SOCIEDAD

Un verano con calor, sol y lagos en Cholila, repleta de turistas y con múltiples propuestas

Al agua. Verano en el lago Lezana, en Cholila.

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Cada tarde, decenas de jóvenes de Cholila se juntan en el muelle del lago Lezana para disfrutar “de las aguas más calentitas de la Patagonia”. El lugar ya es un clásico de los últimos años y pronto se suman los turistas, atraídos además por conocer “la casona de los fantasmas”, ubicada sobre un peñón rocoso desde donde es posible observar las truchas deambulando tranquilamente en profundidades increíbles, con una vista incomparable de las montañas nevadas que coronan los cerros Tres Picos y Dos Picos (el más alto de la provincia del Chubut).

En realidad, los cuatro lagos de la localidad cordillerana se ven colmados este verano por miles de visitantes de todo el país, donde las propuestas de aventura y alternativas deportivas para unas vacaciones divertidas incluyen desde trekking, cabalgatas, mountain bike, pesca, avistaje de aves y fauna hasta “jornadas inolvidables a sol y playa a orillas de un río, donde los únicos vecinos que ves son los cóndores que vienen a curiosear quien llegó”.

Además de la gastronomía lugareña que encierra “la mejor carne del mundo”, este pueblo ofrece un recorrido por su rica historia -y que la define como “una tierra de leyendas”-, ya que sus valles fueron residencia habitual de la tribu de los chulilasken (de parentesco tehuelche –“Chuwach A kuna”–), como lo testimonian las pinturas rupestres del cerro Pintado, con una antigüedad superior a los 3.500 años.

La zona, habitada originariamente por el grupo indígena que se vio exterminado a finales del siglo XIX –luego de la llamada “Conquista del desierto”–, se transformó luego en el destino de inmigrantes chilenos, italianos, norteamericanos, españoles, suizos y sirio libaneses, familias dedicadas a la cría ganadera de renombre y avalada por la calidad de sus campos encajonados entre montañas.

La cabaña de Butch Cassidy, la primera escuela del maestro Vicente Calderón, los almacenes de ramos generales, la vieja cervecería Anzó y algunas casonas de aquellos colonos reflejan un pasado que se entremezcla con la aparición de una tropa de vacas arreada por un gaucho y sus perros, marcando el perfil campesino que aún perdura en sus habitantes.

“Estamos viviendo una gran temporada turística”, señaló ayer Marta Treuquil, desde la Oficina de Turismo. “En la apertura, estuvimos un tanto retrasados en comparación a otros destinos de la Comarca Andina, pero la gente que conoce Cholila desde hace muchos años marcaba su ansiedad por venir, con muchas reservas y consultas. Así que de un día para otro comenzaron a llegar y hoy están prácticamente colmadas las 400 plazas de alojamiento disponibles. Valoramos que todos son muy responsables a la hora de cuidarse y respetan los protocolos. De igual modo, se hizo una capacitación para los prestadores locales”, indicó.

De igual modo, graficó que “por las restricciones propias de la pandemia, se quedan una semana entre nosotros y ello les permite conocer nuevos lugares y explorar cada uno de nuestros atractivos. Acá se privilegia el contacto directo con la naturaleza. Durante el año se estuvo trabajando con nuevos accesos al lago Carlos Pellegrini (Mosquito), donde además el municipio construyó un camping libre en una de las cabeceras”.

Miradores

Sumó “las obras de miradores turísticos en Villa Lago Rivadavia y el propio valle de El Rincón, donde se puede observar el potencial de nuestra ganadería y los paisajes andinos circundantes. Otros puntos interesantes son los senderos hasta la cima de El Morro (donde está el predio de la Fiesta Nacional del Asado) y el cerro La Momia”.

Asimismo, valoró “la oferta de campings, hosterías y cabañas en los lagos Cholila y Rivadavia”, además de “los senderos de montaña, con la posibilidad de contratar guías especializados para que la excursión sea perfecta”.

Cholila también es la portada norte del Parque Nacional Los Alerces, donde van apareciendo los lagos Rivadavia, Verde, Menéndez, Futalaufquen, Cisne y Krugger, todos unidos por los ríos Rivadavia y Arrayanes y rodeados de la selva valdiviana, en cuyo seno se encuentra el bosque milenario de alerces.

Tardecitas en Cholila

Al caer el sol, se van prendiendo las luces de los bares, pubs, patios cerveceros y locales gastronómicos de Cholila: “Hay varias opciones para encontrarse con amigos o salir a cenar en familia”, adelantó Marta Treuquil en referencia a la propuesta nocturna de su pueblo.

Otros prenden el fuego en la cabaña y pronto aparece un cordero o un asado de vaquilla, donde la charla se extiende hasta la madrugada. “Esa es la magia de este lugar, donde la consigna es pasarlo bien, relajarse y disfrutar de las vacaciones”, aseguran los lugareños.