PROVINCIA

Editorial / Los 368 días de Arcioni en el poder, las dudas del peronismo y el desconcierto de Cambiemos


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04/11/2018 02:00

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Si hace tres meses alguien pronosticaba que en noviembre el gobernador Mariano Arcioni iba a tener la iniciativa política en su mano, las cuentas públicas en vías de recuperación y un camino viable hacia su reelección en 2019, probablemente nadie le hubiera creído.

No se puede soslayar que Arcioni haya podido tomar el toro por las astas luego de la intensa tormenta que le tocó atravesar desde que asumió su cargo hace exactamente un año y tres días. Salir a la cancha casi sin entrenamiento a reemplazar al último gran líder de la política chubutense; sobrevivir a la onda expansiva que causaron los estallidos de las causas de corrupción que llevaron a la cárcel a buena parte del equipo del gobierno del que él era parte importante; y tratar de levantar las velas de un barco virtualmente incendiado en medio del desprecio del Gobierno nacional, no parecía una tarea sencilla para alguien que llegó a la cima del poder sin paracaídas ni red de contención.

Los errores que cometió junto a su equipo en los primeros meses de gestión no le daban ánimo ni al más optimista de sus colaboradores. Pero hacer cambios a tiempo, ir aprendiendo a los ponchazos a medida que andaba y un contexto general del país tan negativo, lo pusieron del lado que había que estar ante un Gobierno nacional que no paró de esquilmar a los patagónicos y a los chubutenses en particular.

¿Alcanza todo esto para dar vuelta la tortilla y garantizar la reelección? No. Pero hizo la parte más difícil del camino antes que el resto y cuando tuvo un poquito de estabilidad política se lanzó a jugar fuerte.

El adelantamiento de las elecciones es una decisión en este sentido. Les corrió el arco a todo el espectro político y los puso a todos a resolver sus problemas con menos tiempo del que pensaban tener. La Provincia pasó de terapia intensiva a intermedia y nadie puede relajarse, pero adelantar las elecciones para mayo o junio fue una jugada política y de sobrevivencia necesaria.

Por supuesto que siempre está el riesgo de perder las elecciones y quedar a seis meses del recambio de mandato con otro gobernador electo y todo el arco político golpeando las puertas con fuerza. Pero con regalías dolarizadas, coparticipación en ascenso y 800 millones de pesos para obras producto del voto favorable al Presupuesto Nacional de la diputada Rosa Muñoz, el Gobierno comienza a resolver despacio pero sin pausa tres temas centrales: los sueldos escalonados (se terminarían en diciembre); la deuda con los proveedores; y las negociaciones paritarias con los gremios estatales.

El factor interno

Así como el Gobierno nacional lo “ayudó” a Arcioni a quedar de la vereda correcta de cara a muchos chubutenses, también algunos factores políticos internos le han abierto el camino a este presente en el que pensar en una reelección no es descabellado.

En este sentido, el poco esmero que buena parte de los dirigentes peronistas viene haciendo para encaminar al PJ a un escenario de unidad o, al menos, de internas entre pocos sectores, también le ha jugado a favor. En este escenario, dos fichas claves del tablero político como son los intendentes de Trelew y Puerto Madryn, Adrián Maderna y Ricardo Sastre, siguen afinando su relación con Arcioni y la indecisión del peronismo sobre la unidad los deja más afuera que adentro del PJ.

Maderna no tiene ambiciones que compitan con las de Arcioni y tiene un caudal electoral interesante en Trelew. Pero Sastre sí piensa en llegar a Fontana 50 y no se va a entregar así nomás. Pero el “Mellizo” aprendió a templar su temperamento, hace cuentas y no descarta que si no le toca ser en este turno electoral, jugará fuerte para estar cerca del próximo gobierno en 2019.

El peronismo parece navegar como el Titanic hacia el iceberg en medio de la noche. El final puede ser distinto al del famoso transatlántico porque, por suerte, no son pocos los dirigentes que vienen alertando sobre las consecuencias que podría tener la inacción de una conducción partidaria que no sabe para dónde ir y la de varios referentes históricos que siguen jugando con fuego muy cerca del bidón de nafta.

Hay varios sectores remando contra la corriente, entre ellos el novel Movimiento de Unidad Peronista (MUP), que impulsan la senadora Nancy González, el diputado Javier Touriñán, el sindicalista Héctor González y el dirigente Néstor Hourcade. El MUP sigue armando reuniones en toda la provincia, milita la unidad más allá del nombre y piensa en un frente electoral que lleve al PJ como cabeza de una serie de partidos.

Pero hay algunos que ponen piedras en el camino y están pensando más en echar gente del partido que en abrir las puertas. Otros están pensando en impulsar candidatos propios con sellos como el de Unidad Ciudadana, que en Chubut significaría tirar la última chance que tiene el PJ a los perros.

En Cambiemos, mientras tanto, están desconcertados. Salieron a cuestionar el posible adelantamiento de las elecciones sin demasiados argumentos. A cualquier candidato local de la alianza que gobierna el país le convendría despegarse de la boleta de Mauricio Macri si quiere tener chances de algo en Chubut. Claro que tampoco ir despegados les sumaría mucho porque esto podría acelerar las probabilidades de que la cada vez más débil ligazón que mantienen la UCR y el PRO en Chubut, termine rompiéndose y cada uno vaya por su lado. Ese sería un destino que no tendría otro final que una dura derrota.

En este escenario está parada hoy la clase política chubutense. Falta mucho para la definición pero no tanto. Quien logre caminar despacio y por las piedras tendrá las mejores chances de llegar antes a la meta.


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