SOCIEDAD

José María Pernuzzi, radarista en la batalla del aire


Oriundo de Santa Fe, vive en Trelew desde 1985. Fue radarista aeronaval y combatió en Malvinas.
14/06/2013 02:00

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El 14 de junio de 1982, con la rendición de las fuerzas argentinas, concluyó la Guerra de Malvinas. La contienda bélica tuvo una particular y extraordinaria participación de la aviación aeronaval que estaba conformada por profesionales de excelsa preparación y que sin contar con mejores instrumentos de guerra que su rival, cada miembro de las escuadrillas de Caza y Ataque demostró las cualidades en el campo de batalla.

El cielo y el aire sobre las frías aguas del Atlántico Sur entre el continente argentino y las Islas Malvinas fue el escenario de la última gran batalla de la aviación a nivel mundial. Uno de los protagonistas de aquella guerra en el aire fue José María Pernuzzi, (Capitán de Fragata RE) radarista naval, tripulante del SP Neptuno (2-P112) de la escuadrilla aeronaval de exploración.

Oriundo de la provincia de Santa Fe, José María Pernuzzi, vive en Trelew desde 1985. Fue radarista de la escuadrilla aeronaval que detectó al destructor Sheffield, acción que posibilitó que cazas argetinos pudieran atacar el buque causándole tal daño que la nave se hundió en las frías aguas de Atlántico Sur. La otra gran tarea por la que se lo recuerda es por haber encontrado a tiempo a los náufragos del Crucero ARA General Belgrano, hundido por los británicos.

José María Pernuzzi fue suboficial hasta 1982. Ese año es invitado a convertirse en oficial y la escuadrilla que en ese momento estaba en Comandante Espora se traslada a la ciudad de Trelew. Durante los años 83 y 84 Pernuzzi cursa en la Escuela Naval y en 1985 regresó a la escuadrilla. En 1985 llegó a Trelew y desde entonces este es su hogar.

- Para todos los que estuvieron en Malvinas, las fechas aniversario son momentos difíciles. Algunos han aprendido a sobrellevarlo, pero para otros todo resulta doloroso. ¿Cómo es para usted?

- En los primeros años yo no tocaba el tema. Pero pasó el tiempo y cuando me vine para acá, en 1985 me encontré con el Capital Sepetich que había sido mi copiloto en la Guerra. Animado por él fue que entonces escribí por primera vez sobre el tema.Luego en 1986 en el año del centenario. Presentamos un stand en lo que entonces era un predio (la Expo Trelew) a la vera de la ruta rumbo a Madryn.Me di cuenta que tenía que ponerme las pilas porque la gente tiene interés en esto, el mismo interés que yo tengo por escuchar a otros veteranos de guerra.Acá en Trelew hay más gente relacionada a Malvinas de la que se sabe. Acá está el comando que desembarcó en Malvinas con Giaccino, entre muchos otros.No hace mucho compré un libro con fotos sobre Malvinas. Empiezo a mirar y encuentro una foto con una cara que me parecía conocida. Pasó el tiempo y me doy cuenta que es mi vecino. Él fue soldado conscripto, pero él le ha pedido a la propia familia que no le toque el tema. (N de la R: en la foto en cuestión en un grupo de conscriptos sentados, el vecino de Pernuzzi es el único que está mirando a la cámara).

- Han pasado 31 años del fin de la Guerra de Malvinas. ¿Cómo recuerda aquellos momentos y qué reflexión le merecen?

- El tema tiene distintas aristas. Todo depende del punto de vista que uno lo vea.Yo lo veo, por un lado, como una experiencia profesional y como un hecho muy importante en la historia de nuestro país. Creo que es un hecho no deseado por ninguno y que de todo esto hay que rescatar lecciones.Principalmente, que los conflictos no se resuelven de esa manera sino que se resuelven por la vía diplomática. De la manera en que se ha llevado a cabo en los últimos 30 años. Con algunos errores pero esa es la única vía.Y hay que rendir homenaje permanentemente a todos los que murieron en Malvinas.A los que quedaron con discapacidades, a los que estuvieron alejados de la parte política. Porque los políticos están en Buenos Aires, son los que deciden la guerra pero no son los que van al frente. Eso es lo que hay que rescatar. Además de que hubo muchos actos heroicos de muchos ciudadanos. Como aquellos civiles que se anotaron voluntariamente para combatir en la Guerra. Finalmente no fueron pero se anotaron y no fueron pocos.No olvidar nunca a los que murieron y sacar experiencias de todo tipo. Desde el punto de vista humano y profesional. Creo yo que desde el punto de vista profesional las fuerzas han aprendido muchísimo.Yo creo que, por más que los británicos no hubieran tenido el apoyo de los EE.UU. y de Chile, era una guerra perdida de todas maneras. Principalmente porque Gran Bretaña no iba a quedarse de brazos cruzados con una derrota, siendo una potencia mundial como lo es.

- Según la historia, cuando Inglaterra se sintió intimidada por esa posibilidad, amenazó con atacar el continente.

- De hecho, yo estuve en Río Grande cuando se había iniciado la operación Mikako. Ese episodio surge a partir de la caída de un helicóptero británico en el sector chileno. El objetivo era tomar una de las estancias de la zona, y avanzar hasta la base, para volar los aviones Super Etendard de la Fuerza Argentina y matar a las tripulaciones aéreas. Ese día, cuando se descubre la operación, a la tripulación nos mandaron a dormir a un albergue municipal y sacaron los aviones a la ruta.

-Algo distintivo de la situación de los integrantes de la aviación es que eran personas con una gran formación y profesionales en su materia. A diferencia de las condiciones, siempre destacadas, del ejército compuesto en gran mayoría por jóvenes inexpertos en muchos sentidos.

- Yo te cuento mi experiencia. Y te hablo en particular como operador de la escuadrilla. En la escuadrilla teníamos mucho adiestramiento. En Bahía Blanca teníamos el centro de adiestramiento de los operadores antisubmarinos y los oficiales tácticos. Yo tuve 42 de carrera y 10 años de estudio. En aquellos años los tres primeros eran de formación técnica, pero antes operábamos y hacíamos el mantenimiento. Hoy el operador es operador y el técnico es técnico. Después hice un año de operador antisubmarino y un montón de cursos más. Y todas las semanas hacíamos adiestramiento en el simulador de Comandante Espora.Uno se tiene que preparar porque uno es el que lleva al piloto. En aquellos años teníamos ejercicios de adiestramiento con la flota de EE.UU. con Brasil y con nuestra propia flota. El adiestramiento es fundamental como lo es toda tarea en equipo. Yo siempre digo que ocurre en todo tipo de trabajo. En una escuadrilla, la participación individual es circunstancia, ya que hay un gran sistema de relojería que si falla alguna pieza, falla todo el sistema.De todas maneras, hay que decir que eran necesarios muchos cambios y mucha toma de conciencia. El trato y la formación tenían que ver con temas culturales y de muchos años.

- Los dos momentos más importantes de su participación en la Guerra son la detección del Sheffield y el encuentro de los náufragos de Cruceros ARA General Belgrano.

- Sí. Cuando salimos no sabíamos a ciencia cierta qué había pasado con el Crucero. Cuando llegamos al lugar tiramos sonoboyas pero no funcionaron por el estado del mar. No recibíamos la emisión porque las olas tapaban la antena. Además, estaba nublado, llovía, y no se veía absolutamente nada. Así que fue búsqueda pura.Luego de barrer todo el lugar volvimos a la base. Un radio operador llamado Fosarelli de acá de Trelew detectó por radio una señal desde una de las balsas que decía que a bordo de la balsa se encontraba el segundo comandante del Belgrano. Por entonces no había GPS, así que se operaba con cartas de navegación. Y la deriva de los náufragos se produjo al sur, totalmente opuesta a lo que se esperaba. Al equipo que trabajó en este rescate le dieron misma condecoración que nos dieron a nosotros. La Cruz de plata al Mérito Naval.El día 4 de mayo, me toca salir a volar, lo hacíamos a 300 kilómetros por hora a muy baja altura. En algún momento se me pincharon los cristales tuve que repararlos sobre la marcha y el vuelo no fue afectado. Cuando hice el primer contacto de radar, me pregunta – Pernuzzi está seguro que es un Duende- terminología para definir objeto desconocido. El operador que estaba al lado mío detecta la señal del radar de alarma temprana de un buque clase 42. Era un buque de guerra. Teníamos la ventaja de tener el Hércules Santísima Trinidad que era similar al Sheffield. Cuando me piden que reconfirme los datos de análisis, yo se lo confirmé. Y la verdad es que jamás en mi vida sentí tanto stress después de haber pasado esa información. Teníamos a dos aviones de combate con dos misiles Exocet rumbo al blanco y la información tenía que ser precisa.

- Era mucha la responsabilidad.

- Cuando regresamos al continente, los Super Etendard ya estaban en tierra, en esos momentos Puerto Argentino había informado que se había incrementado la actividad en el lugar, así que eso confirmaba que algo había pasado.Cuando llegamos aterrizamos civiles y de la fuerza aérea estaban esperándonos. Yo fue el último de bajar el avión por las tareas propias del radarista. Cuando yo me bajé, el primero que me recibió fue el segundo comandante de la escuadrilla y me dio un abrazo. Podría parecer algo normal hoy pero no lo era entonces. Que un jefe abrace a un suboficial no era algo típico. A la noche cuando fuimos a cenar nos enteramos por televisión que le habíamos pegado al Sheffield.

- Aquella generación de pilotos que integró fue muy admirada, no solo por sus pares argentinos sino también por los eventuales enemigos y en todo el mundo.

- Sí. Fueron bien vistos a nivel mundial. En los últimos cuatro años de mi carrera tuve la suerte de ir en un período de dos semanas a los ejercicios Panamax en Panamá. En esos ejercicios participaron 18 países. Obviamente, el que lleva el control de esas prácticas es EE. UU. con sus buques y sus portaaviones. En mi caso particular, la jerarquía no coincidía con mi edad, entonces la pregunta de ellos era quién era yo. Entonces cuando se mencionaba mi experiencia y mi participación en la guerra como oficial táctico se comprendía la situación. En más de una oportunidad pilotos norteamericanos venían a buscarme para saludarme. Esa era la valoración que hacían ellos de la participación en una guerra. Se trata de que, uno tiene una valoración y otro que lo ve desde otro lugar tiene otra. Yo debo decir que lo que yo hice es normal. Yo no hice otra cosa más que lo que tenía que hacer.


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