PROVINCIA

Cocaína en Poseidón: pidieron 11 años de cárcel para el español y 10 años para el “Cura” Segundo


Además, el fiscal solicitó 8 años y 6 meses para Juan Burgos y 10 para Nicolás Seoane. En su alegato los acusó de transporte y almacenamiento de 110 kilos de estupefacientes. Alejandro Pennisi será absuelto por la falta de evidencias. Hoy a las 10 arrancan los argumentos de los defensores.
26/09/2017 02:00

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Por Rolando Tobares.

El fiscal Teodoro Nürnberg pidió 11 años de prisión para el español Alfredo Aranda Barberá; 8 años y 6 meses para Juan Burgos, y 10 años para el bróker pesquero Nicolás Seoane y para el empresario de Puerto Madryn, Héctor Omar “Cura” Segundo.

A los tres primeros los consideró partícipes necesarios de transporte de estupefacientes y a Segundo, autor de almacenamiento, por los 110 kilos de cocaína encontrados en la planta de Poseidón, el más grande jamás hallado. Nürnberg pidió que Burgos pague 10 mil pesos de multa y el resto, 15 mil pesos. Y que se destruya la droga, de altísima calidad.

Alejandro Pennisi, expresidente de la empresa y quinto imputado, será absuelto: Fiscalía no lo acusó al no hallar evidencias en su contra tras las audiencias (ver aparte).

El alegato de la acusación duró tres horas en el Casino de Oficiales de la Unidad Penitenciaria Nº 6 de Rawson, ante el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia que conforman Jorge Guanziroli, Nora Cabrera de Monella y Luis Alberto Giménez.

En el caso de Segundo, el fiscal consideró que tuvo un “protagonismo permanente” ya que les “prestó” a los españoles Barberá y Salvador Parra Gómez el nombre de una de sus empresas, Consermar, para que pudieran exportar las cajas de langostino con la droga disimulada. “Su consentimiento y sus vínculos comerciales y personales fueron necesarios para esta maniobra”.

Nürnberg repasó al menos 50 contactos telefónicos del “Cura” con Seoane, concentrados en los días en que la cocaína se preparó en Mar del Plata y llegó a Chubut hasta su descubrimiento, el 10 de junio de 2013.

“¿Cómo se explica este volumen, frecuencia y febrilidad de comunicaciones en un tramo crítico de esta operatoria?”, se preguntó el fiscal. “El nexo es claro y se llama Omar Segundo, que aunque podía no estar presente, mantenía el control de esos negociados desde las sombras, sellando la unión de un circuito de empresas para cubrir la operación criminal, con estas numerosas e insistentes comunicaciones”.

El “Cura” era dueño de Poseidón, Alpesca y parte de Consermar. Un cuarto nombre, Cooperativa de Trabajo Los Marplatenses, figuraba en las etiquetas de los langostinos. El apoderado era Guillermo Di Constanzo, a la vez empleado de Segundo en Alpesca.

“Segundo relacionó estas cuatro empresas y esta vinculación se reflejó documentalmente en las etiquetas, los permisos sanitarios y los remitos”, graficó Nürnberg. No sólo proveyó la cámara Nº 5 para guardar la droga. “Tuvo un activo involucramiento personal en resguardo de la carga tóxica. No hay otra interpretación para sus comunicaciones”.

En cuanto a Seoane, le imputan haber suministrado datos clave al dúo español para intentar el narcotráfico. “Sin su colaboración, no había manera de que tuvieran esta información del mercado pesquero local”, dijo el fiscal en referencia a los contactos que el bróker aportó a Barberá y Parra.

Nürnberg consideró que “toda la operatoria de este caso va en contra de lo que normalmente ocurre”. Y que Seoane mostró “mucho interés y preocupación en la carga”.

Repasó los abundantes contactos telefónicos del acusado con Parra, con Segundo y hasta con el chofer que trajo la carga a Madryn. “Tuvo un interés constante y y persistente que incluso sorprendió a varios empleados de Poseidón, y tuvo un rol protagónico al intentar aportar una solución nacionalizando la carga que no había podido salir del puerto”.

“Si el negocio no era suyo y era un simple intermediario, ¿por qué ofreció nombres para amparar la carga y por qué, pese a que el langostino estaba enfermo con melanosis, se ocupó personalmente del cambio de cajas y etiquetas? Comprometía a otra empresa, ¿ese era su desinterés por la carga?”

En cuanto a Burgos, Nürnberg advirtió sobre su rápido ascenso de yesero y chofer de taxi hasta socio de la pesquera Mar Pesca Azul, luego de aceptar la oferta de Parra y Aranda. “El suyo fue un trabajo manual indispensable para acondicionar la droga en Mar del Plata, ocultándola para que no sea descubierta entre el langostino y buscando las cajas”, dijo el fiscal. “Formó parte como socio y empleado de los españoles de la estructura para exportar el tóxico”.

“Era el único empleado de una firma muy joven y los españoles necesitaban tener a una persona local que conociera la zona”, explicó el acusador. “No fue por obra y gracia del destino que sin ninguna experiencia terminara formando parte de una empresa pesquera. Sin su colaboración, los españoles no hubiesen podido hacer el negocio ilegal y fue pieza fundamental del engranaje delictivo”.

Sobre Aranda, el fiscal consideró que tenía un poder de decisión “apenas por debajo” que el de Parra Gómez. “No es cierto que no hizo ni sabía nada. Se hizo cargo y participó de todas las negociaciones cuando su socio partió a España y colaboró con la creación de Mar Pesca Azul, que fue creada sólo para simular legalidad en el envío de la droga y era una fachada para encubrir el verdadero interés: comprar y exportar máxima pureza”.

La firma que nació en Mar del Plata nunca alcanzó volúmenes significativos de comercialización. La única carga que movió fue el langostino con la droga. La presencia del español en Argentina “era central para sostener los contactos y su intervención fue fundamental para que la maniobra fuera posible”. Por eso recién dejó el país “cuando se definió el destino del tóxico”.

Sin embargo, para Nürnberg el cerebro de “Langostino Blanco” fue Parra Gómez, prófugo en España. “Formó empresas, reclutó y se vinculó con personas, consiguió lugares y controló la escala, los insumos y la compra. Cuando todo estuvo encaminado, se retiró del país para evitar las consecuencias legales”.

“Esperé cuatro años”

Cuando el fiscal Teodoro Nürnberg anunció que dejaría su caso para el final, Alejandro Pennisi estalló en un llanto contenido. Se tomó la cara y miró al piso entre sollozos que nadie ignoró. La abogada Verónica Heredia le alcanzó agua. Se dio cuenta de que no habría acusación y que, por lo tanto, será absuelto.

Amable y emocionado, prefirió no hablar por ahora: “Por favor entendeme, no estoy bien y esperé cuatro años este momento”, le dijo a Jornada el expresidente de Poseidón.

El resto de los imputados le dieron la mano y su abogado, Manuel Marañón, lo abrazó fuerte.

“Ni en el expediente ni en este debate se sumó prueba documental, instrumental, testimonial o pericial que acredite ninguna acción concreta, o aporte esencial o secundario”, dijo el acusador sobre este imputado.

“La actuación de Pennisi sólo parece ubicarlo en un rol de presidente de Poseidón. Y sus acciones, contactos, comunicaciones y decisiones pueden enmarcarse como propias de su actividad comercial y de las funciones y atribuciones que le eran inherentes como directivo”.

Su declaración indagatoria “lo mostró como una persona sincera en sus dichos y clara en su exposición, referida a que su actividad sólo se relacionó con la pesca”.

En la investigación, según admitió el fiscal federal, “no lograron reunirse elementos comprometedores con el grado de certeza que se requiere en esta etapa; ni los coimputados ni los numerosos testigos lo ubican desplegando ninguna acción, al contrario: sus dichos fueron ratificados desde lo vivencial y comercial”.


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