicio de Asistencia a las Víctimas del Delito de Rawson. Me contuvieron. A mí y al nene. El nene dejó el tratamiento psicológico (tiene ahora siete años) porque no quiero que vuelva a recordar permanentemente lo que le pasó. Quiero que empiece a vivir una vida normal, como cualquier chico. Aunque sé que es muy difícil.

-Lo que se pudo saber de las audiencias es que él niega todo…

-Sí, es verdad. Siempre lo negó. Pero si es verdad que él no lo hizo nunca se preocupó en buscar a quien tanto daño le hizo a su hijo. Por eso miente. Además las pruebas son contundentes. Yo se que la justicia y los abogados tienen muchos recursos para que un hombre de esta naturaleza no vaya preso. Pero a mi entender eso sería una injusticia.

-¿Cómo ves el futuro?

-Soy una luchadora. Y más después que me pasó esto. Me pregunto ¿Qué más malo me puede pasar en la vida?. Por eso trato todos los días de salir adelante. Lo que viví con mi ex concubino ya pasó. Ahora sólo pienso en el bienestar de mi hijo. Hoy no tengo miedo. Lo que pasó fue porque yo no estaba. No me voy a entregar y estoy dispuesta a dar todo por el nene.

Anochece. En la casa del barrio, la joven de 28 años intenta que su beba no llore. Se está curando de una faringitis y aún le cuesta respirar. La nenita recibe una galletita y empieza a sonreír. La joven tiene, por un momento, la mirada perdida. Piensa. Quiere decir algo pero se frena. Hasta que en el final del encuentro, recuerda con la voz quebrada una frase que su nene le dijo no hace mucho tiempo:

-No te quiero verte triste, mamá…