POLICIALES

Tres presos, dos liberados, un prófugo que se entregó y un séptimo sospechoso que aparece


Gabriel Bordón, Marcelo Molina y Claudio Muñoz quedarán en preventiva tres meses por el feroz asesinato del joven. Se entregó Alexis Schmidt.
23/01/2019 02:00

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Esteban Gabriel “Chuli” Bordón, Marcelo Matías “Laucha” Molina y Claudio Matías “Bocón” Muñoz quedarán en prisión preventiva durante tres meses, imputados por la feroz golpiza y crimen de Cristian Tripaiñán, la madrugada del 18 de enero en el barrio Amaya de Trelew.

Claudio Sebastián y Bruno Muñoz, los dos acusados hermanos del “Bocón”, seguirán siendo investigados pero en libertad. Solo podrán moverse por Trelew, Rawson y Playa Unión. Les quedó prohibido contactarse con los testigos claves del caso bajo ningún medio. El juez César Zaratiegui consideró que no hay evidencia fuerte que justifique encarcelarlos.

La fiscal María Tolomei imputa al grupo de homicidio agravado. El castigo previsto es la pena perpetua. Junto con la funcionaria Julieta Gamarra, tendrán 6 meses para completar su pesquisa.

Mientras ayer se desarrollaba la audiencia de control de detención, que se inició a las 7 y duró cerca de 4 horas, se entregó en Tribunales Alexis Schmidt, el sexto sospechoso de participar del asesinato. Su audiencia será hoy a las 9.

Tripaiñán apareció muerto con al menos un balazo y tres profundas puñaladas, además de golpes y heridas de todo tipo en todo el cuerpo, especialmente su cara y su cabeza. Lo mató un cuchillazo que le atravesó el corazón y parte de un pulmón.

Según la hipótesis fiscal, ese día a las 4 Molina llegó armado y en bicicleta a la casa de la pareja de Tripaiñán. “¿Dónde anda Cristian? Lo voy a matar”, le dijo. No lo encontró. Quería venganza porque momentos antes la víctima habría baleado la casa de la hermana de Molina –a su vez pareja de Bordón-, que estaba con su bebé en brazos.

Molina regresó en un “Corsa dorado” acompañado por Bordón y Schmidt. Todos iban armados. Quisieron ingresar pero los frenaron: Tripaiñán no había llegado desde la primera visita. En ese momento se habrían sumado en un Corsa Gris los tres hermanos Muñoz, conocidos como “Los Mañucos”. Según la fiscal, los 6 hablaron de coche a coche para organizarse y buscar en el barrio a Tripaiñán. Sabían que paseaba a bordo de su moto Honda negra. Esa madrugada varios escucharon que disparaba sin motivo alguno.

Tras algunas vueltas lo localizaron y lo encerraron. Al grito de “¡hijo de puta!” el ataque fue salvaje: fractura de nariz, pérdida de dientes y tres puñaladas de 8, 9 y 6 centímetros, una mortal. Los testimonios hablan de al menos cuatro disparos.

Ensangrentado, Tripaiñán logró refugiarse en la casa de una vecina. “¡Por favor déjenme!” suplicó. Herido de muerte, salió de esa vivienda trastabillándose y cayó en Río Negro y Epuyén. “Estaba en un evidente estado de indefensión, fueron absolutamente virulentos y lo buscaron permanentemente porque tenían la decisión de matarlo”, acusó Tolomei.

Los allanamientos encontraron ropa, sábanas y cuchillos con presuntas manchas de sangre. Resta hallar el “Corsa dorado” donde iban Molina, Schmidt y Bordón.

El defensor público Juan Manuel Salgado invitó a los acusados a declarar. Primero habló Bordón y aportó un sexto nombre: Héctor Villamayor. Según su versión, él iba en un coche junto con este hombre y con Schmidt cuando cruzaron a Tripaiñán en la calle. “Quiso sacar un arma para tirarnos; Villamayor lo apuñaló y Schmidt le dio tres tiros. Me fui corriendo porque me asusté”.

Según Bordón, Tripaiñán tiroteó su casa porque lo confunde con su hermano Bordón y creía que tenía un vínculo amoroso con la pareja del hoy muerto. Villamayor también es pareja de una hermana de Molina. Tras ser mencionado en la audiencia será investigado.

Al declarar Molina admitió que su hermana le envió un audio para avisarle que Tripaiñán le tiroteaba la casa. Lo buscó en el barrio pero “solamente pregunté por él para preguntarle qué le pasaba, no amenacé a nadie, no entiendo por qué dicen eso, nunca tuve conflictos con él. Después me fui a mi casa”.

Responsabilizó a la pareja del muerto porque con Tripaiñán tenían problemas sentimentales y “ella anda buscando culpables”. Molina se entregó por su cuenta a la Policía. “Nunca me escondí y se puede probar con las cámaras de la calle”.

Claudio Sebastián Muñoz contó que esa noche se acostó temprano porque se iba temprano a Playa Unión con su familia. A la hora del crimen dormía. Se enteró por Facebook. El juez consideró que por ahora ningún testigo lo vio en el lugar y que ningún secuestro lo involucra. Para la Fiscalía, solo “posiblemente” iba en el coche con los otros dos esa madrugada.

Su hermano, Claudio Matías, admitió que tiene un Corsa como el que describen los testigos pero verde y no gris. Que esa noche dormía y que la sangre de la sábana secuestrada era menstruación de su pareja. Sobre los cuchillos hallados dentro del coche, con presuntas manchas hemáticas, aseguró que eran un regalo de un amigo del campo. Quedó preso hasta saber, al menos, el origen de esas manchas.

El tercer “Meñuco”, Bruno, dijo que dormía porque pasaría el día en el río desde temprano. “No sé por qué estoy acá pero estoy tranquilo porque sé bien que no hice nada y el tiempo lo demostrará. No teníamos porqué hacerle algo como lo que le hicieron. Hay un asesino suelto porque el que lo mató volverá a matar. Nos estamos comiendo un garrón”. Quedó libre.

Al final de la audiencia Bordón y Molina le pidieron al juez protección mientras estén en la cárcel. Alguien había mensajeado a sus familiares en plena audiencia para amenazarlos con “apuñalarlos y hacerlos mierda” tras las rejas por involucrar a Villamayor.


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