PROVINCIA

Editorial / Ahora se acuerdan



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Fue una tragedia. La que ahora desata la intervención del Estado a través de una de sus espadas: la seguridad. El pasado fin de semana Oscar González, de 43 años, fue ultimado en Trelew de un escopetazo a la altura del estómago. Agonizó algunas horas. Luego murió. Por el hecho hay un detenido que sería el presunto autor y que fue identificado como Jorge Figueroa. ¿Qué sucedió a partir de ese momento? Todo el mundo se escandalizó y visibilizó un colectivo singular: el fútbol de los barrios. El que está fuera del sistema federado y que convoca multitudes. Al menos es lo que sucede en la Liga de Fútbol Independiente “Mar y Valle”, que por fines de semana se acercan al complejo de canchas “Marquitos” alrededor de 6.000 personas. Muchos, parece, también se enteraron que esa entidad, presidida por Umberto (si, sin h) Martín desde hace más de dos décadas es la más importante del país en su rubro. A su vez, llegaron los cuestionamientos. El modo férreo de manejar la Liga por parte de Martín y lo más importante: el dinero que se genera alrededor con 150 equipos en cuatro categorías más venta de bebidas y comida alrededor de los partidos que se disputan en tres turnos.

Empero, la muerte de González trastocó todo. Desde evidenciar el negocio del balompié no oficial hasta la violencia, como si ésta fuera propia de quienes interviene en esta liga –estigmatizándola- y no de una sociedad cada vez más confusa y en donde está inserto el fútbol barrial.

Ahora Policía anunció que se involucrará en los partidos de fines de semana y que se deberán pagar servicios adicionales además de prohibir la venta de bebidas alcohólicas y el expendio de comida no habilitada por Bromatología. Se lo dijeron ayer en una reunión entre la conducción de la Jefatura y el ministro coordinador, Federico Massoni y el propio titular de la “Mar y Valle”. A Martin no le gustó nada. Pero nada. Sintiéndose muy visitante, para dar una definición futbolera, se levantó sin decir nada y se fue. Enojado. Nadie sabe cuál va a ser su reacción en los próximos días, después que todo se calme y se vuelva a la programación habitual luego que los cotejos del próximo fin de semana se suspendieran.

Martin interpreta que no conocen nada de esa comunidad de códigos invulnerables y escalas diferentes y que una sanción como la expulsión por dos años es un desprestigio imperdonable. Peor que eso no hay. O en todo caso, se hacen los distraídos. Durante 27 años el Estado (tanto municipal como provincial) no intervino y ahora sí. Cree que van por él y ese movimiento social extraordinario que existe en Trelew perderá su esencia. Aquella que la hacen hombres vestidos de entrecasa y mujeres sin maquillaje y que por una hora y media se olvidan de la indiferencia de la gente que se transformó en impaciencia, descortesía y olvido.

En los pies de los que juegan y sienten la pasión están las respuestas. En aquel puño revoleado al aire –típico gesto de arenga y aprobación, para los demás o para sí mismo- persiste el sustento cierto de la esperanza. Por supuesto que las desdichas del deporte sólo se curan con deporte. Las de la vida siguen su recorrido eterno, aunque las vueltas olímpicas las mitiguen en algo. La muerte de González trastocó todo, aunque el fútbol barrial no tenga que ver tanto. Casi un resumen perfecto de una verdad sin contraseñas; sólo la omnipotencia y la alarmante pérdida de contacto con la realidad podrán obviarlo. Por poco tiempo.


Fútbol muerto Trelew