PROVINCIA

Cocaína en Poseidón: nueve años para "Cura" Segundo, Aranda Barberá y Seoane


Además le dieron 4 años a Juan Burgos. Por ahora solo seguirá tras las rejas el español, que está alojado en la U-6.
14/10/2017 02:00

2.068

Por Rolando Tobarez  /  Twitter: @rtobarez

El Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia decidió duras condenas para los cuatro acusados por los 110 kilos de cocaína de máxima pureza hallados en la planta pesquera de Poseidón, en Puerto Madryn.
Héctor Omar “Cura” Segundo fue condenado a 9 años de prisión por almacenamiento de estupefacientes. Pagará una multa de $ 15.000. Alfredo Aranda Barberá,  a 9 años como autor de transporte de estupefacientes. Pagará una multa de $ 15.000. La misma pena y multa para Nicolás Seoane como partícipe necesario de transporte. Juan Eduardo Burgos fue condenado a 4 años de prisión como partícipe secundario de transporte de droga. Pagará una multa de $ 8.000.
Excepto el español Barberá, que seguirá detenido en la Unidad 6 de Rawson como desde hace tres años, el resto seguirá en libertad hasta que la Cámara Federal de Casación Penal confirme la sentencia. Los jueces ordenaron destruir la cocaína y confirmaron la absolución de Alejandro Pennisi, el gerente de la pesquera.  
El fallo tiene 100 páginas. Sobre el rol de Barberá considera que aunque el español observó que la carga de langostinos tenía melanosis, igual los acondicionó caja por caja en una planta de Mar del Plata. “Su real inquietud encubierta y sus propósitos en exclusiva eran la calidad y cantidad que presentaron los tóxicos y su valor en la plaza europea de destino”.
Pese a su experiencia fue al Mercado Central a estudiar una importante partida que resultó de mala calidad. “Luego abordó un largo viaje al sur y posteriormente al exterior, donde viajó inmediatamente, lo que explica que su interés nunca fueron los crustáceos sino su compañía”.
El español buscaba una carga de buen precio más que de buena calidad. “Esto reveló el verdadero cometido del fin y presencia en la zona de Aranda Barberá, que no era llevar a Europa los mejores productos del mar argentino, sino los tóxicos prohibidos obtenidos y remitidos encubiertamente”.
El cargamento sería exportado por Mar Pesca Azul Argentina para Royal Peche. Ambas pertenecían a Parra Gómez y para ambas trabajó Barberá.
“Fue convocado como su hombre de máxima confianza y experto que aquí intervino en todas las operaciones de compraventa de productos del mar y que ahora pretendió desconocer los pormenores de esta adquisición de langostinos, que sin embargo, intervino en la conformación de la carga integrada por ellos y los tóxicos ocultos”.
Para el TOF es “obvio” que Barberá en la planta de la calle Acha de Mar del Plata embaló los langostinos con la cocaína. “Fue el lugar más apto para juntarlos y no por cualquiera, sino por quien tenía tiempo, discreción y suficiente experiencia, necesaria para distinguir raudamente cuáles estaban en buen estado en cuyas cajas previamente adquiridas se colocaron los tóxicos en exclusiva”.
“La manipulación individual corrió por cuenta de Aranda y su grupo, que tenían acceso a las cámaras y contando con el tiempo más que suficiente para introducir los casi cien paquetes de preparación subrepticia”.
La empresa que creó con Burgos, Mar Pesca Azul, operó desde febrero de 2013 con “operaciones escasamente documentadas y falta de una facturación acorde y constante”.
Estos datos “revelan que fue una pantalla para disimular las verdaderas acciones de los protagonistas, que más que exportar pescado, les interesaban los tóxicos prohibidos”.
En cuanto a Burgos, aunque era taxista y yesero, su paso por el galpón de Mar del Plata “le permitió aprender a seleccionar crustáceos y a engrosar en las cajas efectos que nada tenían que ver con productos marítimos”.
De ser un “supino ignorante” de la pesca, se asoció para formar Mar Pesca Azul. “Por los beneficios ofrecidos no trepidó en asociarse al casi desconocido y habilitar el desarrollo de tareas encomendadas colaborando con Aranda, a quien recién conocía”.
“Que haya sido taxista y asumido con intrepidez trabajos de detección de productos de pesca no le vedó acometer con más atrevimiento mayores faenas, hasta que su versatilidad lo llevó a clasificador de langostinos, claro que con sus derivados ilícitos”.
Para el TOF, “Burgos participó a sabiendas de sus actividades lícitas y las marginales por sus ventajas”.
Fue “un intenso colaborador, en asuntos concretos y puntuales, en la ilegalidad de los otros”. Y protagonista secundario en la maniobra, “aunque seguramente de haber tenido éxito lo habría enriquecido”.
Sobre Seoane, fue el “gestor directo” del operativo. “Como conocedor de todo el grupo español y de este patagónico, fue quien acercó a las partes interesadas en llevar encubiertamente el langostino con la cocaína al exterior”.
Seoane propuso a los españoles el puerto de salida al sur y acudió a su “antiguo conocido empresario; no fue un interés común por favorecer el comercio recíproco, sino marcado por la ansiedad al conocer el valor de su contenido prohibido oculto”.
Hubo frecuentes llamadas entre Seoane, Parra, Di Constanzo y Segundo durante los días en que arribó la carga a Madryn. “La relación de todos era frecuente y en los momentos comprometidos, demostrando que el traslado y la breve espera antes del ingreso a planta no estuvieron fuera de su control y que si no adoptó medidas excepcionales para su protección fue para no ponerse en evidencia”.
“Continuó todos los recaudos para amparar la carga delictiva con ahínco, desde que utilizó la documentación para el cargamento en tránsito, que luego resultó un permiso falso, hasta cambiar las cajas con el logo de otra empresa para facilitar su salida del país, labor en que todos convinieron que era una irregularidad”.
El bróker “mantuvo la carga inmovilizada en la empresa de su conocido de confianza Segundo y recurrió a más rebuscadas operaciones para enmascararla y sacarla del país”.
Seoane “estaba inquieto, iba todos los días y no era común esa insistencia en los propietarios de las cargas, lo que llama la atención”.
Según la pericia del celular de Seoane, “hay inusual falta de mensajes de texto” entre el 2 al 22 de mayo, justo cuando la carga se preparaba en Mar del Plata, viajaba o llegaba a Madryn, y desde el 8 hasta el 10 de junio a las 11, cuando comunicó a su pareja: “Fueron los gallegos”.
“Estos fuertes indicios revelaron su propósito de ocultar conversaciones o mensajes tenidos con otros que podrían comprometerlo y demuestran su dolo en la operación con los tóxicos y su afán por evitar involucrarse con los demás”.
“Nunca la carga criminosa estuvo a la deriva, sino preparada y controlada (…) Fue depositada en la planta que Seoane había gestionado y llevó a cabo cuanta maniobra tuvo a su alcance para lograr exportar el tóxico ilegal con su cobertura”. Ayudó en la investigación pero “fue porque había sido descubierto el cargamento”.
Muchas ventajas

Seoane “detectó muchas ventajas” para desplazar la droga a Madryn: controles zoofitosanitarios debilitados que facilitaron moverlo con un permiso falso y a un puerto sin escáner para contenedores, que se había desplazado recientemente al puerto de Bahía Blanca. Estos datos “sólo los podría conocer un gestor arraigado en el medio, que conociese el ámbito portuario”.
“Seoane gestionó activamente su guarda en la empresa donde quedó depositado, buscando la mejor y más rápida manera de exportarlos, aún con insistencia; y cuando otros involucrados ya habían partido a su patria a esperarlos, veló cotidianamente por la carga en la empresa, porque supo el valor de la calidad y cantidad de los tóxicos, que nunca dejó desamparados”.
En cuanto al “Cura” Segundo, los jueces no lo consideraron un accionista pasivo de la planta. “Recibe reportes periódicos y tiene personal de su confianza directa para estar perfectamente informado de qué sucedía”. Aunque no fuera con frecuencia “no quiere decir que ignorase lo que ocurría, o que las cosas pasaban sin su conocimiento y menos con una carga operada por su conocido Seoane”.
La droga “estaba depositada allí desde hace tiempo y su gestor para el depósito le resultaba muy conocido”. Segundo “tenía un protagonismo que evidentemente se manifestaba puertas adentro de la sociedad y sobre sus dependientes”. Era accionista en Poseidón, Arciplast, Socia, Puerto 2000, Asociación Mutual Marítimo Portuaria, Alpesca, Conservar y Pesquera Consermar. “Para atender a semejante caudal de negocios, no se caracterizaba como una persona desatenta a lo que ocurre en sus empresas. Su injerencia empresaria no era distante ni ocasional”.
Su cruce de comunicaciones y mensajes “es un valioso e importante indicio material de una actividad ilegal encubierta”. Y las frecuentes comunicaciones encriptadas, con personas cercanas y los otros imputados “más allá del afecto que los unía, ocurrieron en simultáneo y con mayor intensidad al tiempo del delito”.
“Son demasiados detalles graves, convergentes, plurales, precisos, concordantes y unívocos, que permiten sostener su directo conocimiento de los estupefacientes en el lugar, de valor varias veces millonario en moneda fuerte internacional, que tampoco es ajeno al universo económico exhibido por este protagonista (…) No pudo pensar nunca que esa carga era inocua”.
“Poner semejante calidad y cantidad del tóxico en el lugar en que casualmente fue hallado y ante su inminente destino intercontinental sólo una gran ingenuidad ignora que muestra la existencia de una importante y eficiente organización internacional, experta en la perpetración de estos y más graves delitos”.
El TOF sintetizó que “para ninguno fue una cuestión aleatoria, anecdótica y sorpresiva, sino se trató de una conducta asumida, arraigada, rentable y sostenida, cuya relevancia crecía a medida que se superaban los obstáculos hacia el objetivo delictivo”.
La droga en Poseidón era “de altísima pureza, inhabitual en el país, para cientos de miles de dosis letales a la vida humana”.

Las escuchas estaban

Un párrafo del fallo el TOF aporta información sobre un contrapunto que surgió durante el juicio sobre una presunta pérdida de las escuchas realizadas durante la instrucción, grabadas en CD.
Son unas 355 escuchas que siempre estuvieron en el Juzgado Federal de Rawson y se valoraron a la hora de la sentencia. En el fallo se confirma que “se peritaron los teléfonos de Héctor Omar Segundo, Nicolás Seoane, Roberto Urrutia y Ángelo Casas Armanetti, mientras se realizaron cruzamientos de comunicaciones entre los entonces imputados y se brindaron listados de llamadas entrantes y salientes de Royal Peche, Pennisi, Seoane, Segundo y Lev.”
“Se intervinieron numerosos abonados, por decisión y control judicial, cuyas escuchas fueron a cargo de funcionarios públicos, que transcribieron las conversaciones vinculadas a los autos y las rubricaron y en algún caso las ratificaron testimonialmente y a la vez que, a pedido del Ministerio Público Fiscal, una selección de ellas fue reproducida en la audiencia y también se analizaron los cruces de llamadas entre abonados investigados”. #


Cocaína condenas Poseidón