SOCIEDAD

Acto por Juan Valenzuela

Era guardia cárcel y fue muerto el 15 de agosto de 1972.

16/08/2019 02:00

En la U6 rindieron tributo al guardia caĆ­do en cumplimiento del deber.

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En la jornada de ayer, en un acto realizado en la U6 de Rawson, fue recordado el guardia cárcel Juan Gregorio Valenzuela.

En una sencilla ceremonia se rindió tributo al Ayudante de Segunda Juan Gregorio Valenzuela que perdió la vida en cumplimiento del deber. Valenzuela fue muerto el 15 de agosto de 1972 cuando se resistió al intento de fuga de presos políticos del Penal de Rawson.

Marcos Osatinsky asesinó al guardia cárcel Juan Gregorio Valenzuela durante la fuga de más de cien reclusos miembros de las organizaciones armadas Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros. #

El otro lado de la Masacre

El caso Valenzuela es el costado incómodo de la historia, mezclado con las banderas de los Derechos Humanos que invaden Rawson desde que las audiencias comenzaron.

“Todo empezó en la U-6 y a mi papá le costó la vida. Pero de eso nadie dice nada”. La tarde de ese 15, Valenzuela hacía guardia en la puerta junto con Justino Galarraga y un tercero, Montenegro. Vieron venir a decenas de guerrilleros vestidos de penitenciarios. El penal ya estaba tomado. Según sus hijas, su papá tardó en reconocer que esos no eran sus compañeros. Dio la voz de alto pero le pidieron que se entregue. Ni loco, pero se tocó la cartuchera y no tenía la pistola. Cuando la buscó sobre la mesa fue tarde para defenderse: una ráfaga lo acribilló. “Tenía el cinturón como un colador”, aseguran sus hijas. Su versión es que Ana María Villarreal de Santucho ya se iba de la cárcel. Pero volvió sobre sus pasos y lo remató en la cabeza. Fueron 13 disparos más el tiro de gracia. “Eso me contó Galarraga entre llantos. Lo fui a ver a Misiones –relata Mirta-.

En la entrada mi papá los tenía muy encima cuando se da cuenta de que ese tropel no eran sus compañeros. Cuando grita ´¡Alto, ¿quién vive!” recibe la ráfaga. Maldigo la hora en que no se entregó. Nunca pensaron que se iban a encontrar con Valenzuela ni que los iba a enfrentar”.

“Galarraga no me reconoció hasta que le dijeron de quién era hija. Me miraba y no caía. ¡Cómo lloraba ese hombre! Le dije que si él podía, quería escuchar su versión”. Le relató esos minutos entre llantos. Que aguantó la respiración y se hizo el muerto; que en el piso la mujer de Santucho le patea las costillas y la escucha decir “Este no respira, está muerto, vamos”. El guardia salvó su vida en el hospital.

(…) “Les llevó 6 meses estudiar la vida de todos los penitenciarios y concluyeron que uno de ellos, Carmelo Facio, era un jugador empedernido. Lo ´chuparon´ y fue quien entregó la Unidad”. Parece que hubo 5 mil pesos de la época para que ese guardiacárcel ayudara a los guerrilleros: primero 2.500 y el resto si se concretaba. Otros dicen que fueron 10 millones. “La mujer de Facio trabajaba en la Unidad y ese día se retira descompuesta porque sabía de la fuga”, dicen las mellizas. Maldicen haber sido tan chicas ese día y haber entendido tan poco el revuelo alrededor. “De tan inocentes ese día hasta fuimos a la escuela y nadie nos dijo que no. Hubiésemos golpeado puertas mucho antes”, aseguran. Mirta hizo un intento años después con abogados locales. Era tarde: el caso prescribió y no se puede reclamar ni indemnización. Lo de Valenzuela no fue lesa humanidad (..). (Fragmentos del texto “El otro lado de la Masacre” escrito por Rolando Tobarez. Jornada 27/05/2012).