PROVINCIA

Más allá del techo de cristal y el piso pegajoso

Columna de AMJA Chubut/Igualdad en la diversidad.

17/11/2019 02:00

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Por Patricia Reyes /Especial para Jornada

En la actualidad las mujeres están más instruidas y más activas en el mercado de trabajo y profesional que nunca, pero a pesar de estos logros su presencia en cargos directivos sigue siendo inferior a la de los hombres.

A nivel mundial, aproximadamente el 50% de las mujeres en edad de trabajar forman parte de la población activa, frente al 75% de los hombres.

También en la educación terciaria la presencia femenina está superando a la de los hombres.

Sin embargo, la realidad diaria indica que falta mucho para que las mujeres estén en igual número que los hombres en esos cargos para lograr algo parecido al equilibrio de género en los niveles más altos del mundo empresarial, en puestos ejecutivos, en los consejos de administración, en cargos importantes de organizaciones gubernamentales, etc.

No obstante la aplicación de políticas de igualdad de oportunidades, diversidad e inclusión, no resulta suficiente para solucionar el desequilibrio de género en los niveles máximos de puestos de decisiones.

Ello se debe a que el techo de cristal es uno de los obstáculos que afrontan las mujeres en el ascenso de su carrera profesional. Para entender las causas del techo de cristal así como sus consecuencias es necesario entender bien qué es. Este curioso término hace referencia a la barrera invisible que impide a las mujeres acceder a puestos de responsabilidad.

El origen de esta expresión se remonta a un artículo publicado en The Wall Street Journal, en el que se define como “glass ceiling barriers” (barreras de techo de cristal) a los impedimentos que encuentran las mujeres para ascender en el mundo de los negocios. Del artículo se desprende que, independientemente de los méritos y los éxitos laborales, las mujeres tienen más difícil crecer profesionalmente (Artículo de 1986 en el Wall Street Journal titulado ‘El techo de cristal: por qué las mujeres no pueden romper la barrera invisible que las bloquea de los mejores trabajos por Hymo Witz y Schellhardt, 1986).-

Desde aquella primera mención han pasado varias décadas y aunque la situación ha mejorado y algunas mujeres están logrando romper el techo de cristal, todavía queda mucho por hacer.

Las causas del techo de cristal están relacionadas, entre otras cosas, con la idea subyacente de que las mujeres se comprometen menos con el trabajo debido a las cargas familiares. La posibilidad de un embarazo o el hecho de que tengan hijos suele conducir a que no consigan avanzar en sus carreras. Además, no hay que olvidar que las decisiones sobre los ascensos las suelen tomar los hombres y que ellos tienen muchos prejuicios con respecto a la valía de las mujeres a la hora de adoptar roles de liderazgo.

Los motivos que se esconden detrás del techo de cristal se encuentran en la situación estructural de la sociedad, por ejemplo el hecho de que la mujer siga siendo la que más horas dedica al cuidado de la familia y del hogar lo que implica que encuentre menos tiempo para crecer profesionalmente.

El suelo o piso pegajoso se refiere a las tareas de cuidado y vida familiar a las que tradicionalmente se ha relegado a las mujeres, es que salir de este “espacio natural” que según el patriarcado les corresponde es un obstáculo para su desarrollo profesional.

Este concepto está relacionado con el famoso “equilibrio” de trabajo en y fuera de casa, tan complicado de mantener para muchas mujeres.

Lo que no se comenta tan a menudo es el suelo pegajoso, un problema que afecta directamente a una gran parte de las mujeres que están en el mercado laboral. Hace referencia a la precariedad de las ocupaciones más feminizadas y las enormes dificultades que tienen las mujeres para salir de ellas, acceder a otros ámbitos y conseguir unas condiciones laborales mínimamente dignas. Además, también perdura la idea de que las mujeres no son capaces de desarrollar tareas con responsabilidades o que requieran preparación y conocimientos específicos.

Si el techo de cristal es una traba invisible que hace de tope, el suelo pegajoso sería un impedimento también invisible que dificulta el comienzo.

Estas dos barreras invisibles contribuyen a sostener la brecha de género existente y es preciso identificarlas para poder trabajar en su desaparición. Según las Naciones Unidas, el término “brecha de género” se refiere a cualquier disparidad entre la condición o la posición de mujeres y hombres en la sociedad, por lo que las mujeres no pueden avanzar en sus carreras y quedan estancadas en la base y en el medio de la pirámide.

Es imperioso pensar políticas para superar este estancamiento, y la prioridad debería estar en dos temas: por un lado, que las tareas domésticas se asuman de manera balanceada entre hombres y mujeres, y por el otro entender que el tema de la diversidad es un tema de hombres y mujeres, no solamente de mujeres para mujeres.#

(*) Patricia Reyes es jueza penal de Puerto Madryn.