CIENCIA

Los restos plásticos llegan hasta el estómago de las ballenas


"¡Ballena a la vista!". El velero Blue Panda de WWF se acerca al cetáceo para medir su exposición al plástico en el santuario mediterráneo de Pelagos, donde rorcuales, cachalotes y delfines se cruzan con residuos incluso alejados de las costas.
07/06/2019 10:38

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Escribe: Laure Fillon (desde Santuario Pelagos, Francia)

Tres observadores siguen con prismáticos los movimientos de este rorcual común, el segundo animal más grande del mundo después de la ballena azul. Visible a centenares de metros, el mamífero se sumerge para salir de nuevo a respirar a la superficie diez minutos más tarde.

Este cetáceo, cuya población está estimada en 1.700 ejemplares en el noroeste del Mediterráneo, está amenazado por la actividad humana: contaminación química, sonora, colisiones... y también por el cambio climático que amenaza su alimentación.

Los rorcuales además pueden quedar atrapados en redes de pesca, ingerir plásticos y atragantarse o bien contaminarse a través de los microplásticos presentes en su alimentación.

En 1999, Francia, Italia y Mónaco crearon el santuario Pelagos, un triángulo entre Presquîle de Giens (Francia), el norte de Cerdeña y el Fosso Chiarone en Italia, para proteger a los mamíferos marinos. Los rorcuales se alimentan del kril en este espacio en el que cohabitan con cachalotes, calderones y cuatro especies de delfines.

Desde 2000, la organización medioambiental WWF lleva a cabo campañas para tomar muestras de su contaminación química.

- Muestras de grasa

En los últimos 4 años, WWF se concentró en los ftalatos. Estos compuestos químicos, presentes sobre todo en los PVC y los cosméticos (barniz, laca...) son muy volátiles y están omnipresentes en el medioambiente. Resultado: entre los 10 tipos de ftalatos investigados, entre 5 y 9 fueron hallados entre 2016 y 2018, con niveles de concentración a veces elevados.

"Los cetáceos están contaminados, aunque vivan lejos de las costas y de nuestras actividades", constata Denis Ody, responsable de costas y océanos en WWF. Pero es "difícil evaluar el impacto de esta contaminación", prosigue este doctor en oceanología. Los científicos sospechan que los ftalatos son reprotóxicos, es decir, que afectan a la reproducción, y perturbadores endocrinos.

Para medir los niveles de contaminación, los científicos toman muestras de su grasa.

La tripulación a bordo del Blue Panda está compuesta por el jefe de misión, dos futuros doctores en biología marina, dos o tres voluntarios, un capitán y un segundo. Cuatro de ellos se embarcan en una lancha para acercarse al animal.

- Ballesta y dron

Equipados con una ballesta, una cámara, un dron y una nevera para las muestras, los expertos tienen como misión fotografiarlo para identificarlo y lanzar con el arma una especie de aguja de titano para extraer un poco de piel y de grasa.

La marejada imposibilita la tarea. Después de dos intentos en vano, la lancha vuelve al velero mientras se pone el sol. Entre tanto, dos delfines azules y blancos se acercan al barco, antes de alejarse rápidamente.

La observación se retoma al amanecer. Un rorcual común aparece en seguida. Con el paso de las horas, se avistarán 4 y el velero se alejará hasta 48 millas (cerca de 90 km) de las costas. Incluso a esta distancia flotan los residuos de plástico.

Esta vez el mar está en calma.

"Lancha a Blue Panda. ¿Listos para anotar?": El mensaje por walkie-talkie indica que la muestra se realizó con éxito. En total, la jornada se saldará con 5 "disparos" fructuosos.

- Desde todos los flancos

Las muestras se envían a un laboratorio de análisis. Se separa la piel de la grasa y esta última se conserva en alcohol a - 20º C. La grasa permite detectar los contaminantes plásticos y también realizar tests de embarazo. La piel sirve para determinar el sexo del rorcual y establecer vínculos de parentesco entre los animales.

"El problema de una población animal es cuando empieza a ser atacada desde todos los flancos: los animales se vuelven frágiles, enfermos, hambrientos", se alarma Isabelle Autissier, presidenta de WWF Francia, a bordo del velero.

Autissier reivindica una lucha sin piedad contra los residuos de plástico en el mar, la reducción de velocidad de los navíos para evitar las colisiones con los cetáceos y la creación de zonas refugio.


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