PROVINCIA

Editorial / Construir y dialogar versus romper y dividir

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02/05/2021 02:00

El camino a Fontana 50 es largo. Antes hay que construir un proyecto que incluya a todas las regiones.

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La construcción de un proyecto alternativo de provincia que algunos dirigentes peronistas empezaron a delinear hace un tiempo no se detiene ni en pandemia. Por supuesto que hay temas urgentes de resolver, pero también hay cuestiones de fondo que no se pueden dejar de discutir porque Chubut arrastra enormes problemas desde hace varios años. Una situación sanitaria grave pero coyuntural no debería inmovilizar a los que tienen que darle respuestas a la sociedad.

Las reuniones y consultas que el grupo integrado por el vicegobernador Ricardo Sastre; el intendente de Puerto Madryn, Gustavo Sastre; el líder de Luz y Fuerza de la Patagonia, Héctor González; y el actual diputado Carlos Eliceche, entre muchos otros dirigentes peronistas, sindicales y sociales, se siguen dando en un marco de discusión amplio.

Los impulsores, sin embargo, aclaran de manera contundente que se trata de construir un proyecto para recuperar e integrar a Chubut pero sin planteos electorales de corto plazo que dinamiten el objetivo central. Es decir, los caballos van adelante de la carreta, no atrás.

Este punto en particular es una de las atracciones que viene acercando a este frente a muchos dirigentes, militantes y técnicos que siempre han abrevado en el peronismo pero que de ninguna manera se sienten contenidos por quienes hoy conducen al Partido Justicialista.

El objetivo, también, es ponerle un freno a quienes otra vez parecen estar encaminados a aceptar mansamente que desde Buenos Aires le pongan nombre y apellido a las listas del PJ. Algo que en los últimos años puso en bancas a dirigentes con padrinazgos políticos fuertes pero con poco respaldo en las bases. ¿Hasta cuándo el “dedazo” va a seguir siendo la herramienta para elegir a los candidatos que representen a un proyecto de provincia en serio?, se preguntan muchos peronistas que saben de lealtades pero se están cansando de votar por inducción.

Esta semana volvió a sonar en los oídos de muchos peronistas la idea que estaría bajando desde la Casa Rosada y el Instituto Patria, que vería con agrado a Nancy González y Juan Pablo Luque encabezando la lista de senadores del PJ, y a Carlos Linares y a Florencia Papaiani la de diputados nacionales, con el joven y activo dirigente de La Cámpora, Emanuel Coliñir, como suplente en la lista para la Cámara Alta.

A ese armado, hasta los propios laderos del intendente Luque lo ven como una incomodidad. Ser candidato testimonial nunca está bien visto. Y peor aún, perder una elección de medio término dinamitaría su intención de llegar a Fontana 50 en 2023.

Tampoco le hace bien al peronismo y contrasta con quienes piensan un proyecto de integración política, económica y social de Chubut, que el empresario Cristóbal López empiece a emerger como un articulador del peronismo comodorense.

Tal vez envalentonado por sus viejos vínculos con antiguas figuras del kirchnerismo, el empresario se decidió a jugar con un mensaje que alienta a defender los intereses de Comodoro Rivadavia por los del resto de los chubutenses. Fomentar la grieta “Comodoro-Valle” es a esta altura de la soirée como darse un tiro en el pie antes de salir a correr.

La idea de López, a la que adhieren muchos otros dirigentes de Comodoro, no se condice con la realidad. De los últimos tres gobernadores de Chubut, dos fueron comodorenses (Martín Buzzi y Mariano Arcioni). El otro fue Mario Das Neves, que si bien siempre fue un símbolo del Valle, para llegar a conquistar su último mandato en 2015 puso a la zona sur como un lugar clave de su estrategia, dándole la vicegobernación, lugar en las listas y tejiendo junto a Carlos Linares, que por aquel tiempo era intendente de la ciudad petrolera. La famosa foto de Linares junto a Das Neves luciendo en su muñeca la pulserita verde del dasnevismo, es algo que muchos no se olvidan.

Lo que viene, además de un calendario electoral de ocasión, es un tiempo de discutir políticas de fondo que contengan a toda la sociedad chubutense, que desde hace rato está partida entre los discursos divisionistas de muchos actores y una falta preocupante de diálogo e ideas.

Justo en este fin de semana en donde abundaron los mensajes por el Día del Trabajador, no estaría mal recordar que desde hace una década Chubut viene teniendo serios problemas para sostener y generar fuentes de trabajo. Fuera del Estado, muy pocas industrias se han desarrollado para contener a la mano de obra creciente.

Algunos se olvidan que salvo la zona sur por el petróleo, el resto de la provincia viene sufriendo la crisis del empleo. Sólo en el último año, 3.000 chubutenses se quedaron sin trabajo registrado en medio de la pandemia. Y el doble o el triple corrieron la misma suerte en el sector informal, la denominación elegante que algunos tienen para definir al trabajo en negro.

Esta realidad se da en medio de una profundización de las asimetrías económicas y sociales de manera casi impúdica. Hay ricos cada vez más ricos y pobres cada más más pobres y desprotegidos.

Le pese a quien le pese, el Estado (nacional y provincial) debe cumplir un rol activo y esencial para coordinar los esfuerzos y aportes de todos. Porque la clase trabajadora siempre ha sido la que en base a esfuerzo y solidaridad termina reconstruyendo el tejido social de la Argentina.

De eso también hay que empezar a discutir en Chubut. Cuanto antes.

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