SOCIEDAD

Una voz patagónica que canta la música del mundo


La voz de Darío Soto parece extraída del corazón mismo de Nueva Orleans pero sin embargo se forjó en el barrio Pueyrredón; en la sonoridad del viento patagónico, en tardes llenas de música y viajando con su padre rumbo a un pozo petrolero.
05/08/2019 02:00

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Por Ismael Tebes.

“Mi viejo me transmitió la pasión, escuché música negra y grandes cantantes desde chico. Él me fue dando el puntapié para que yo descubriera mis gustos”, dice Darío hoy consolidado como un intérprete versátil dentro de la amplitud misma que ofrece ésta rama musical.

De acceder en cuentagotas a materiales de intérpretes como Wilson Pickett o Tom Jones pasó a convertirse en un ferviente coleccionista de discos. “Yo me volví un melómano y empecé a coleccionar; compartí y conocí mucha más música”.

“La pasión creció porque canté desde chico, después de la voz que fue mi primer instrumento, agarré la armónica y con eso me animé a irme a Buenos Aires y estudiar una carrera musical”.

El inicio de la aventura

Soto desembarcó en la primera Escuela de blues en Sudamérica para iniciar un recorrido tan diversos como imparable. Admite que hay tantos caminos como opciones musicales para bucear.

“La música negra tiene un abanico muy grande con una gran diversidad de estilos dentro del blues; el jazz y el soul. Está el gospel, el negro spirituals; el rhythm and blues y el country blues”.

“Uno trata en lo que se puede de interpretar distintos estilos y hacerlo como uno mismo”, plantea Soto. “Siempre me gusta la versatilidad que ofrece la música. La voz me ha permitido poder incursionar en muchos estilos y subestilos. También hice blues de Texas también el de Chicago que es con armónica”.

Segundo disco

El segundo trabajo discográfico, titulado “Jazz Time” se grabó a comienzos de este año en Estudios “Del Parral” con el aporte de músicos invitados y en apenas un día de realización. “Invitamos a Juan Klappenbach en saxo; Fede Alvarez en saxo y Rodrigo Vásquez en trompeta además del cuarteto con Juanma Torres en guitarra, Tavo Doreste en piano, Germán Weigert en batería y Mauricio Martin en contrabajo”.

“Fue todo lo contrario –agregó- del primer disco, que nos llevó dos días porque nos dedicamos a microfonear y demás. Este era un mismo sonido que acompañaba todo el disco y la mezcla surgió bastante natural”.

Se considera músico, independiente, identificado con la autogestión y en evolución constante dentro un circuito que profesionalmente ofrece múltiples alternativas desde su versatilidad vocal.

Experiencia y proyección

“Mi experiencia por el jazz se fue dando de una manera natural. Los músicos que tocaron conmigo se iban volcando a acompañar bandas y fuímos creciendo juntos. Empezaron a llamarme para festivales de swing; jazz y rock and roll porque en Buenos Aires hay una movida muy grande. Me llamaron de varias bandas incluída la Antigua Jazz Band. Fue una alegría cantar con ellos”.

A la hora de proyectar Darío Soto quiere seguir evolucionando en cada una de las ramificaciones que propone la música afroamericana. “Quiero seguir grabando discos; participar con otras bandas; Estamos haciendo un tributo a B.B. King y desde el soul clásico, me convocaron para un tributo a James Brown. Hay muchos proyectos en camino”.

Para Soto, “Jazz Time” es su propio tiempo, el espacio que decidió ocupar; una parada en el camino. Los días 9 y 11 de agosto se estará presentando en una Edición Especial del clásico ciclo Patagonia Sessions, en el Teatro Dislocador donde, por primera vez, se presenta una Banda en formato Quinteto con un repertorio que invitará a transitar los característicos sonidos del Jazz y Rhythm and Blues de los 50´s y 60´s.

El segundo álbum del artista comodorense se encuentra inspirado en el sonido del jazz, recorriendo el legado de leyendas como Joe Williams, Bill Henderson, Nat King Cole, Tony Bennett, Frank Sinatra y otros artistas conservan sus raíces en el blues para mantener su esencia.

El álbum anterior estaba basado en el blues y el soul que son géneros o estilos que lo representan desde siempre. Sin embargo, en “Jazz Time” plasma un recorrido distinto del que venía haciendo y propone un nuevo desafío: el blues nunca puede faltar pero con música del mundo hecha en Patagonia.


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