SOCIEDAD

Cholila: “No se puede entrar con revólver y sombrero al despacho de bebidas”

“Es para reírse un rato y marcar la buena onda que caracteriza a este lugar”, aclara Nora Jalil, la dueña, entre los elementos de época que formaron parte del almacén de ramos generales de la familia Daher, a pocos metros de la cabaña levantada por Butch Cassidy, Sundance Kid y Etta Place, donde los famosos pistoleros norteamericanos vivieron a principios del siglo 20.

12/01/2021 02:00

La Legal. Bandidos rurales en tiempos de pandemia.

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Es tajante el cartel en la puerta del museo-bar "La Legal", en el ingreso norte a localidad de Cholila: “Por orden del comisario, no se puede entrar con revolver y sombrero al despacho de bebidas”.

“Es para reírse un rato y marcar la buena onda que caracteriza a este lugar”, aclara Nora Jalil, la dueña, entre los elementos de época que formaron parte del almacén de ramos generales de la familia Daher, a pocos metros de la cabaña levantada por Butch Cassidy, Sundance Kid y Etta Place, donde los famosos pistoleros norteamericanos vivieron a principios del siglo 20.

Según relata, “armamos un sector contando toda la historia de la ‘Banda salvaje’, en castellano y en inglés porque hasta el año pasado llegaron muchos turistas extranjeros. En realidad, esto comenzó con la idea de una parrilla, porque Cholila ofrece la mejor carne del mundo, pero hace falta un local gastronómico especializado. Pero finalmente apostamos al aspecto cultural del lugar, incluyendo una feria de libros, donde vendemos textos usados y nuevos, incluyendo las andanzas de Butch Cassidy en la Patagonia, contada por Marcelo Gaviratti. Queremos que vengan a visitarnos para saber más”.

Cabe destacar que el predio de la histórica cabaña a orillas del río Blanco es administrado por el gobierno de la provincia del Chubut, que ha instalado allí a un cuidador, aunque no hay información o guías para un recorrido detallado de su origen e importancia. En consecuencia, la recomendación para los visitantes es “ir primero hasta La Legal, conocer los detalles de la permanencia y actividades ilegales de la banda en la región y luego llegar hasta la cabaña, con su halo de misterio y fantasmas de aquellos colonos ilustres”.

Además, “aquí les ofrecemos la posibilidad de sacarse fotos con ropa, pistolas y sombreros de vaqueros; más la posibilidad de ver la película documental filmada en este valle con una producción americana y donde participan algunos lugareños, como Sonia Perry, bisnieta del sheriff estadounidense, oriundo de Texas, John Comodoro Perry, quien fue parte de los pioneros llegados por aquella época”, adelanta Nora Jalil.

De igual manera, se apresura en aclarar que “no se trata de la famosa película protagonizada por Paul Newman y Robert Redford, que termina con la muerte de los bandoleros en Bolivia y ni siquiera registra su paso por la Patagonia”.

Desde su óptica, Butch Cassidy, Sundance Kid y Etta Place, miembros de la renombrada Wild Bunch (banda salvaje) que asaltó trenes, bancos y comercios en EE.UU., “vinieron a Cholila con la intención de despistar a sus perseguidores, no robar más y establecerse como buenos vecinos. Meta que en principio lograron, pero no pudieron con su genio y volvieron al ruedo. Cuando llegaron, tenían 35 años y cuando se escaparon ya tenían 40. Quizás se consideraron ya viejos y en Bolivia comenzaron a saltar a destajo y los atrapan. Hay otras versiones, pero nos quedamos con la del libro”, reconoce.

El viejo boliche

En referencia al antiguo almacén de ramos generales de la familia Daher, un inmigrante sirio libanés que se radicó en las primeras décadas del siglo pasado, donde además de comprar las provisiones los pobladores aprovechaban para acodarse en un mostrador de madera para compartir un vino o una ginebra con otros parroquianos y enterarse de las noticias (en tiempos en que ni siquiera había radios), Nora Jalil destaca que “cada tanto aparece por acá don Abelardo Avilés, quien se toma una Legui con soda y nos cuenta anécdotas que nos encantan. También hay otro par de lugareños que pasan a caballo, con sus perros y sus ponchos, se bajan y piden ¡licuado de frutillas! Es muy risueño, tratándose de gauchos de Cholila”, se ríe.

Otras de las actividades que los turistas pueden hacer desde el mismo punto incluyen cabalgatas, paseos en sulky y salidas en kayak por los lagos y ríos de la zona. Asimismo, por allí cerca hay complejos de cabañas, hosterías, restaurantes y todo lo necesario “para que la gente pueda vacacionar con nosotros, con absoluta seguridad y cumpliendo todos los protocolos en prevención del Covid”, reseña la anfitriona.

Respecto al comportamiento de los visitantes, Nora Jalil grafica que “por lo general, los porteños vienen apurados, sin perder el ritmo de la gran ciudad. Les pido que paren, se olviden del estrés y cuando estén tranquilos pasen y disfruten de su estadía. Este es un buen lugar para tomar un café, comer algo rico (la especialidad de la casa son las empanadas de cordero y la tarta de rosa mosqueta), o leer un rato tomando una buena cerveza artesanal”.

Por último, “reconocen que les gusta mucho la vieja construcción. Adentro, la gente también puede comprar un recuerdo, un dulce casero o los huevos de campo. Cosas que elaboran diferentes vecinos y acá tienen un espacio para mostrar su producción, artesanías y hacer unos pesos”.

Por las estanterías, van apareciendo “artículos que por esos años no se vendieron, como paquetes de sal, elementos de esquila, vajilla y hasta aquellas damajuanas de 10 y 15 litros que servían para expender el vino de mesa y los pobladores llevaban para toda la semana o alguna fiesta de marcación o esquila de sus animales”.

Durante enero y febrero, el museo y bar temático ubicado sobre la ruta 71 está abierto todos los días, a partir de las 10. “Los esperamos a desayunar, a almorzar y por la tardecita ya son un clásico las picadas con algún trago. La actividad social es muy linda y también hacemos eventos, entre los que aparece algún músico, siempre cuidando los protocolos porque no queremos enfermarnos”, remarca la dueña.

Pura historia

“Cholila tiene mucha historia –recuerda Nora Jalil-, un poco más allá está la primera escuela, construida en 1906 por el maestro Vicente Calderón, que todavía está en pie. Somos un grupo de vecinos que estamos haciendo algunas cosas para su mantenimiento. Este invierno, aún en pandemia, restauramos la capilla San Antonio de Padua, del paraje El Blanco, y ahora estamos pensando en rescatar la vieja escuela abandonada”.

Cabe destacar que también están en pie la vieja cervecería Anzó y el molino harinero de la familia Cea, cuyos edificios están dentro de campos privados y no han sido puestos en valor patrimonial o turístico. Ambos emprendimientos son mudos testigos de que, en estos valles, hace un siglo se producía trigo, cebada y lúpulo.

Pacíficos ganaderos

Cuando Butch Cassidy y sus acompañantes vieron por primera vez los prados de Cholila, denominaron al lugar con el romántico nombre de “Flores amarillas”.

Vivieron como pacíficos ganaderos bajo los seudónimos de Santiago Ryan y Henry Place y siempre se mostraron correctos y afables con las 14 familias que ocupaban tierras en las cercanías. Incluso quedó la anécdota de la visita del entonces gobernador del Chubut, Julio Lezana, quien bailó una zamba con Etta Place sin sospechar jamás de sus antecedentes. Llegaron a tener 900 vacas, 1500 ovejas y 40 caballos. La propiedad de 6 mil hectáreas incluía una gran caballeriza y cuatro establos. Todo iba bien hasta su precipitada huida en 1905, cuando la sombra de nuevos atracos los persiguió y decidieron fugar hacia Chile.

Al parecer, el dinero traído desde EE.UU. se terminó y no tardaron en asomar los viejos cómplices del Lejano Oeste: Roberto Perkins, Hood (alias Roberto Evans), William Wilson, Ben Kilpatrick (alias Tall Texan), Will Carver (alias News Carver), Litjens y Harvey Logan (alias Kid Curry).

Fue así que Evans, Wilson, Duffy, junto con el trelewense Mansel “Yake” Gibbon y el chileno Juan Vidal, se asociaron en 1908 para rearmar la “banda de los norteamericanos” que azotó a la Patagonia durante cuatro años más. Por esa época también llegó el temible Harvey Logan (o Andrew Duffy, alias “Diente de oro”), uno de los delincuentes más buscados en los Estados Unidos.

Además de los bancos robados en Santa Cruz y San Luis, los atracos más sonados por aquellos años fueron a la casa Lahusen, de Comodoro Rivadavia (falló porque antes de entrar, los cowboys terminaron asesinando en la calle de tres tiros a un peón chileno que les pidió más plata); la Compañía Mercantil de Arroyo Pescado, donde se produjo la muerte del gerente, LLwyd Ap Iwan, y el secuestro del hacendado Lucio Ramos Otero y su peón, José Quintanilla, en el Cañadón del Tiro, próximo a Corcovado (al sur de Esquel), donde aquel poseía su estancia y a quienes mantuvieron encerrados durante más de un mes en un bosque cercano a Río Pico. Allí, en un tiroteo con la policía fronteriza, murieron Roberto Evans y William Wilson, mientras que Juan Vidal y Mansel Gibbon habrían huido a Chile y cambiado de nombre.

Previamente, el 14 de febrero de 1905 sucedió un atraco por valor de 100.000 dólares al banco de Londres y Tarapacá, en Río Gallegos (Santa Cruz). Pese a que no fueron identificados durante el robo (y los relatos de los historiadores que se dedicaron a reconstruir la historia discrepan en este punto), las versiones apuntaban cada vez con mayor fuerza contra Cassidy y Kid.