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Opinión / Con aroma de mujer



Por Raúl “Bulin” Fernández / Especial para Jornada

Aprendiendo día a día desde el nacimiento hasta dejar de existir. Una consigna diaria que nos permita salir del pensamiento único, sectario y excluyente. La posibilidad de abrir el debate para escuchar al otro que no opina igual, no importa el tema que sea el elegido.
Haber crecido en una sociedad machista y autoritaria nos genera en medio siglo todo un formato interior y de pensamiento que no resulta sencillo ni práctico modificar. Más aún cuando lo primero es no reconocerlo.
La reciente desaparición física de Chicha Mariani (María Isabel Chorobik), cofundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, me mueve a pensar de la relevancia de este tipo de mujeres que, movidas por una situación extrema de perder a su hijo y nuera en manos de la dictadura, encontró valor y actitud de luchar organizadamente por la aparición de su nieta, nacida en cautiverio.
Llama la atención la poca lucidez dirigencial de referenciar el momento y su actuación en la historia argentina.
¿Cuántas mujeres en lo cotidiano construyen la sociedad que luego harán historia? Miles. Muchas más que los hombres seguramente porque han sido corridas de lugar, sujetadas en cuatro paredes, acorraladas en mandatos sociales o instruidas a seguir a un hombre que las “proteja y cuide”.
La reciente movilización de la búsqueda de aprobación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo se convirtió no sólo en un grito de rebeldía, sino además en un mojón muy claro del cambio de época.
Las conquistas alcanzadas no son suficientes, buscan más y mejores espacios de calidad de vida, de reconocimiento, de acción igualitaria. Debemos escuchar y actuar en consecuencia.
Los hombres tenemos la responsabilidad y obligación de sumar, de escuchar y de compartir.
Estos vientos de cambio que se perciben en cada espacio, en cada hogar o institución, deben ser alentados y convertirnos en compañeros de ideales.
Desde romper con los mensajes y chistes que denigran, no tan sólo a la mujer, en el uso de redes sociales; hasta haciéndonos cargo de corregir cotidianamente el vínculo con quienes nos rodean.
Son muchas y buenas las razones que alientan a pensar un futuro mejor, pero la dirigencia con responsabilidades deberá necesariamente acelerar esos tiempos y asumir tareas y acciones desde cada lugar donde se ocupe.
Los jóvenes, y algunos no tanto de edad pero sí de espíritu, vuelven a ser el ejemplo de la ilusión y las utopías. De allí la relevancia de escuchar, participar, definir y actuar en consecuencia.
Queda claro que el sólo hecho de ser mujer no avala que todo lo que pueda hacer está bien, pero el amor, la caricia, la comprensión, la equidad, la justicia y la solidaridad siempre son más genuinos cuando provienen con aroma de mujer.#
 


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Bulin Fernández Opinión
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