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Deportivo Madryn campeón: el sueño se hizo realidad


Goleó ayer a Estudiantes de Río Cuarto por 4 a 0 y ascendió al Argentino A. Unas 8 mil personas colmaron el estadio y disfrutaron de la consagración aurinegra. Matías Parolari, Michelena, Dómini y Bordaberry anotaron los goles del “Aurinegro”. Se desató una fiesta interminable.
09/06/2014 01:03

Cómo hago para explicar lo que está ocurriendo! Si las palabras no aparecen, si los conceptos no fluyen, si las oraciones se esconden. Si nada de lo mejor que podría ofrecer un periodista avezado alcanza para reflejar esta sublime e inolvidable tarde aurinegra. Al final de cuentas los lectores me van a entender. No hay nadie ni nada que se quiera perder la fiesta. Las ideas, el verbo y los adjetivos también andan por ahí abajo, revolcándose en el césped, entreverados en la multitud que ensaya la vuelta olímpica más merecida de la historia.

Las imágenes del Coliseo son sublimes e impactantes. El abrazo de Ricardo y Gustavo Sastre, fundidos en el amor inmenso que sienten por esta camiseta, la fruición de los plateístas que se abrazan con cualquiera que pasa cerca. Conocen a la perfección lo que costó parir este ascenso, masticando la bronca de derrotas lacerantes y tardes de hastío.

Ahí están, entre otros, Ubaldo y Néstor Monochio, con sus hijos y sus nietos, herederos de esta pasión incontrolable. Están los Casado, los Paolella, los Pritchard, los Sanz,los Mariño, los Bustos, los Menghini, los Quesada, los Redondo y tantos otros.

En el terreno, La Incomparable cubrió de trapos al campo de juego y a la música de ese grito de lealtad que cubre todas las tardes aurinegras, se suman la risa y el llanto.

Los jugadores se entregan mansos, como una ofrenda. Les queda solo la piel porque no hay prenda que los fanáticos no les hayan quitado.

Son los héroes de esta historia, desde Rodrigo Bona y Fabricio Elgorriaga, símbolos de la década ganada, hasta las nuevas figuras que llegaron de la mano de Orlando Portalau.

El partido

Pero para que todo esto sucediera, antes, hubo un partido que el aurinegro ganó con comodidad, pero que estuvo repleto de ingredientes futbolísticos y de los otros. Le costó a Deportivo Madryn al principio, por la carga emotiva de esos primeros minutos y por la capacidad del rival de salir a presionar al local en todos los sectores del campo. Pero después del primer cuarto de hora, el equipo de Portalau salió del encierro y empezó a acorralar a Estudiantes contra su arco.

A los 20´se produjo la jugada que iba a cambiar la historia del cotejo. Dómini ingresó al área adversaria por el sector izquierdo y el árbitro cobró una falta que nos pareció dudosa. Penal ejecutado con maestría por Parolari (la picó magistralmente) y 1 a 0 para el local. A partir de allí, la visita perdió la cabeza y Madryn lo aprovechó para estirar diferencias.

A los 27´, Carou recibió la pelota en tres cuartos de cancha y jugó la pelota para el pique de Parolari y Michelena, los dos en clara posición adelantada que ni el línea ni el árbitro cobraron. Michelena encaró hacia el arco, su remate se desvió en Formigo y se metió en el poste izquierdo del golero Cárdenas. A los 35´se terminó el partido con la expulsión de Jaime por una agresión a Del Cero. Fue un momento de desconcierto por una serie de discusiones y corridas que se generaron en el campo de juego, con los jugadores visitantes reclamando airadamente al juez del partido y sus colaboradores.

Cuando el partido se reanudó Madryn lució confundido y la visita con un hombre menos produjo las únicas dos situaciones de gol de la primera etapa.

La definición

En el segundo tiempo, el aurinegro tampoco comenzó bien, pero Estudiantes, a pesar del buen trabajo de Quiroga y Lucero careció de profundidad para inquietar a Pereira y solo la potencia de Colasso aparecía como una amenaza seria. La defensa aurinegra no tuvo fisuras, sobresaliendo el trabajo de Mauricio Del Cero, quien fue una muralla para las pretensiones cordobesas. A los 10´ Madryn marcó el tercero. Carou puso un pase en profundidad para Parolari, el arquero tapó el remate del goleador pero de rebote Dómini la mandó al fondo del arco.

Hubo tiempo para algunas buenas atajadas de Pereira, las expulsiones de Elgorriaga y Gigena por agresión mutua y la joyita de Bordaberry en el final, convirtiendo el cuarto gol con una definición propia de un crack.

Festejo inolvidable

Cuando el árbitro marcó el final, se desató la locura. Y a partir de allí, nada de lo que pasó se puede explicar con palabras, porque no hay pluma, ni creatividad, ni inventiva, que pueda reflejar tanta alegría y semejante pasión.

Hombres, mujeres, niños, de todas las clases sociales unidas por un mismo sentimiento, derrotando al frío de la tarde con el fuego de una pasión que sale del alma.

Un hincha se arrodilla en el césped y mira hacia arriba para agradecer al creador por este regalo. Alguien que lo conoce se coloca a su lado y llorando como un chico le dice: “Dios es aurinegro, te dije que el barba es hincha de Madryn”.

Una marea humana vestida de amarillo y negro se adueñó de la jornada y entre lágrimas y abrazos interminables pudo gritar todo lo que tenía guardado en las vísceras. Esa es la imagen que perdurará por los siglos de los siglos, los hinchas del “Depo”, abrazados a una tarde que no olvidarán jamás, una multitud estoica de mujeres y hombres que entendieron que los sueños son solamente para hacerse realidad.


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