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Opinión / El impacto del Covid en las Áreas Protegidas desde la perspectiva del turismo de naturaleza: implicancias para Península Valdés

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Por Cecilia Torrejón (*) yRicardo Baldi (*) (*)

En un artículo reciente publicado por la Comisión Mundial de Áreas Protegidas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), Hockings y colaboradores analizan los efectos de la pandemia del COVID-19 sobre las áreas protegidas en todo el mundo. Los impactos negativos en los presupuestos y la capacidad de gestión son significativos, al igual que sus efectos sobre los medios de subsistencia de las comunidades que viven en esas áreas y sus alrededores. ¿Es posible que los sistemas de áreas protegidas, gestionados de manera eficaz y equitativa, formen parte de una respuesta a la pandemia? De ello dependerá que se construya un futuro más sostenible para las personas y la naturaleza.

Impactos

El escenario previo a esta pandemia indicaba que la vida silvestre y el turismo de naturaleza estaban dentro de los principales contribuyentes a la actividad económica en el mundo. Los indicadores internacionales marcaban unas ocho mil millones de visitas por año, generando aproximadamente 600 mil millones de dólares en gastos directos 250 mil millones de dólares por año en excedente del consumidor y 21,8 millones de empleos (World Travel and Tourism Council, 2019).

Estos ingresos se vieron repentinamente detenidos a causa del COVID-19 y es poco probable que esta pérdida sea de corta duración. Hasta el momento se ha generado un impacto directo sobre las economías locales como así también sobre las Áreas Protegidas que dependen mayormente del turismo nacional e internacional para gestionar su conservación, y si bien se están reactivando algunos destinos, las condiciones son inestables e intermitentes.

Esto ha expuesto la vulnerabilidad de las Áreas Protegidas y la necesidad de pensar en alternativas de financiamiento y gestión a futuro, pero en este momento es esencial tener en cuenta los impactos que están siendo evaluados a nivel mundial según lo publicado por la UICN:

- Las presiones sobre la biodiversidad y los ecosistemas pueden crecer a medida que las personas recurran a fuentes alternativas de subsistencia e ingresos.

- Las actividades de gestión y aplicación están operando a una intensidad menor debido a las restricciones de gastos, disminución de personal por recortes o situaciones de riesgo contempladas en la ley.

- Las actividades de campo se han reducido, lo que resulta en una menor capacidad de aplicación y el abandono o el aplazamiento de las tareas de monitoreo y gestión de rutina.

- Se ha registrado un aumento de la caza furtiva de animales silvestres, (tanto de subsistencia como comercial), la extracción ilegal de recursos, invasión del pastoreo y pesca ilegal en áreas marinas protegidas.

- Muchas actividades, si bien son importantes para la conservación, no se consideran esenciales con el objetivo de desalentar el movimiento de personas a largas distancias o por no poseer la bioseguridad necesaria. Esto incluye algunos tipos de investigación científica y gestión de recursos que pueden ser críticos para una conservación efectiva (Corlett et al., 2020).

- En cuanto a los impactos sociales y comunitarios, en todo el mundo, el colapso del turismo nacional e internacional significa que se pierden empleos, se reducen los salarios, desaparecen los beneficios y los ingresos.

- En algunos países, los presupuestos operativos de los organismos de ambiente (y otros) se están reasignando a la respuesta contra la pandemia.

- A medida que los gobiernos buscan revitalizar las economías para un mundo posterior a COVID-19, los argumentos para revertir las protecciones ambientales están ganando terreno, incluidas las disposiciones que autorizarían o ampliarían recientemente las industrias extractivas y la infraestructura en áreas protegidas y conservadas. Las iniciativas para rebajar la protección dada a las áreas protegidas, reducir su tamaño o incluso eliminarlas por completo (Mascia y Pailler, 2011) alentarán la deforestación, la fragmentación y la alteración del ecosistema que son un factor de riesgo importante para la aparición de enfermedades infecciosas de origen zoonótico.

Oportunidades para un nuevo enfoque

En un mundo cada vez más urbanizado, los parques son la puerta de entrada a la naturaleza para gran parte de la población mundial. La pandemia ha centrado la atención del mundo en la conexión entre la naturaleza sana y la salud y el bienestar humanos, y ha resaltado cuán dependientes somos de la naturaleza. Existe un cuerpo extenso y robusto de conocimiento científico para ayudar a dirigir la inversión en los ecosistemas para la búsqueda simultánea de secuestro de carbono, biodiversidad y objetivos económicos. Existe una importante oportunidad política para incorporar e integrar la protección de la naturaleza en la planificación económica, así como en las prioridades de salud humana.

COVID-19 y Áreas Protegidas: Un nuevo escenario y un llamado a la acción

Un posible escenario emergente es que la pandemia resulte en cambios significativos en la percepción de la humanidad de nuestro planeta y nuestra relación con la naturaleza. Si se comprende que la pandemia global es el resultado de la forma en que las sociedades impulsadas por el consumo están degradando y haciendo mal uso de la naturaleza, se pondrá de relevancia la comprensión global de las dos crisis principales entrelazadas: el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Si bien la recuperación económica seguirá siendo una prioridad mundial, este escenario plantea una recuperación económica verde, donde los gobiernos buscan reinicien sus economías con inversiones orientadas a oportunidades para corregir el curso del desarrollo económico hacia resultados más sostenibles.

Llamado a la acción

El documento de UICN propone tres principios básicos para guiarnos: (1) COVID-19 es un síntoma de la crisis ambiental más amplia que surge de procesos económicos insostenibles que conducen a la degradación de ecosistemas y pérdida de la biodiversidad; (2) Debemos actuar para lograr un planeta saludable y sostenible, enfocado en una salud que cruza la interfaz humano-animal-cosistema, y que la comunidad tome responsabilidad en la conservación de la naturaleza a través de una respuesta integrada de todos los sectores; y (3) Las áreas protegidas brindan grandes beneficios a la sociedad, pero ahora están bajo una fuerte presión debido a la crisis, y la respuesta colectiva de los actores relevantes a corto, mediano y largo plazo será crucial para determinar su futuro.

El llamado a la acción incluye tres fases, el rescate, la recuperación y la reconstrucción y expansión de la red global de áreas protegidas y conservadas. Esto comprende a la comunidad global, es decir a los gobiernos en todos los niveles y todos los sectores relevantes, la sociedad civil y las empresas.

La Comisión Mundial de Áreas Protegidas de UICN propone avanzar con la formación de grupos de trabajo y llevar a foros de discusión este llamado a la acción para desarrollar principios y buenas prácticas que aporten a políticas globales. En 2021, se desarrollará el Congreso Mundial de Conservación y las reuniones de la Convención sobre Diversidad Biológica y el Convenio Marco sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas

El Área Natural Protegida Península Valdés en el contexto del COVID-19

El ANP Península Valdés es un área con administración mixta a través de un Ente Público no Estatal, gestionada mayormente a partir de los ingresos provenientes de la venta de entradas, y que en este momento está realizando ajustes para mantener guardias mínimas y sostenerse a la espera de alguna reactivación.

Antes de la pandemia, las proyecciones para 2020 daban cuenta de unos 242.000 visitantes, de los cuales se estimaba un 48% de procedencia nacional; el 31% provincial y el 21% de extranjeros. Sin embargo el mayor porcentaje de ingresos económicos lo representa el segmento de turismo extranjero, con el 44,9% seguido por nacionales, con el 44,7% y provinciales con el 10%. (Administración de Península Valdés). En un escenario como el actual no será suficiente con el ingreso de cercanía o nacional para sostener la gestión habitual del área, teniendo en cuenta que, de acuerdo a las disposiciones vigentes, un 20% del ingreso al ANPPV se destina al resto del Sistema Provincial de Áreas Protegidas, y un 10% a la comuna de Puerto Pirámides.

Ante el transcurso de esta pandemia, es prioriario preparar el área para “el día después”. En ese sentido, está en marcha la elaboración del protocolo de seguridad sanitaria con el objeto de incremetar la capacidad de adaptación del área frente a su futura apertura. Un grupo de trabajo liderado por la Dirección de Calidad del Ministerio de Turismo y Areas Protegidas, sumado a la gerencia de la Administradora del Área Natural Protegida Península Valdés y WCS Argentina, está ocupado en aspectos específicos de la implementación del protocolo, tales como la capacitación del personal y la organización de espacios, a la vez que el Ministerio de Salud de Chubut evalúa el protocolo sanitario.

En lo inmediato, resulta prioritario preparar el área protegida para su reapertura dado que de ella depende su financiación. Al mismo tiempo, se propone trabajar en el desarrollo de indicadores de uso público relacionados con el turismo y la recreación, y de conservación en relación a la información biológica disponible. La integración de estos indicadores resultará en un insumo para implementar un sistema de monitoreo del ANP-PV, que permitirá identificar pioridades y orientar intervenciones que mejoren el estado de conservación del área, lo que favorecerá el desarrollo de actividades sustentables.#



(*) Cecilia Torrejón, Universidad del Chubut; Wildlife Conservation Society, Argentina

(*) Ricardo Baldi, Wildlife Conservation Society, Argentina; Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continetales (IPEEC)-CONICET.