SOCIEDAD

Japón quiere cazar ballenas pero su población casi no consume esa carne


El país oriental anunció que abandonará la Comisión Ballenera Internacional y retomará la caza comercial el próximo año. Las estadísticas de consumo de carne por parte de sus habitantes en los últimos años registran menos del 1% de preferencia por el cetáceo.
30/12/2018 02:00

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Hambreados por la guerra, impactados por el desastre que dejaron a su paso las bombas atómicas, los japoneses necesitaban alimento y especialmente proteínas para recuperarse tras el final de la Segunda Guerra Mundial.

Si bien el país del sol naciente asegura que la cacería de ballenas es una tradición milenaria, no fue hasta después de la guerra cuando se convirtió en un tema de atención mundial, debido al potencial daño que sobre el recurso podían generar los grandes barcos utilizados para cazar y faenar los cetáceos.

Sin embargo sólo una pequeña porción de japoneses consume hoy carne de ballena y por eso la polémica decisión del país asiático de retomar la cacería comercial a mediados del próximo año ha generado impacto internacional.

En Japón se consumen fundamentalmente tres tipos de carne: ternera, cerdo y pollo. El consumo de carne de ballena ha disminuido de manera radical en las últimas décadas y hoy no existe desde ese punto de vista demasiados argumentos para justificar la decisión del gobierno japonés.
Gabriela Bellazzi, de la Fundación Tierra Salvaje, explicó a Jornada que “hasta ahora Japón era miembro de la Comisión Ballenera Internacional, un tratado internacional que los contenía, porque ellos para hacer caza científica de ballenas en la Antártida tenían que tener un permiso, porque si no no podían cazar en aguas internacionales”.

La CBI aplicó desde 1986 una veda a la caza de ballena, denominada moratoria, lo que impedía la matanza de cetáceos y Japón se acogió a esa moratoria. “Lo que ellos dicen ahora es que el stock de ballenas se recuperó y hace varios años que insisten en volver a la cacería comercial”.

La CBI está integrada por distintos países del mundo y para integrarla se paga un canon, que permite participar de las discusiones. En lo atinente a los temas relacionados con los cetáceos y que impactan en su conservación, como la creación de santuarios o la caza comercial, para aprobar una modificación se requiere de tres cuartas partes de los votos de los países que son parte y esa situación no se da, porque ni los países conservacionistas, ni los que están a favor de la caza, logran esa mayoría.

“Por eso Japón venía hace años insistiendo en que si no se modificaba la moratoria y se habilitaba la caza, podía tomar esta decisión”, cuenta Bellazzi, quien aclara que el hecho de que Japón salga de la CBI no implica que pueda cazar en cualquier parte, sino solamente que podrá hacerlo en sus aguas territoriales y “en las aguas territoriales de los países que negocien con ellos”.

La ambientalista sostuvo que la decisión de los japoneses impediría que cazaran ballenas en aguas internacionales, incluída la Antártida, con lo cual “en principio las zonas de alimentación estarían protegidas”.

Carne poco consumida

La decisión de Japón hoy no se sostiene en base al consumo de la carne de ballena. Se trata de un producto considerado una valiosa fuente de proteínas, y vivió una época de rápido crecimiento durante la posguerra.

“Los datos de la tabla sobre la oferta y la demanda de alimentos publicados por el Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca revelan que en 1960 se llegaron a consumir en Japón 154.000 toneladas de carne de ballena en un año. En la década de 1960 esta cifra superó incluso las 200.000 toneladas. En las décadas de 1960 y 1970 la carne de ballena frita se servía habitualmente en los almuerzos escolares”, publicó hace algunos días el sitio especializado nippon.com.

Esa situación se empezó a modificar en la década de 1970, con el desarrollo de la producción de carne de cerdo y ave.

Después de que la CBI estableciera una moratoria internacional sobre la caza comercial de ballenas en 1982, y desde que Japón reconociese de forma efectiva esta prohibición a comienzos de 1988 a pesar de continuar con la caza científica, el consumo ha venido situándose en varios miles de toneladas.

De acuerdo a las estadísticas oficiales, el consumo anual de carne per cápita en Japón, en 1960 se comía una media de 5,2 kilos en total, de los que 1,6 kilos eran carne de ballena. En 2017, en cambio, el consumo anual de carne per cápita alcanzó los 32,7 kilos de media, de los que 13,4 kilos fueron de ave y 12,8 kilos de cerdo, siendo estas las principales carnes consumidas, y la mitad de esta cantidad correspondió a la carne de ternera. En los números, el consumo de carne de ballena por persona en un año en 2017 fue de 0 kilos.

Política pesquera

“Después de la segunda guerra salieron a cazar ballenas con barcos de guerra, porque necesitaban proteínas, pero en cuanto al consumo hoy, son dos o tres pueblos que mantienen la tradición, como Taiji que es donde hace una matanza de delfines. Es decir, en aquel momento, con el hambre, la postguerra, se entendía, era eso o morirse de hambre, pero hoy no”, dice Bellazzi.

La razón de volver a la cacería comercial estaría más relacionada a una política de Estado en materia pesquera que a contar con carne de ballena para consumo humano. “El tema de las ballenas es la política pesquera de Japón. Yo recuerdo que hace unos años vino un barco japonés y alguien dejó un folleto donde explicaban este tema. Recuerdo incluso que Jornada sacó una nota mostrando ese papel en el que había dos columnas y en una mostraban el consumo de peces por parte de los humanos y en otro lo que comían las ballenas, con una columna altísima”, dice la titular de la fundación WEF.

“La idea de ese folleto era mostrar que si no se controlaban las poblaciones de ballenas iban a dejar al ser humano sin recurso, pero el tema es que ahí ellos no tomaban en cuenta por ejemplo el descarte pesquero, que es incluso mayor a las capturas de pesca”, sostuvo Gabriela Bellazzi y afirmó que “los cetáceos y los peces coexistieron durante años y los stocks no se acaban porque los come la ballena, se acaban por la sobrepesca”.

Países que cazan

La moratoria entró en vigencia internacional en 1986, pero aún son varios los países que continúan con esta práctica.

Pese al anuncio realizado hace pocos días, Japón lleva décadas capturando estos animales de manera legal.

Según un artículo publicado por la edición global del medio BBC, en 1987, poco después de entrar en vigor la prohibición de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), Japón se acogió a un vacío legal que le permite la caza de ballenas ante necesidades de “investigación científica”.

Tras su sacrificio para la ciencia, generalmente la carne de estos animales es vendida para el consumo. Pese a la queja de organizaciones de defensa de los animales, el gobierno nipón argumentó en repetidas ocasiones que esto le permitía investigar los niveles de población de estos animales y poder tomar así la decisión de si la caza comercial podría ser reinstaurada.

Por medio de estas operaciones, Japón capturó cada año tras la entrada en vigor de la moratoria entre 200 y 1.200 ballenas tales como ballenas minke o enanas, ballenas de Bryde o cachalotes.

Además de Japón, Islandia también llevó a cabo inicialmente un programa de caza de ballenas basado en “objetivos científicos” hasta que, en 1992, se retiró de la CBI.

En 2002, el organismo permitió el reingreso del país europeo que presentó una “reserva” a la moratoria de la caza de ballenas. En la práctica, supone que en Islandia no es ilegal la caza de ballenas siempre que se cumplan ciertas reglas.

En 2006, Islandia reanudó su caza comercial compuesta principalmente por varias decenas de ballenas minke y ballenas de aleta. En 2009, el país reinició la cacería comercial de ballenas a mayor escala, matando anualmente a unos 200 ejemplares durante los años siguientes.

Noruega fue uno de los pocos gobiernos que presentaron una objeción a la iniciativa y cuando la prohibición entró en vigor en 1986, Noruega cumplió con ella hasta 1993.

Aquel año, Oslo anunció que gracias a un vacío legal en la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas y recurriendo a su objeción a la moratoria, reanudaría la captura de ballenas minke.

El número de estos cetáceos cazados por buques noruegos aumentó de manera progresiva, pero en los últimos años se vio un notable descenso de interés por parte de la industria ballenera. Si en 2015 fueron 660 los cetáceos cazados, en 2017 pasaron a ser 432, pese a que la cuota autorizada por el gobierno era de hasta 999.

También se cazan ballenas en las Islas Feroe, un archipiélago que pertenece a Dinamarca pero se maneja con legislación propia.

Pasa algo similar con los  pueblos nativos de países y territorios como Groenlandia (Dinamarca), Rusia, Estados Unidos o San Vicente y las Granadinas, en el Caribe, bajo la modalidad de “cacería de subsistencia”.#


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