SOCIEDAD

El juego de la oca

Los supuestos básicos, por Daniela Patricia Almirón.

14/05/2017 02:00

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La sensación de un deja vu es un poco extraña. Es exactamente la duda entre si viví realmente ese momento, un juego macabro de la mente, o tan solo mi imaginación.

¿Y si realmente viví ese momento? O si estoy viviéndolo en otra dimensión, o en otros planos, como plantea alguna teoría. ¿Y si tan solo es un sueño? ¿Y si tan solo es la primera vez y no hay nada más?

El universo no tiene relojes. Esto del tiempo me da vueltas desde niña, con tanto libro de fantasías y ciencia ficción que tenía cerca para embriagar mi cabeza.

Me gustaría haber estado un ratito, ¡sólo un ratito! en la cabeza de Robert Zemeckis cuando escribió el guión de “Back to the Future”. Entre las inspiraciones que habría tenido para escribirlo, está el cuento “El ruido de un trueno”, de Ray Bradbury. Es un cuento fenomenal, con un simbolismo traspolable a cualquier tiempo. Los personajes se trasladan al pasado para una cacería de animales prehistóricos y tienen ciertas reglas, porque nada puede modificar del pasado. Modificar el pasado es modificar el futuro.

Hace pocos días me enganché viendo nuevamente la primera de la saga de “Volver al Futuro”. Me sigue entreteniendo y conmoviendo. El contenido de ficción es una excusa para contar otras historias emotivas. Es una excusa para pensarnos en el ¿que sería sí…? Cuando solo tenemos este momento, este presente, este plano.

Esta peli, que en el aniversario de sus 25 años de estreno se remasterizó para ser reestrenada, ha motivado video juegos, un parque temático y la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos la eligió para que fuese preservada en el Registro Fílmico Nacional, entre otros tantos galardones.

En blanco y negro recuerdo que veía en la tele “El túnel del tiempo”, ¡qué antigüedad!¿no? Me encantaba. Por supuesto la serie transcurría en EEUU, un proyecto hipersecreto, en un hipersubterráneo laboratorio, con un túnel transportador al pasado.

Los científicos dicen que eso del reloj biológico es cierto. También explican que como vemos, sentimos, experimentamos el tiempo, estaría en nuestro cerebro.

La ciencia puede explicar que en una acción en la que se conjugan el tacto, un sonido y la vista, este es el orden en que llegan a nuestro cerebro. Pasa que esa cajita energética junta todo y lo percibimos de una vez. En un instante. El cerebro tiene un mecanismo por el que se anticipa, predice el futuro porque tiene un registro de una acción determinada. En milésimas de segundos el cerebro puede anticiparse porque volvió al pasado, al registro que ya tiene y de esa manera actúa en el presente. Qué potente.

Hay un experimento muy interesante, o es más bien un juego. Invitadas cientos de personas a dibujar el tiempo, en el espacio; y para ello deben usar tres círculos, cada cual lo plasmará de manera diferente. Lineales horizontales, verticales, inclinados, entrecruzados, empalmados, y para cada cual el pasado, el presente y el futuro estarán representados en esos círculos. El ensamble de esos cientos de círculos dibujados forma una mariposa. En el centro coincide con el presente, a la izquierda el pasado, a la derecha el futuro.

De alguna manera necesitamos plasmar el tiempo y la manera que encontramos de representarlo, es poniéndolo en el espacio.

Lo que resulta notable es que si bien pareciera que la mayoría de los terrícolas puede percibir el pasado atrás y el futuro hacia adelante, no es así totalmente. Porque no todas las culturas perciben y representan el tiempo de la misma forma. Así es como los aymara tienen una concepción muy diferente y resulta fascinante.

Los aymara expresan que el pasado está adelante, porque es lo que se ve. El futuro, que no podemos verlo, está atrás. Y así lo expresan con el lenguaje también.

Ellos definen con la palabra Nayra, vista, lo que vemos, y también significa pasado. El pasado lo tienen delante y lo ven.

Con la palabra Qhipa definen espalda y también futuro, porque no lo pueden ver, está atrás.

Para definir día, dicen Uru. Y componen la palabra Qhipuru, para decir mañana, un día en la espalda, un día atrás, que no se ve, y por eso es el futuro

Es más, cuando lo expresan al hablar, lo muestran con sus brazos. Si hablan de algo que pasó extienden sus brazos hacia adelante, si es un pasado muy lejano, los extienden mucho más. Y si quieren hablar de algo que no ha sucedido, llevan sus brazos hacia atrás.

Se acerca mi cumpleaños, puedo decir. ¿Desde dónde se acerca? ¿En qué lugar del espacio está? Es un punto en el tiempo, aunque necesitamos conceptualizarlo y representarlo de alguna manera, palpable en el espacio.

Siguiendo la concepción aymara, lo que conocemos es lo que vemos, y lo que vemos es el pasado. Lo que desconocemos está a nuestras espaldas, porque ellos se conciben caminando hacia atrás. A medida que más pasos dan, van descubriendo un nuevo presente y un nuevo futuro, ahí atrás donde está el destino.

El tiempo está en todos lados, estudiado por muchos, no solo por la neurociencia.

El tiempo nos atraviesa, en cada suspiro, pestañear, mover un músculo, traccionar una articulación.

¿Qué hacer con el tiempo y su contenido? ¿Dónde ponerlo? ¿Dónde acomodarlo sin inmovilizarlo? Porque puede que se corra el riesgo de ubicar el tiempo y su contenido espacial en un envase sobre una repisa para sacarlo y meterlo a antojo y perderse el hoy y el destino.

Si caminamos mucho hacia adelante, quizás volvamos al pasado, o habrá que caminar hacia atrás construyendo presente a cada paso en el develado del destino, mirando para alejarse del pasado.

Cómo es el tiempo para una mariposa, que rompe la crisálida y tiene signado su tiempo de vida. Aletea. Su movimiento no es neutro. Mi aleteo humano no es neutro. Entonces tal como el antiguo proverbio chino «el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo». Del mundo que ocupo y me ocupa. Del mundo que ocupamos, temporalmente y que decidimos cómo plasmarlo en el espacio. ¿Hacia adelante o hacia atrás? #

(*) Daniela Patricia Almirón es abogada-mediadora