Roberto Bubas: el sueño sigue firme hacia el futuro

02 JUL 2017 - 17:20 | Actualizado

Mucha agua ha corrido por las restingas de Península Valdés. El tiempo, como canta Caetano Veloso, ese compositor de destinos, ha logrado que se realicen esos proyectos plenos de potencia. Roberto “Beto” Bubas sigue firme en su camino; avanza decidido y en ese camino, ocurren situaciones tan sorprendentes y maravillosas cómo cuando empezó su diálogo con las orcas. Junto a él, hemos decidido publicar nuevamente la entrevista que le habíamos realizado en enero de 2016. Allí comentaba entre sus trabajos a futuro, una película basada en su narración “Agustín corazónabierto”. Y esa idea se concretó en “El faro de las orcas”, con la actuación de Joaquín Furriel y del mismo Beto, “haciendo de mí mismo. Doblarme a mí mismo fue una experiencia extraña. En la película de la vida uno elige ser actor o personaje. O director, gobernante y ejecutor de sus sueños más preciados”.

Ese fue uno de los sueños cumplidos ya; y el otro, no menor, es que la Escuela de Guardafaunas esté funcionando con la Universidad del Chubut. Hay, sin embargo, un sueño que lo devela: intentar revolucionar, de algún modo posibilitar el primer escalón, la política pública estatal de cultura de la provincia, de la zona y del país. Es que Bubas piensa que “una falla estructural básica que me parece notar en el organigrama institucional de muchos estados provinciales es que al organismo encargado de la Cultura se le asigna un rol menor en relación a otros estamentos.

Así tenemos, por ejemplo, una Secretaría de Cultura, y un Ministerio de Turismo, etc. Tal vez sea el tiempo de revolucionar los viejos conceptos de organización provincial, y alentar como política de Estado la creación de una institución de mayor jerarquía y alcance, un Ministerio de Cultura de amplia base, un organismo encargado de promover los valores y virtudes culturales que contrarresten la preponderante cultura de la ambición, del derroche, del asistencialismo y del descarte -entre otros vicios- y que de algún modo atraviese, de manera vinculante, a las demás instituciones del Estado”.

Pero, alguien podría preguntarse, ¿por qué Bubas insiste que el problema es de cultura política? Bubas piensa en voz alta: “La crisis ambiental no es un fenómeno ecológico sino socio-cultural. Es el resultado de una visión del mundo que ignora los límites de la naturaleza y los estilos de vida de las diferentes culturas. La crisis ambiental es una crisis ética y conceptual de las instituciones públicas y de las políticas de Estado, de relaciones sociales injustas, y de una racionalidad equivocada del individuo -nosotros- respecto a nuestras necesidades, anhelos y ambiciones; todo en conflicto con la trama esencial de la vida”.

Reeditamos la nota realizada en enero del 2016, con estas dos grandes noticias, la del film y la de la Escuela, ya en plena difusión y realización. Y Roberto sigue en busca de concretar sus otros sueños. Este próximo martes, se estrena oficialmente en Rawson “El faro de las orcas”, con la presencia de su protagonista, Joaquín Furriel y Beto Bubas. Es una buena oportunidad para recordar y repasar las opiniones del guardafaunas que abrió su corazón en la naturaleza y ésta le respondió.
 
“El juego secreto con algas me hizo amigo de las orcas”
 

Por Marcelo Eckhardt / Tela de Rayón
 
Recién llegado de Roma, donde fue invitado por naturalistas que trabajan con tiburones blancos, Roberto nos introduce en la naturaleza de la provincia y de Península Valdés, con su apasionante experiencia como guardafauna. Su mensaje es claro y simple: todos podemos y debemos realizar una comunión con la vida natural. Y vivimos en una zona bendecida, donde a metros de donde vivimos, podemos disfrutar a pleno de ella.
 
Contame de tu infancia en la cordillera.
 
Mi barrio en Esquel era una zona marginal donde el progreso se demoraba en llegar. Eso fue una suerte, porque estaba rodeado de chacras, zanjas y potreros, todo un territorio propio fértil para que un chico juegue, sueñe, imagine. Mi escuela -la 8- estaba en la loma, rodeada de tierra y greda. Viéndolo desde acá, me parece que el barro no sólo enchastra, también enriquece la imaginación de un chico cualquiera.
 
¿Cómo nace tu amor por la naturaleza?
 
Creo que nace ahí mismo, en mi barrio. Aunque la mayor influencia fue que mis abuelos tuvieran una chacra grande a orillas del Lago Rosario, ese era mi terreno de exploración por excelencia. Pasé mucho tiempo en ese campito. Semanas, meses de vacaciones, años. Ahí me volví un autodidacta, totalmente interesado por todo lo relacionado con la naturaleza y la ciencia, el espacio exterior y el microcosmos.
Creo que el amor por la naturaleza es algo inherente al ser humano, que tarde o temprano cae de maduro en nuestra comprensión y entendimiento. Somos parte del universo, la naturaleza no está en la vereda de enfrente como una entidad separada a quien podemos odiar o amar. Si amamos, nos amamos. Si odiamos, nos odiamos también. Todo nos vuelve, y a veces más pronto de lo que creemos.
 
¿Cómo fue que viniste a la costa desde tu Esquel natal?
 
Desde muy chico me fascinó el mar. Coleccionaba unas revistas de Jacques Cousteau que llegaban al pueblo una vez al mes y mi sueño en aquellos tiempos era convertirme en biólogo marino y trabajar en el Calypso.
Después de terminar el secundario en la Politécnica de Esquel, gané una beca para ir a Italia. Cuando regresé de ese viaje, en 1991, era una época dura en la Argentina. Tenía 20 años, y la economía de nuestra clase era apenas de subsistencia. Tomé la decisión, con pesar, de volver a Italia, empujado por la necesidad de forjarme un futuro. Y fue en Roma, recuerdo, exactamente en la plaza San Pedro en el Vaticano, frustrado y triste respecto a mi futuro incierto en un país ajeno, cuando decidí volverme a la Patagonia a hacer algo relacionado con la naturaleza. Planeaba dos opciones: estudiar biología marina, o intentar ingresar como guardaparque en Los Alerces. Finalmente opté por lo primero, llegué a Puerto Madryn y empecé a estudiar biología.
 
 
¿Allí decidiste ser guardafauna? ¿Cómo fue tu llegada a la Península Valdés?
 
En Madryn iba a la Universidad a la tarde, y en la mañana trabajaba como preceptor en la escuela 736. Los fines de semana pasaba a buscarme Quique García para trabajar como voluntario en las reservas de fauna de la península. Quique era el flamante director de conservación de áreas protegidas, grandote incansable y entusiasta, autodidacta como yo, y con muchas ganas de hacer. Las Reservas de Fauna de la provincia estaban muy venidas abajo, y se había propuesto la tarea titánica de levantarlas. A los pocos meses de trabajar en ese voluntariado, mientras íbamos a Punta Norte, se detuvo en Caleta Valdés. Nos asomamos al acantilado y justo tres aletas negras surcaban el mar frente a nosotros. Me quedé impresionado, por las orcas, los pingüinos, los elefantes marinos, por el paisaje, la soledad infinita. Me dijo que necesitaba alguien para ese lugar, que la gente hacía desastres, y ningún guardafauna quería ir, porque no había instalaciones. “-¿Te animás?” Me dijo Quique. “Traemos una casilla rodante, un tambor con agua y te instalás acá”.
No hizo falta que me diga nada más. “¡Contá conmigo!”, le dije sin pensarlo dos veces. Nos dimos la mano cerrando el trato, y a los pocos días estaba ahí, solo en medio de la nada, contento como perro con dos colas, primer guardafauna de la Caleta. Jamás me arrepentí.
 
¿Cómo nace tu particular e intensa relación con las orcas?
 
Este es sin duda el mayor tesoro que recibí de la naturaleza, y nació jugando. Jugando con algas. En 1992 había empezado a monitorear las orcas que visitaban la reserva. Trataba de reconocer a las orcas que el guardafauna López había identificado en la década del 70, y me metía en el agua para verlas desde más cerca y dibujar las aletas dorsales, ya que prismáticos y cámara fotográfica eran un lujo inexistente en aquellos tiempos para mí. Mientras hacía eso en una ocasión, una orca de un grupo de cuatro, se acercó hasta la orilla y dejó un manojo de cochayuyos frente a mí. Alzó su cabezota varias veces y se alejó. “Esta quiere jugar” pensé. Le devolví el manojo de algas, tirándolo con fuerza mar adentro. Alucinado vi cómo lo fue a buscar y me lo trajo de nuevo a la orilla. Las otras tres se unieron al juego y ahí empezó una fiesta, algo increíble que me emociona recordar. Antes de bajar la marea se fueron, y durante varios días seguidos llegaron a la misma playa y a la misma hora esperándome para jugar. Mantuve el secreto durante cuatro años. Lo demás es historia conocida.
 
¿Y tu lucha por salvarlas del cautiverio?
 
Durante quince años pasé miles de horas con ellas, monitoreándolas para saber su estado de conservación y jugando cuando era su iniciativa hacerlo. Además de mi caballo Rigel, probablemente pasé durante esos años más tiempo con las orcas que con cualquier ser humano. Se convirtieron en mi familia. Saber de orcas cautivas, fue como saber de un miembro de mi familia preso e incomunicado injustamente. Saber que en mi propio país hay una orca presa desde hace 20 años y no hacer nada para liberarla sería impensable. Es el caso de Kshamenk, y contra viento y marea, conservo aún la esperanza de que podamos rehabilitarla y liberarla para que se reencuentre con su familia que todavía reside en el mar del Tuyú, donde fue capturada en 1992. Técnica y legalmente, su liberación depende más que nada de una decisión política del gobernador de la provincia de Buenos Aires.
  
¿Cuál es la situación de las orcas y otros animales en cautiverio?
 

No me preocupan sólo las orcas sino el cautiverio en general, y no sólo por el sufrimiento injustificado de un ser vivo, sino por el mensaje que se transmite a la sociedad. Por más que intenten disfrazarlo, el mensaje de un zoológico o un acuario es opuesto a los valores que queremos enseñarles a nuestros hijos. El respeto por la libertad y la vida es en conjunto un pilar fundamental de la sociedad humana. Ser coherentes con estos valores implica no mantener animales cautivos, y menos aun justificando el hecho en la educación.
Y respecto a las críticas a la liberación, creo que se subestima la capacidad de los animales salvajes para recuperarse por sí mismos sin tanta intervención humana. Los protocolos de reintroducción de especies de la fauna silvestre parecen estar escritos por los empresarios del cautiverio con el propósito de desalentar cualquier intento de que se les acabe el negocio. Creer que un animal en buena condición física no es capaz de sobrevivir en su medio previa rehabilitación, es como creer que un preso es un caso perdido que no se puede reintegrar en la sociedad.
En el caso de Pangui, por citar un ejemplo, el puma encontrado en el patio de una casa en Trelew en octubre pasado y alojado en una de las jaulas del zoo de Rawson, creo que debería iniciarse sin demora un proceso de rehabilitación para liberarlo en la próxima primavera. Claro que debe hacerse junto a algunas medidas, como la creación de un fondo de reintegro a potenciales ganaderos damnificados y un seguimiento satelital que nos permita aprender sobre su comportamiento en libertad y cuantificar, de existir, su predación sobre el ganado ovino. Tenemos la tendencia a declarar plaga a cualquier fuerza natural opuesta a nuestros intereses económicos en el corto plazo. Sin embargo, en el mediano y largo plazo, la presencia de un predador como el puma o el zorro resulta beneficiosa porque aumenta la capacidad de carga de un campo. Esto lo demostró el biólogo sudafricano Allan Savory en la década del 70, desarrollando un modelo de gestión integral agrícola ganadera que, en mi opinión, sería oportuno aplicar en nuestra meseta. Vale la pena intentarlo. Y no se trata tanto de ciencia, grandes inversiones ni esfuerzos, sino básicamente de sentido común.En esta idea estamos trabajando un grupo de amigos junto a la abogada ambientalista Luján Pérez Terrone y la bióloga Glenda Spanjersberg, con el asesoramiento de otros especialistas.
 
Estás asignado en El Doradillo. Ante el cambio de gobierno, ¿tenés expectativas de mejoras en tu área?
 
El Doradillo es el mejor lugar en el mundo para hacer avistamiento de ballenas desde costa, está dentro del Área Protegida Provincial Península Valdés, y es por lo tanto una obligación indelegable del Estado Provincial velar por su conservación. Sin intención de culpar, sino de ayudar a establecer responsabilidades, debo decir que la gestión anterior en vez de apoyar, fortalecer y proveer de medios de trabajo al agente provincial allí asignado, dejó el área huérfana, delegando su custodia y manejo en el municipio de Madryn, que con recursos escasos hizo lo que pudo y bien, pero que no fue suficiente. Confío en que la actual gestión remediará esas faltas.
También pienso que debemos trabajar en la educación, en ayudar a entender que la responsabilidad de la conservación de estas áreas lindantes con las urbes no es solamente del gobierno, sino de todos los vecinos que disfrutamos de la cercanía de la naturaleza y la usamos para nuestra recreación. Cuanto más conscientes seamos como ciudadanos del uso responsable del lugar, habrá menos necesidad de control y menos prohibiciones también. Sería importante zonificar el área, determinando zonas donde los visitantes puedan realizar diferentes actividades deportivas y de recreación, teniendo en cuenta las diferentes épocas del año y la estacionalidad de las especies presentes.
Debemos actuar localmente, pero sin dejar de pensar globalmente. Creo que a veces exageramos en las medidas de protección haciendo de nuestras áreas protegidas, zonas de veda. Pienso que no va a funcionar un planeta con extensas áreas prohibidas para los 7000 millones de habitantes que poblamos el planeta. El gran desafío hoy no es conservar prohibiendo, sino permitiendo. 
 
¿Y a nivel provincial?
 
El reciente compromiso del gobernador Das Neves de derogar la ley que permite amplia libertad de acción a la Megaminería en nuestra provincia, es una decisión valiente y necesaria. Me hace confiar en que, en cuestiones de medio ambiente, se animará todavía a más. El mundo necesita de este tipo de gestos contundentes de parte de sus líderes.
Tenemos otro argentino amigo de la naturaleza ubicado en una posición estratégica en el concierto geopolítico mundial, y es nuestro Papa Francisco. Creo que no deberíamos verlo solamente como un líder religioso, sino como una de las personas con mayor imagen positiva hoy en el mundo, cuya filosofía de pensamiento y acción influyen en casi un tercio de la humanidad. El pasado abril publicó una encíclica, el documento más importante de su gestión, sobre el estado actual del planeta y la protección de la naturaleza.Se trata de un manifiesto que, por sus características y visión práctica, debería ser material de consulta de todos los gobernantes del mundo, más allá de las creencias personales.
En ese marco y dada la abundancia y diversidad de nuestros recursos naturales, podríamos como provincia captar el interés de organizaciones del mundo para lograr transferencia de tecnología, asistencia técnica y apoyo financiero para la creación de reservas de la biósfera en el Chubut, con un concepto más revolucionario y provechoso. Cuando a la gente no se le permite disfrutar o beneficiarse de la naturaleza, se vuelve indiferente a lo que a la naturaleza le ocurre. Una Reserva de la Biosfera no debería ser un santuario natural inaccesible, sino un polo productivo de desarrollo sostenible en beneficio del pueblo.
 
¿Cuándo comenzaste a escribir?
 
Empecé a escribir de chico, a los 8 ó 10 años, tal vez para ayudarme a aclarar algunas ideas o para salirme de la realidad. Tuve la suerte de que algunos editores se han animado a publicar mis escritos, casi siempre en un contexto autobiográfico, pero no me considero un escritor.
 
¿Cómo nació la idea de Agustín Corazonabierto?
 
Agustín nace de una historia real, de la visita a Punta Norte de un chiquito de 7 años, sordomudo y con conductas autistas que logra mejorar en contacto con la naturaleza del lugar. También de mi relación de amistad con las orcas, y particularmente con Agustín, un cachorro de orca que forma parte de las orcas residentes en nuestro mar.
 
¿En qué nuevos proyectos estás trabajando? 

En equipo con otras personas, estamos trabajando en algunas ideas que todavía no han sido presentadas en forma de proyectos.
Una es la Escuela de Guadafaunas, Hospital de rehabilitación de fauna y  Zoológico virtual en las instalaciones del ex-zoo de Rawson. La presenté por primera vez en el año 1997 al gobernador Carlos Maestro pero en aquel momento no prosperó. Chubut es una provincia pionera en conservación y creación de espacios naturales protegidos, en coherencia con esa política ambiental, crear un centro de formación profesional, más que una necesidad  es una obligación.
El Canto Universal a la Vida es otra idea que estamos desarrollando con Daniel y Patricia Asencio, Diego Lacunza, Laura Redondo, Liliana Merino y amigos que se van sumando. Se trata de un evento que reunirá coros del mundo, incluyendo a los pueblos originarios con sus respectivos idiomas, cantando a las ballenas en el Doradillo, en un gesto simbólico de unión, respeto y compromiso con la naturaleza.
Por otra parte, la película basada en la historia que originó el libro Agustín Corazonabierto inicia su etapa final de rodaje, y el próximo año estará en los cines del mundo. Se llama El Faro de las Orcas, y además de su mensaje de respeto de la diversidad y a la vida, creo que será un elemento promocional importante para nuestra provincia. 
 
¿Una utopía?
 

Prefiero hablar de ideales más que de utopías. Una utopía es algo que no existe. Con el perdón de Tomás Moro, pienso que una utopía es una noción abstracta inspiradora de nada. En cambio un ideal es un modelo motivador que nos invita a trabajar para alcanzarlo.
Mi ideal es el de un mundo en armonía. El hombre en equilibrio con la naturaleza que lo rodea. Un planeta sin guerras y sin chicos temblando de hambre y miedo.
La armonía con la naturaleza, creo, solo puede venir con un orden social más justo. A una familia que llega a fin de mes con ruido a tripas vacías, sin un techo propio, y discriminada por la sociedad no se le puede pedir que “eleve su conciencia ambiental”.
Me parece que esa debe ser la labor fundamental no sólo de los gobiernos, sino también del pueblo a través de gestos solidarios y llevando una vida simple, tomando conciencia de cuánto es suficiente. Todo lo que tenemos viene de la naturaleza. Si todos tenemos todo lo que se nos antoja, por capricho nomás y no por necesidad; si cosechamos pero no sembramos, si talamos pero no plantamos, la herencia que dejamos es un planeta devastado. Puede sonar trágico, pero si nos desentendemos de esto, estamos cavando la fosa de nuestros nietos.
 
¿Cómo era un día tuyo en la Península?
 
Además de la tarea rutinaria normal de dar información, mantenimiento, vigilancia y control que desarrolla un guardafauna, llevaba adelante el proyecto de monitoreo de las orcas y sus estrategias de caza. Leía bastante, soñaba despierto y escribía cada tanto algunas reflexiones. Las más audaces y profundas se fueron convirtiendo,al tiempo y casi sin darme cuenta, en libros publicados.
 
¿Cuál es la música que mejor ensambla con la Península?
 
Soy un ignorante en muchas cuestiones, y en esa particularmente. Pero siempre que escucho música del altiplano -sikuris, charango y tambores- me resulta familiar a este paisaje, inexplicablemente siempre hermoso aún en su disfraz de desierto.
 
¿Te consideras feliz?
 
Tuve la suerte de haber nacido en una cuna humilde, y de haber trabajado desde chico. Me siento pleno tratando de cumplir con el rol que creo que me toca en esta vida, con mis hijos sanos, creciendo y estudiando. Todo lo demás es bienvenido pero, en relación, poco importante, casi innecesario. Soy un tipo simple que vive simple, y así va a ser siempre. En eso consiste el éxito para mí.
 
 ¿Qué hace falta cambiar o mejorar para un mejor cuidado de esta zona?
 

En un plano general, creo que nos falta bastante, aunque no demasiado. Soy optimista, y confío en que las cosas van a ir cambiando con el tiempo. Pienso que la responsabilidad es también individual, no solamente de las gestiones de gobierno, aunque más no sea para indignarnos y movilizarnos exigiendo prácticas amigables con la tierra. Necesitamos crecer en conciencia ambiental. Pero como te decía antes, debe venir de la mano de medidas que permitan que las necesidades básicas de la gente sean satisfechas para que puedan detenerse a pensar en el cuidado del ambiente. Pienso también que no es lo mismo asistencia que asistencialismo. Creo que la asistencia en la precariedad y en la pobreza es obligatoria, urgente y beneficiosa; es una soga solidaria que te tiran para salir del pozo. En cambio el asistencialismo me parece perjudicial, porque te mantiene ahí abajo esperando la dádiva, esclavo vitalicio de una limosna social que no te motiva a integrarte como elemento útil a vos mismo y a la sociedad.
 
Particularmente en lo que a las áreas naturales protegidas se refiere, pienso que sería importante modificar las jornadas laborales, optimizar las condiciones de trabajo, el régimen jubilatorio y crear un semillero, una escuela de guardafaunas con prioridad para jóvenes locales. Hoy somos solamente 25 guardafaunas activos en toda la provincia, y más de la mitad tenemos 25 o más años de servicio, con mucho desgaste por desarraigo y condiciones de vida y trabajo que no han sido saludables durante los primeros 15 ó 20 años. El sistema de guardafaunas necesita ser renovado, inyectado con gente joven, con la mente fresca, que sienta pasión por trabajar aislada en la naturaleza, pero que a la vez se sienta integrada en la sociedad. Chicos que releven en sus funciones a los viejos que ya hicieron su parte y les dejan el lugar. Para eso creo de fundamental importancia crear una Escuela. Nos gustaría que esta escuela de Guardafaunas Provinciales se llame Valeria Ramos, en homenaje a nuestra compañera que falleció en octubre del 2008 cumpliendo funciones. Vale era nativa de Trelew y para cumplir su sueño de ser guardafauna acá tuvo que irse a estudiar a Buenos Aires, con todo el sacrificio personal que eso implica.
 
Y en la conducción, creo que no solo se necesita capacidad de gestión y trabajo, sino también visión. Saber extraer de cada empleado sus potencialidades y ponerlas al servicio de la profesión. Todos tenemos talentos particulares que deben ser promovidos, incentivados y explotados en el buen sentido. Más allá del cumplimiento de nuestra función específica, cada guardafauna puede aportar una nota personal que enriquezca la obra de conservación que dirige el Estado Provincial. Creo que esto es algo que debe ser entendido por quienes ocupan hoy los cargos directivos. Más allá de las arideces y cuestiones personales que siempre estarán presentes dada nuestra naturaleza humana, ser capaces de integrar las diferencias para concretar propuestas superadoras que nos permitan evolucionar como sistema.
  
¿Un mensaje a los más jóvenes?
 

Hay mucho por hacer. No podemos darnos el lujo de no hacer nada. No podemos delegar en las generaciones futuras la tarea de conservar lo que va a estar ya extinguido o con escasas chances de ser recuperado. Me encuentro a veces con gente joven que ve la vida carente de sentido y sin ninguna motivación. Es fascinante tener una misión, y todos tenemos enfrente una muy clara y valiosa: cuidar nuestra tierra. Es nuestro campo de acción y aprendizaje, nuestra única Casa conocida y por conocer, y la que nos permite nada menos que el milagro de existir. Cuidémosla.
 
Si no fueras guardafauna, ¿qué te hubiera gustado ser?
 
Médico rural, en el interior de mi provincia, sin duda.
 
Roberto Bubas
Nació en Esquel, Provincia del Chubut, Patagonia Argentina, el 20 de agosto de 1970.
Trabajó con orcas en libertad durante 16 años, y es considerado por muchos especialistas en mamíferos marinos como una de las personas que conoce más sobre orcas salvajes.
Es Agente de Conservación de Áreas Protegidas Marino Costeras, y Guardafauna Principal del Área Protegida Provincial Península Valdés desde el año 1992.
Su proyecto de investigación “Monitoreo de población y estrategias de caza en Orcas de la Patagonia Norte” fue declarado de Interés por la Honorable Legislatura del Chubut, y becado por National Geographic Society y otras instituciones mundiales .
Actualmente se desempeña como Guardafauna en El Doradillo, Área Protegida Provincial Península Valdés (Patrimonio Natural de la Humanidad UNESCO 1999).
Invitado permanente del Center for Whale Research de los Estados Unidos de América, ha trabajado en ese país durante las temporadas de investigación de 1995, 1996, 1997, 1999 y 2004; visitando además el Orca Lab de Vancouver, Canadá, y la North Gulf Oceanic Society de Alaska.
Cuenta con más de 4000 horas de observación de orcas salvajes en la Patagonia, el Pacífico Norte y la Antártida, y sus informes han contribuido a la creación de Leyes de protección de la especie en el Mar Argentino. 
Ha sido invitado a brindar conferencias en Inglaterra (BBC, Bristol), Bélgica (Universidad Libre de Bruselas), Italia (Universidad de Milan), Estados Unidos  (Universidad de Pepperdine en Malibu, Washington State y Alaska), Canadá (Vancouver), España (Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid), y en numerosas instituciones de nuestro país.
Ha asesorado la realización de documentales por BBC, National Geographic, Animal Planet, TVE de España, NHK y TBS de Japón, entre otros, y entrevistado en numerosas ocasiones para la televisión nacional y extranjera. Su libro Orcas del Chubut es material de consulta principal para la elaboración de los guiones de los documentales sobre las orcas de Península Valdés.
Publicó 8  libros relacionados con su trabajo y experiencias en la Naturaleza, y ha asesorado y escrito textos para obras de reconocidos fotógrafos de la Patagonia. Su libro Agustín Corazonabierto ha sido declarado de Interés educativo por el Ministerio de Educación del Chubut, y publicado recientemente por editorial Planeta para todos los países de habla hispana.
Artículos de su autoría y notas sobre su actividad han sido publicados en revistas de divulgación y periódicos nacionales y extranjeros.
Fue seleccionado por la Agencia de Cooperación Internacional del Japón para participar de un programa de capacitación en educación ambiental (Osaka, 2010).
Naturalista esencialmente humanista, entiende su labor con objetivos generacionales, siendo el propósito de su trabajo generar consciencia ambiental, proponiendo el reencuentro de valores que orienten al Hombre a integrarse en forma armónica en el espacio natural que lo rodea.

Las más leídas

02 JUL 2017 - 17:20

Mucha agua ha corrido por las restingas de Península Valdés. El tiempo, como canta Caetano Veloso, ese compositor de destinos, ha logrado que se realicen esos proyectos plenos de potencia. Roberto “Beto” Bubas sigue firme en su camino; avanza decidido y en ese camino, ocurren situaciones tan sorprendentes y maravillosas cómo cuando empezó su diálogo con las orcas. Junto a él, hemos decidido publicar nuevamente la entrevista que le habíamos realizado en enero de 2016. Allí comentaba entre sus trabajos a futuro, una película basada en su narración “Agustín corazónabierto”. Y esa idea se concretó en “El faro de las orcas”, con la actuación de Joaquín Furriel y del mismo Beto, “haciendo de mí mismo. Doblarme a mí mismo fue una experiencia extraña. En la película de la vida uno elige ser actor o personaje. O director, gobernante y ejecutor de sus sueños más preciados”.

Ese fue uno de los sueños cumplidos ya; y el otro, no menor, es que la Escuela de Guardafaunas esté funcionando con la Universidad del Chubut. Hay, sin embargo, un sueño que lo devela: intentar revolucionar, de algún modo posibilitar el primer escalón, la política pública estatal de cultura de la provincia, de la zona y del país. Es que Bubas piensa que “una falla estructural básica que me parece notar en el organigrama institucional de muchos estados provinciales es que al organismo encargado de la Cultura se le asigna un rol menor en relación a otros estamentos.

Así tenemos, por ejemplo, una Secretaría de Cultura, y un Ministerio de Turismo, etc. Tal vez sea el tiempo de revolucionar los viejos conceptos de organización provincial, y alentar como política de Estado la creación de una institución de mayor jerarquía y alcance, un Ministerio de Cultura de amplia base, un organismo encargado de promover los valores y virtudes culturales que contrarresten la preponderante cultura de la ambición, del derroche, del asistencialismo y del descarte -entre otros vicios- y que de algún modo atraviese, de manera vinculante, a las demás instituciones del Estado”.

Pero, alguien podría preguntarse, ¿por qué Bubas insiste que el problema es de cultura política? Bubas piensa en voz alta: “La crisis ambiental no es un fenómeno ecológico sino socio-cultural. Es el resultado de una visión del mundo que ignora los límites de la naturaleza y los estilos de vida de las diferentes culturas. La crisis ambiental es una crisis ética y conceptual de las instituciones públicas y de las políticas de Estado, de relaciones sociales injustas, y de una racionalidad equivocada del individuo -nosotros- respecto a nuestras necesidades, anhelos y ambiciones; todo en conflicto con la trama esencial de la vida”.

Reeditamos la nota realizada en enero del 2016, con estas dos grandes noticias, la del film y la de la Escuela, ya en plena difusión y realización. Y Roberto sigue en busca de concretar sus otros sueños. Este próximo martes, se estrena oficialmente en Rawson “El faro de las orcas”, con la presencia de su protagonista, Joaquín Furriel y Beto Bubas. Es una buena oportunidad para recordar y repasar las opiniones del guardafaunas que abrió su corazón en la naturaleza y ésta le respondió.
 
“El juego secreto con algas me hizo amigo de las orcas”
 

Por Marcelo Eckhardt / Tela de Rayón
 
Recién llegado de Roma, donde fue invitado por naturalistas que trabajan con tiburones blancos, Roberto nos introduce en la naturaleza de la provincia y de Península Valdés, con su apasionante experiencia como guardafauna. Su mensaje es claro y simple: todos podemos y debemos realizar una comunión con la vida natural. Y vivimos en una zona bendecida, donde a metros de donde vivimos, podemos disfrutar a pleno de ella.
 
Contame de tu infancia en la cordillera.
 
Mi barrio en Esquel era una zona marginal donde el progreso se demoraba en llegar. Eso fue una suerte, porque estaba rodeado de chacras, zanjas y potreros, todo un territorio propio fértil para que un chico juegue, sueñe, imagine. Mi escuela -la 8- estaba en la loma, rodeada de tierra y greda. Viéndolo desde acá, me parece que el barro no sólo enchastra, también enriquece la imaginación de un chico cualquiera.
 
¿Cómo nace tu amor por la naturaleza?
 
Creo que nace ahí mismo, en mi barrio. Aunque la mayor influencia fue que mis abuelos tuvieran una chacra grande a orillas del Lago Rosario, ese era mi terreno de exploración por excelencia. Pasé mucho tiempo en ese campito. Semanas, meses de vacaciones, años. Ahí me volví un autodidacta, totalmente interesado por todo lo relacionado con la naturaleza y la ciencia, el espacio exterior y el microcosmos.
Creo que el amor por la naturaleza es algo inherente al ser humano, que tarde o temprano cae de maduro en nuestra comprensión y entendimiento. Somos parte del universo, la naturaleza no está en la vereda de enfrente como una entidad separada a quien podemos odiar o amar. Si amamos, nos amamos. Si odiamos, nos odiamos también. Todo nos vuelve, y a veces más pronto de lo que creemos.
 
¿Cómo fue que viniste a la costa desde tu Esquel natal?
 
Desde muy chico me fascinó el mar. Coleccionaba unas revistas de Jacques Cousteau que llegaban al pueblo una vez al mes y mi sueño en aquellos tiempos era convertirme en biólogo marino y trabajar en el Calypso.
Después de terminar el secundario en la Politécnica de Esquel, gané una beca para ir a Italia. Cuando regresé de ese viaje, en 1991, era una época dura en la Argentina. Tenía 20 años, y la economía de nuestra clase era apenas de subsistencia. Tomé la decisión, con pesar, de volver a Italia, empujado por la necesidad de forjarme un futuro. Y fue en Roma, recuerdo, exactamente en la plaza San Pedro en el Vaticano, frustrado y triste respecto a mi futuro incierto en un país ajeno, cuando decidí volverme a la Patagonia a hacer algo relacionado con la naturaleza. Planeaba dos opciones: estudiar biología marina, o intentar ingresar como guardaparque en Los Alerces. Finalmente opté por lo primero, llegué a Puerto Madryn y empecé a estudiar biología.
 
 
¿Allí decidiste ser guardafauna? ¿Cómo fue tu llegada a la Península Valdés?
 
En Madryn iba a la Universidad a la tarde, y en la mañana trabajaba como preceptor en la escuela 736. Los fines de semana pasaba a buscarme Quique García para trabajar como voluntario en las reservas de fauna de la península. Quique era el flamante director de conservación de áreas protegidas, grandote incansable y entusiasta, autodidacta como yo, y con muchas ganas de hacer. Las Reservas de Fauna de la provincia estaban muy venidas abajo, y se había propuesto la tarea titánica de levantarlas. A los pocos meses de trabajar en ese voluntariado, mientras íbamos a Punta Norte, se detuvo en Caleta Valdés. Nos asomamos al acantilado y justo tres aletas negras surcaban el mar frente a nosotros. Me quedé impresionado, por las orcas, los pingüinos, los elefantes marinos, por el paisaje, la soledad infinita. Me dijo que necesitaba alguien para ese lugar, que la gente hacía desastres, y ningún guardafauna quería ir, porque no había instalaciones. “-¿Te animás?” Me dijo Quique. “Traemos una casilla rodante, un tambor con agua y te instalás acá”.
No hizo falta que me diga nada más. “¡Contá conmigo!”, le dije sin pensarlo dos veces. Nos dimos la mano cerrando el trato, y a los pocos días estaba ahí, solo en medio de la nada, contento como perro con dos colas, primer guardafauna de la Caleta. Jamás me arrepentí.
 
¿Cómo nace tu particular e intensa relación con las orcas?
 
Este es sin duda el mayor tesoro que recibí de la naturaleza, y nació jugando. Jugando con algas. En 1992 había empezado a monitorear las orcas que visitaban la reserva. Trataba de reconocer a las orcas que el guardafauna López había identificado en la década del 70, y me metía en el agua para verlas desde más cerca y dibujar las aletas dorsales, ya que prismáticos y cámara fotográfica eran un lujo inexistente en aquellos tiempos para mí. Mientras hacía eso en una ocasión, una orca de un grupo de cuatro, se acercó hasta la orilla y dejó un manojo de cochayuyos frente a mí. Alzó su cabezota varias veces y se alejó. “Esta quiere jugar” pensé. Le devolví el manojo de algas, tirándolo con fuerza mar adentro. Alucinado vi cómo lo fue a buscar y me lo trajo de nuevo a la orilla. Las otras tres se unieron al juego y ahí empezó una fiesta, algo increíble que me emociona recordar. Antes de bajar la marea se fueron, y durante varios días seguidos llegaron a la misma playa y a la misma hora esperándome para jugar. Mantuve el secreto durante cuatro años. Lo demás es historia conocida.
 
¿Y tu lucha por salvarlas del cautiverio?
 
Durante quince años pasé miles de horas con ellas, monitoreándolas para saber su estado de conservación y jugando cuando era su iniciativa hacerlo. Además de mi caballo Rigel, probablemente pasé durante esos años más tiempo con las orcas que con cualquier ser humano. Se convirtieron en mi familia. Saber de orcas cautivas, fue como saber de un miembro de mi familia preso e incomunicado injustamente. Saber que en mi propio país hay una orca presa desde hace 20 años y no hacer nada para liberarla sería impensable. Es el caso de Kshamenk, y contra viento y marea, conservo aún la esperanza de que podamos rehabilitarla y liberarla para que se reencuentre con su familia que todavía reside en el mar del Tuyú, donde fue capturada en 1992. Técnica y legalmente, su liberación depende más que nada de una decisión política del gobernador de la provincia de Buenos Aires.
  
¿Cuál es la situación de las orcas y otros animales en cautiverio?
 

No me preocupan sólo las orcas sino el cautiverio en general, y no sólo por el sufrimiento injustificado de un ser vivo, sino por el mensaje que se transmite a la sociedad. Por más que intenten disfrazarlo, el mensaje de un zoológico o un acuario es opuesto a los valores que queremos enseñarles a nuestros hijos. El respeto por la libertad y la vida es en conjunto un pilar fundamental de la sociedad humana. Ser coherentes con estos valores implica no mantener animales cautivos, y menos aun justificando el hecho en la educación.
Y respecto a las críticas a la liberación, creo que se subestima la capacidad de los animales salvajes para recuperarse por sí mismos sin tanta intervención humana. Los protocolos de reintroducción de especies de la fauna silvestre parecen estar escritos por los empresarios del cautiverio con el propósito de desalentar cualquier intento de que se les acabe el negocio. Creer que un animal en buena condición física no es capaz de sobrevivir en su medio previa rehabilitación, es como creer que un preso es un caso perdido que no se puede reintegrar en la sociedad.
En el caso de Pangui, por citar un ejemplo, el puma encontrado en el patio de una casa en Trelew en octubre pasado y alojado en una de las jaulas del zoo de Rawson, creo que debería iniciarse sin demora un proceso de rehabilitación para liberarlo en la próxima primavera. Claro que debe hacerse junto a algunas medidas, como la creación de un fondo de reintegro a potenciales ganaderos damnificados y un seguimiento satelital que nos permita aprender sobre su comportamiento en libertad y cuantificar, de existir, su predación sobre el ganado ovino. Tenemos la tendencia a declarar plaga a cualquier fuerza natural opuesta a nuestros intereses económicos en el corto plazo. Sin embargo, en el mediano y largo plazo, la presencia de un predador como el puma o el zorro resulta beneficiosa porque aumenta la capacidad de carga de un campo. Esto lo demostró el biólogo sudafricano Allan Savory en la década del 70, desarrollando un modelo de gestión integral agrícola ganadera que, en mi opinión, sería oportuno aplicar en nuestra meseta. Vale la pena intentarlo. Y no se trata tanto de ciencia, grandes inversiones ni esfuerzos, sino básicamente de sentido común.En esta idea estamos trabajando un grupo de amigos junto a la abogada ambientalista Luján Pérez Terrone y la bióloga Glenda Spanjersberg, con el asesoramiento de otros especialistas.
 
Estás asignado en El Doradillo. Ante el cambio de gobierno, ¿tenés expectativas de mejoras en tu área?
 
El Doradillo es el mejor lugar en el mundo para hacer avistamiento de ballenas desde costa, está dentro del Área Protegida Provincial Península Valdés, y es por lo tanto una obligación indelegable del Estado Provincial velar por su conservación. Sin intención de culpar, sino de ayudar a establecer responsabilidades, debo decir que la gestión anterior en vez de apoyar, fortalecer y proveer de medios de trabajo al agente provincial allí asignado, dejó el área huérfana, delegando su custodia y manejo en el municipio de Madryn, que con recursos escasos hizo lo que pudo y bien, pero que no fue suficiente. Confío en que la actual gestión remediará esas faltas.
También pienso que debemos trabajar en la educación, en ayudar a entender que la responsabilidad de la conservación de estas áreas lindantes con las urbes no es solamente del gobierno, sino de todos los vecinos que disfrutamos de la cercanía de la naturaleza y la usamos para nuestra recreación. Cuanto más conscientes seamos como ciudadanos del uso responsable del lugar, habrá menos necesidad de control y menos prohibiciones también. Sería importante zonificar el área, determinando zonas donde los visitantes puedan realizar diferentes actividades deportivas y de recreación, teniendo en cuenta las diferentes épocas del año y la estacionalidad de las especies presentes.
Debemos actuar localmente, pero sin dejar de pensar globalmente. Creo que a veces exageramos en las medidas de protección haciendo de nuestras áreas protegidas, zonas de veda. Pienso que no va a funcionar un planeta con extensas áreas prohibidas para los 7000 millones de habitantes que poblamos el planeta. El gran desafío hoy no es conservar prohibiendo, sino permitiendo. 
 
¿Y a nivel provincial?
 
El reciente compromiso del gobernador Das Neves de derogar la ley que permite amplia libertad de acción a la Megaminería en nuestra provincia, es una decisión valiente y necesaria. Me hace confiar en que, en cuestiones de medio ambiente, se animará todavía a más. El mundo necesita de este tipo de gestos contundentes de parte de sus líderes.
Tenemos otro argentino amigo de la naturaleza ubicado en una posición estratégica en el concierto geopolítico mundial, y es nuestro Papa Francisco. Creo que no deberíamos verlo solamente como un líder religioso, sino como una de las personas con mayor imagen positiva hoy en el mundo, cuya filosofía de pensamiento y acción influyen en casi un tercio de la humanidad. El pasado abril publicó una encíclica, el documento más importante de su gestión, sobre el estado actual del planeta y la protección de la naturaleza.Se trata de un manifiesto que, por sus características y visión práctica, debería ser material de consulta de todos los gobernantes del mundo, más allá de las creencias personales.
En ese marco y dada la abundancia y diversidad de nuestros recursos naturales, podríamos como provincia captar el interés de organizaciones del mundo para lograr transferencia de tecnología, asistencia técnica y apoyo financiero para la creación de reservas de la biósfera en el Chubut, con un concepto más revolucionario y provechoso. Cuando a la gente no se le permite disfrutar o beneficiarse de la naturaleza, se vuelve indiferente a lo que a la naturaleza le ocurre. Una Reserva de la Biosfera no debería ser un santuario natural inaccesible, sino un polo productivo de desarrollo sostenible en beneficio del pueblo.
 
¿Cuándo comenzaste a escribir?
 
Empecé a escribir de chico, a los 8 ó 10 años, tal vez para ayudarme a aclarar algunas ideas o para salirme de la realidad. Tuve la suerte de que algunos editores se han animado a publicar mis escritos, casi siempre en un contexto autobiográfico, pero no me considero un escritor.
 
¿Cómo nació la idea de Agustín Corazonabierto?
 
Agustín nace de una historia real, de la visita a Punta Norte de un chiquito de 7 años, sordomudo y con conductas autistas que logra mejorar en contacto con la naturaleza del lugar. También de mi relación de amistad con las orcas, y particularmente con Agustín, un cachorro de orca que forma parte de las orcas residentes en nuestro mar.
 
¿En qué nuevos proyectos estás trabajando? 

En equipo con otras personas, estamos trabajando en algunas ideas que todavía no han sido presentadas en forma de proyectos.
Una es la Escuela de Guadafaunas, Hospital de rehabilitación de fauna y  Zoológico virtual en las instalaciones del ex-zoo de Rawson. La presenté por primera vez en el año 1997 al gobernador Carlos Maestro pero en aquel momento no prosperó. Chubut es una provincia pionera en conservación y creación de espacios naturales protegidos, en coherencia con esa política ambiental, crear un centro de formación profesional, más que una necesidad  es una obligación.
El Canto Universal a la Vida es otra idea que estamos desarrollando con Daniel y Patricia Asencio, Diego Lacunza, Laura Redondo, Liliana Merino y amigos que se van sumando. Se trata de un evento que reunirá coros del mundo, incluyendo a los pueblos originarios con sus respectivos idiomas, cantando a las ballenas en el Doradillo, en un gesto simbólico de unión, respeto y compromiso con la naturaleza.
Por otra parte, la película basada en la historia que originó el libro Agustín Corazonabierto inicia su etapa final de rodaje, y el próximo año estará en los cines del mundo. Se llama El Faro de las Orcas, y además de su mensaje de respeto de la diversidad y a la vida, creo que será un elemento promocional importante para nuestra provincia. 
 
¿Una utopía?
 

Prefiero hablar de ideales más que de utopías. Una utopía es algo que no existe. Con el perdón de Tomás Moro, pienso que una utopía es una noción abstracta inspiradora de nada. En cambio un ideal es un modelo motivador que nos invita a trabajar para alcanzarlo.
Mi ideal es el de un mundo en armonía. El hombre en equilibrio con la naturaleza que lo rodea. Un planeta sin guerras y sin chicos temblando de hambre y miedo.
La armonía con la naturaleza, creo, solo puede venir con un orden social más justo. A una familia que llega a fin de mes con ruido a tripas vacías, sin un techo propio, y discriminada por la sociedad no se le puede pedir que “eleve su conciencia ambiental”.
Me parece que esa debe ser la labor fundamental no sólo de los gobiernos, sino también del pueblo a través de gestos solidarios y llevando una vida simple, tomando conciencia de cuánto es suficiente. Todo lo que tenemos viene de la naturaleza. Si todos tenemos todo lo que se nos antoja, por capricho nomás y no por necesidad; si cosechamos pero no sembramos, si talamos pero no plantamos, la herencia que dejamos es un planeta devastado. Puede sonar trágico, pero si nos desentendemos de esto, estamos cavando la fosa de nuestros nietos.
 
¿Cómo era un día tuyo en la Península?
 
Además de la tarea rutinaria normal de dar información, mantenimiento, vigilancia y control que desarrolla un guardafauna, llevaba adelante el proyecto de monitoreo de las orcas y sus estrategias de caza. Leía bastante, soñaba despierto y escribía cada tanto algunas reflexiones. Las más audaces y profundas se fueron convirtiendo,al tiempo y casi sin darme cuenta, en libros publicados.
 
¿Cuál es la música que mejor ensambla con la Península?
 
Soy un ignorante en muchas cuestiones, y en esa particularmente. Pero siempre que escucho música del altiplano -sikuris, charango y tambores- me resulta familiar a este paisaje, inexplicablemente siempre hermoso aún en su disfraz de desierto.
 
¿Te consideras feliz?
 
Tuve la suerte de haber nacido en una cuna humilde, y de haber trabajado desde chico. Me siento pleno tratando de cumplir con el rol que creo que me toca en esta vida, con mis hijos sanos, creciendo y estudiando. Todo lo demás es bienvenido pero, en relación, poco importante, casi innecesario. Soy un tipo simple que vive simple, y así va a ser siempre. En eso consiste el éxito para mí.
 
 ¿Qué hace falta cambiar o mejorar para un mejor cuidado de esta zona?
 

En un plano general, creo que nos falta bastante, aunque no demasiado. Soy optimista, y confío en que las cosas van a ir cambiando con el tiempo. Pienso que la responsabilidad es también individual, no solamente de las gestiones de gobierno, aunque más no sea para indignarnos y movilizarnos exigiendo prácticas amigables con la tierra. Necesitamos crecer en conciencia ambiental. Pero como te decía antes, debe venir de la mano de medidas que permitan que las necesidades básicas de la gente sean satisfechas para que puedan detenerse a pensar en el cuidado del ambiente. Pienso también que no es lo mismo asistencia que asistencialismo. Creo que la asistencia en la precariedad y en la pobreza es obligatoria, urgente y beneficiosa; es una soga solidaria que te tiran para salir del pozo. En cambio el asistencialismo me parece perjudicial, porque te mantiene ahí abajo esperando la dádiva, esclavo vitalicio de una limosna social que no te motiva a integrarte como elemento útil a vos mismo y a la sociedad.
 
Particularmente en lo que a las áreas naturales protegidas se refiere, pienso que sería importante modificar las jornadas laborales, optimizar las condiciones de trabajo, el régimen jubilatorio y crear un semillero, una escuela de guardafaunas con prioridad para jóvenes locales. Hoy somos solamente 25 guardafaunas activos en toda la provincia, y más de la mitad tenemos 25 o más años de servicio, con mucho desgaste por desarraigo y condiciones de vida y trabajo que no han sido saludables durante los primeros 15 ó 20 años. El sistema de guardafaunas necesita ser renovado, inyectado con gente joven, con la mente fresca, que sienta pasión por trabajar aislada en la naturaleza, pero que a la vez se sienta integrada en la sociedad. Chicos que releven en sus funciones a los viejos que ya hicieron su parte y les dejan el lugar. Para eso creo de fundamental importancia crear una Escuela. Nos gustaría que esta escuela de Guardafaunas Provinciales se llame Valeria Ramos, en homenaje a nuestra compañera que falleció en octubre del 2008 cumpliendo funciones. Vale era nativa de Trelew y para cumplir su sueño de ser guardafauna acá tuvo que irse a estudiar a Buenos Aires, con todo el sacrificio personal que eso implica.
 
Y en la conducción, creo que no solo se necesita capacidad de gestión y trabajo, sino también visión. Saber extraer de cada empleado sus potencialidades y ponerlas al servicio de la profesión. Todos tenemos talentos particulares que deben ser promovidos, incentivados y explotados en el buen sentido. Más allá del cumplimiento de nuestra función específica, cada guardafauna puede aportar una nota personal que enriquezca la obra de conservación que dirige el Estado Provincial. Creo que esto es algo que debe ser entendido por quienes ocupan hoy los cargos directivos. Más allá de las arideces y cuestiones personales que siempre estarán presentes dada nuestra naturaleza humana, ser capaces de integrar las diferencias para concretar propuestas superadoras que nos permitan evolucionar como sistema.
  
¿Un mensaje a los más jóvenes?
 

Hay mucho por hacer. No podemos darnos el lujo de no hacer nada. No podemos delegar en las generaciones futuras la tarea de conservar lo que va a estar ya extinguido o con escasas chances de ser recuperado. Me encuentro a veces con gente joven que ve la vida carente de sentido y sin ninguna motivación. Es fascinante tener una misión, y todos tenemos enfrente una muy clara y valiosa: cuidar nuestra tierra. Es nuestro campo de acción y aprendizaje, nuestra única Casa conocida y por conocer, y la que nos permite nada menos que el milagro de existir. Cuidémosla.
 
Si no fueras guardafauna, ¿qué te hubiera gustado ser?
 
Médico rural, en el interior de mi provincia, sin duda.
 
Roberto Bubas
Nació en Esquel, Provincia del Chubut, Patagonia Argentina, el 20 de agosto de 1970.
Trabajó con orcas en libertad durante 16 años, y es considerado por muchos especialistas en mamíferos marinos como una de las personas que conoce más sobre orcas salvajes.
Es Agente de Conservación de Áreas Protegidas Marino Costeras, y Guardafauna Principal del Área Protegida Provincial Península Valdés desde el año 1992.
Su proyecto de investigación “Monitoreo de población y estrategias de caza en Orcas de la Patagonia Norte” fue declarado de Interés por la Honorable Legislatura del Chubut, y becado por National Geographic Society y otras instituciones mundiales .
Actualmente se desempeña como Guardafauna en El Doradillo, Área Protegida Provincial Península Valdés (Patrimonio Natural de la Humanidad UNESCO 1999).
Invitado permanente del Center for Whale Research de los Estados Unidos de América, ha trabajado en ese país durante las temporadas de investigación de 1995, 1996, 1997, 1999 y 2004; visitando además el Orca Lab de Vancouver, Canadá, y la North Gulf Oceanic Society de Alaska.
Cuenta con más de 4000 horas de observación de orcas salvajes en la Patagonia, el Pacífico Norte y la Antártida, y sus informes han contribuido a la creación de Leyes de protección de la especie en el Mar Argentino. 
Ha sido invitado a brindar conferencias en Inglaterra (BBC, Bristol), Bélgica (Universidad Libre de Bruselas), Italia (Universidad de Milan), Estados Unidos  (Universidad de Pepperdine en Malibu, Washington State y Alaska), Canadá (Vancouver), España (Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid), y en numerosas instituciones de nuestro país.
Ha asesorado la realización de documentales por BBC, National Geographic, Animal Planet, TVE de España, NHK y TBS de Japón, entre otros, y entrevistado en numerosas ocasiones para la televisión nacional y extranjera. Su libro Orcas del Chubut es material de consulta principal para la elaboración de los guiones de los documentales sobre las orcas de Península Valdés.
Publicó 8  libros relacionados con su trabajo y experiencias en la Naturaleza, y ha asesorado y escrito textos para obras de reconocidos fotógrafos de la Patagonia. Su libro Agustín Corazonabierto ha sido declarado de Interés educativo por el Ministerio de Educación del Chubut, y publicado recientemente por editorial Planeta para todos los países de habla hispana.
Artículos de su autoría y notas sobre su actividad han sido publicados en revistas de divulgación y periódicos nacionales y extranjeros.
Fue seleccionado por la Agencia de Cooperación Internacional del Japón para participar de un programa de capacitación en educación ambiental (Osaka, 2010).
Naturalista esencialmente humanista, entiende su labor con objetivos generacionales, siendo el propósito de su trabajo generar consciencia ambiental, proponiendo el reencuentro de valores que orienten al Hombre a integrarse en forma armónica en el espacio natural que lo rodea.


NOTICIAS RELACIONADAS