CIENCIA

Pingüinos: las colonias de Península Valdés crecen en cantidad de ejemplares


Una está ubicada en la zona de Punta Norte y es actualmente la mayor colonia de Pingüino de Magalles a nivel mundial. La otra surgió hace una década con seis parejas en el Golfo Nuevo y ya tiene más de 5 mil ejemplares. El recurso para alimentarse a poca distancia explica en parte el fenómeno.
11/11/2018 02:00

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Por Dario Roberts

El turismo y la conservación han permitido que zonas costeras de Chubut donde hasta hace algunos años el vandalismo, los residuos y el ataque a la fauna eran frecuentes, hoy no solo se haya recuperado sino que también ahí hayan aparecido asentamientos permanentes de aves marinas.

Así ocurrió en las playas de la estancia El Pedral, próxima a Punta Ninfas, donde hace una década seis parejas de pingüino de Magallanes iniciaron una colonia que fue creciendo a partir de la protección de los dueños del establecimiento y de una serie de medidas que acordaron investigadores y autoridades, para evitar que el paso de pescadores furtivos y las acciones de terceros atentaran contra los animales.

De acuerdo al último censo realizado la pasada semana, de la docena de aves que anidaron por primera vez en el 2008 a pocos metros del casco de la estancia, hoy sean más de 5.500 los ejemplares estimados para la temporada 2018, con una población próspera.

Una situación similar se ha dado en las últimas décadas en la Estancia San Lorenzo, ubicada en proximidades de Punta Norte. Se trata en la actualidad de la mayor colonia de Pingüinos de Magallanes del continente, superando incluso los números que en la actualidad tiene Punta Tombo, aunque sus características son diferentes y la histórica pingüinera ubicada al sur de Trelew se trata del mayor atractivo turístico y además una base de investigación científica que ha permitido conocer el comportamiento de la especie y su evolución durante el último medio siglo.

Crecimiento constante

La colonia de pingüinos de El Pedral creció un 10% en el último año según el censo que en los últimos días realizó un equipo de investigadores encabezado por el Dr. Pablo García Borboroglu, investigador de CESIMAR/CCT Cenpat CONICET y fundador y presidente de la Global Penguin Society.

“Nosotros descubrimos la colonia en 2008. Tenía seis nidos y el lugar era usado por mucha gente que no respetaba nada, estaba lleno de basura, hacían asados al lado de los nidos, hubo gente que llevó perros; era un lugar de sacrificio, como es (Bahía) Cracker o Isla Escondida, donde va mucha gente que no cuida lo que hay”, dijo el investigador al referirse al inicio de la colonia. Por aquel entonces, las seis parejas conformaban “un grupo fundador, el hábitat era muy propicio, había que proteger la seguridad de los pingüinos, se empezó a trabajar un montón con los dueños del campo en ese entonces. Se empezó a tratar de que no fuera la gente, de cuidar el lugar, de trabajar en el resguardo, porque si no en una tarde se corría el riesgo que te mataran todos los pingüinos”. García Borboroglu recuerda que se pusieron varias medidas de protección, “pero igual era muy difícil, venía gente que prepoteaba a quienes cuidaban, se pudo pedir el refugio de vida silvestre con la Dirección de Fauna de Chubut y se empezó a ordenar la actividad, se hizo un plan de manejo y la actividad eco turística fue creciendo”.




El paisaje que se encontraba hasta hace algunos años dista mucho del actual. “En un momento era un descontrol, cerca de la baliza de Punta Ninfas se encontraban maras decapitadas, hubo gente que vino con perros y los azuzaban contra los cachorros de lobos marinos o los corrían con cuatriciclos”, recuerda García Borboroglu, quien asegura que toda esa zona cuenta con un gran potencial para resguardar.

“Todo este sector costero tiene mucho recurso, y la verdad que estaría buenísima una protección más integral porque está cerca de Punta León, pero es un lugar acotado”, señaló, y además sostuvo que se trata de una zona que resume todo el recurso natural que tiene la Península Valdés, tanto en materia de fauna marina como terrestre, incluidas las aves.

De la media docena de parejas iniciales, “pasamos a contar en esta semana 1.800 parejas y eso significa que desde el año pasado creció 10%” la población dijo el investigador y destacó que “todas las medidas hicieron que la colonia prospere y a la vez el plan de manejo que se hizo permite la visita de grupos muy chicos, todos acompañados. El turismo es muy reducido para estar alineado con el tipo de colonia que es”.

En los últimos años la estancia, dedicada al ecoturismo y con un hotel de campo en las instalaciones de la casona original del lugar, tiene a la colonia como uno de sus atractivos.

Para el investigador “el turismo fue un aliado para tener presencia y ordenar la actividad, además de dar trabajo a varias personas, entre choferes, guías, cocineros y eso termina generando recursos para la provincia y las ciudades vecinas”.

Una colonia particular

El especialista asegura que la colonia de El Pedral tiene características particulares en cuanto a su dinámica poblacional y explica que “el pingüino empieza a reproducir a los cinco años, en el caso de las hembras y en el macho a los siete, o sea que entre el año 2008 al 2013 fue una colonia que creció por inmigración de otras colonias, así otros individuos de otras colonias se asientan para reproducir en El Pedral y se quedan, a partir de un fenómeno bastante conocido, que también ocurre con otras colonias, como San Lorenzo. Se trata de un patrón que hemos observado en la Patagonia y es que el Pingüino de Magallanes en los últimos siglos ha ido ido ocupando lugares cada vez más al norte, por eso las colonias ubicadas en el sur de la provincia han perdido individuos y las del norte siguen creciendo”.

“Nosotros hacemos un seguimiento muy fino, porque es un caso muy raro. Es una colonia nueva, nosotros vimos el primer pichón que nació ahí y es increíble porque no es frecuente ver el nacimiento de una colonia, ver el primer pichón, el primer nido”, dice el fundador y presidente de Penguin Global Society.


El equipo que realizó el censo en el casco de El Pedral. Los pingüinos se asentaron hace un década en ese lugar

En cuanto a la dinámica, asegura que “es rara, los juveniles pasan gran parte del día en la playa y a la noche ocupan el nido. Después vuelve, algunos no tienen pareja o bien no respetan el nido como en otras colonias, donde son muy fieles al lugar donde anidan por primera vez”.

Comida cerca

Una de las variables que se investigan en cuanto a la dinámica de las población de pingüinos y de otras especies es la disponibilidad de alimento y el recorrido que los individuos tienen que hacer para poder obtener ese sustento. “En algunos casos hemos puesto transmisores para saber dónde comen. Mientras en colonias más establecidas, como Punta Tombo, nadan cerca de 120 kilómetros, estos pingüinos de El Pedral comen a 20 o 25 kilómetros, es decir que la comida está ahí nomás. Eso permite que los adultos estén mejor, que puedan traer más comida para los pichones, más gordos, y eso genera una colonia próspera”, explica el investigador del CONICET.

De todas maneras los inicios de las colonias no son sencillos. Los primeros años, al ser un asentamiento relativamente chico, los predadores terrestres afectan en mayor proporción con sus ataques y al ser ejemplares juveniles el éxito reproductivo no es muy alto. Las estimaciones de individuos totales para El Pedral, entre adultos, juveniles y pichones asciende a 5.500 individuos aproximadamente.

El lugar tiene la particularidad de estar muy cerca de la boca del Golfo Nuevo, y se trata de una zona de alimentación para muchas especies, con tránsito permanente de ballenas durante gran parte del año, además de orcas, delfines y un asentamiento de lobos y elefantes marinos muy próximo. En el lugar también abunda la fauna terrestre.

Datos que se consolidan

Un dato no menor es que a partir de los registros realizados con los transmisores se ha detectado que muchos de los pingüinos comen dentro del Golfo Nuevo y no van a mar abierto, lo cual constituye un dato de importancia al momento de analizar la creación de zonas protegidas para asegurar la alimentación de las especies que transitan o conviven en esa zona de Península Valdés.

La situación de las colonias de pingüinos en Península Valdés es considerada próspera por parte de los investigadores, como así también los datos que existen sobre las nuevas colonias ubicadas en la zona sur de Río Negro. A fines del año 2017 una publicación nacional generó polémica en la zona, a partir de una interpretación errónea sobre la migración de las poblaciones de pingüinos desde las colonias del sur provincial hacia otras ubicadas hacia el norte.

Los datos concretos y las investigaciones reafirman que la tendencia es de crecimiento en el corredor que conforman los golfos Nuevo, San José y San Matías, pero asegura la plena vigencia del recurso turístico más importante que tiene nuestra provincia en materia de pingüinos, como es Punta Tombo.

Con todo, la colonia ubicada en la Estancia San Lorenzo es efecto desde hace algunas temporadas alberga la mayor cantidad de parejas reproductivas de la región. Se trata de una colonia que se inició a fines de los años 60, y hace una década tenía más de 135 mil parejas, lo que ya marcaba su importancia en la región y que según los últimos datos concretos sobre esa colonia daba cuenta de más de 200 mil parejas reproductivas.#
 


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