PROVINCIA

Editorial / Se sale con cautela, diálogo y más actores


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02/02/2020 02:00

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La crisis de Chubut parece interminable. No tanto por la crítica situación de los números de la economía, que ya de por sí son un pesado lastre que hace tiempo apenas si puede ser arrastrado, sino por los intrincados recovecos de la política desde donde se siguen tejiendo desencuentros cada vez más altisonantes.

Esta vez fue el gobernador Mariano Arcioni el que no pudo contenerse y en vez de masticar bronca por lo bajo y seguir buscando consensos para poder sacar el paquete de medidas que necesita para poder gobernar, eligió una conferencia de prensa para ventilar las diferencias que casi todo el mundo sabe que existen entre él y sus aliados políticos.

El temperamento no lo ha ayudado casi nunca a Arcioni desde que llegó al poder tras la muerte de Mario Das Neves. Tampoco esta vez, porque si hay algo que necesita para remontar la cuesta es rodearse de aliados, no de opositores. “El que se calienta, pierde”, dice una máxima de la política que nunca hay que olvidar.

Por supuesto, en política nunca nada es definitivo. Ni el amor, ni el odio. Ni las alianzas ni los desencuentros. Pero algo entre Arcioni y su vicegobernador, Ricardo Sastre, se terminó de romper. Podrán seguir teniendo un vínculo institucional y nadie cree que Sastre mande a jugar en contra en la Legislatura, pero hay situaciones de las que será difícil volver.

Tras el contrapunto, al menos dos operadores del gobernador fueron los encargados de tantear el terreno para mensurar los daños. La respuesta fue que no era el momento para retomar el contacto. No el político, al menos.

El adjetivo “miserables” para deslegitimar a sus aliados caló hondo en el sastrismo, sobre todo, que más allá de algún exceso en las redes sociales demostró que son una tropa organizada, alineada y capaz de poner el pecho por su líder. Justo, todo lo que a Arcioni le falta.

También el sector que responde al intendente de Trelew, Adrián Maderna, salió a cruzar al gobernador y a dejar en claro que la única alianza que persiste por ahora es con el sastrismo. No es un dato menor.

Contactos en Buenos Aires

La profundización de la crisis política en Chubut fue seguida con mucha atención desde Buenos Aires. Más precisamente, desde la Casa Rosada, en donde están preocupados en que la situación no se desmadre porque temen que cualquier esquirla termine afectando a la gestión nacional de Alberto Fernández, preocupado por cerrar un acuerdo con los acreedores internacionales que le permita al país salir del empantanamiento en el que lo dejó Mauricio Macri y sus aliados de la UCR.

Casi al mismo tiempo, Arcioni, Sastre y Maderna visitaron despachos del Gobierno nacional. El único que divulgó el resultado de su agenda fue el trelewense, que hizo gestiones oficiales para su municipio (igual que su par madrynense, Gustavo Sastre).

El gobernador y el vice, en cambio, eligieron el bajo perfil y no filtraron detalles de sus encuentros reservados. En los pasillos del poder dicen que Sastre volvió de su periplo porteño con cautela y cara de tranquilidad. El gobernador regresó y dio una conferencia de prensa para anunciar que el viernes depositaba el tercer rango completo –algo que estaba en duda- y evitó seguir subiendo la apuesta.

Reinvindicar la “rosca”

Aunque le causó más críticas que elogios, la divulgación a través del Boletín Oficial de que un viejo zorro como Néstor Di Pierro ya dejó definitivamente su sillón como director de YPF y comenzó a cumplir tareas en el área de la Secretaría General de la Gobernación, encendió alguna esperanza en algunos sectores de la política que le endilgan a Arcioni no tener interlocutores válidos.

A esta altura no tiene sentido hacer una radiografía de las carencias políticas del gobernador. Lo que es imperdonable es la falta de volumen de su mesa chica, que es la que lo aconseja y, dicen algunos, la que lo aísla en vez de integrarlo.

Sin despacho ni celular oficial, el “Tano” ya habló en estos días con casi todos los que hay que hablar. Fue una pequeña reivindicación de la “rosca” bien entendida, esa modalidad de la política que muchos critican pero siempre termina siendo la que encamina las soluciones.

Por supuesto, no va a alcanzar sólo con eso para cerrar la grieta en el oficialismo o curar las heridas causadas por las palabras hirientes. Y mucho menos para pagar los sueldos y la deuda en dólares. Pero por algún lado hay que empezar.

Con menos roce político pero siempre con una solución a mano para ofrecer, no son pocos los que le adjudican al ministro de Economía, Oscar Antonena -y en alguna medida al de Gobierno, José Grazzini- un papel clave en la coyuntura. Tener siempre un balde de agua a mano marca la diferencia con otros integrantes del Gabinete, que sólo parecieran tener bidones con nafta.

En medio de tanta altisonancia, reclamar racionalidad y sensatez es lo que menos se puede hacer. No son tiempos para exagerar las diferencias y menos en público. No es un pecado tenerlas pero sí exacerbarlas en medio de una crisis como la actual.

La prudencia y el diálogo con más actores políticos, sindicales, empresarios y sociales sentados a la mesa son el camino que les conviene tomar a todos. Deberían saberlo.