Editorial / Una campaña apática con precandidatos que no hablan de los temas urgentes

Leé La Columna del Domingo, el tradicional editorial de la edición impresa de Jornada.

07 AGO 2021 - 20:43

La apatía con la que arrancó la campaña electoral en Chubut marca un signo de estos tiempos: la gente está pensando en cosas más importantes que en el reparto de poder de los políticos.

Es seguro que en las próximas semanas se irán encendiendo un poco más las llamas de la disputa electoral, pero ni así el electorado se desenfocará de las cuestiones que le importan hoy más allá de las estructurales (desempleo, salarios, educación): la crisis energética en los pueblos del interior por la desidia de años y la falta de inversión; la inseguridad en la zona del Valle; la falta de nieve y otra temporada turística perdida en la Cordillera; la crisis hídrica en la zona sur (aunque la preocupación se extensiva a otras zonas); y la aparente puerta de salida de la pandemia, algo que parece inminente pero que nadie se anima asegurar que ocurrirá en breve.

Con distintos grados de importancia, estos son los temas que hoy le preocupan a la gente en general. Sin embargo, muy pocos candidatos –casi ninguno- parecen tener mucho para decir sobre estas cuestiones.

Hasta ahora, casi todo el arco político en lo único que coincidió fue en amontonarse la semana pasada en la pequeña localidad de Lago Blanco para asistir a la firma de la obra de pavimentación de la Ruta 260, el famoso “Corredor Bioceánico” con Chile, surgido del histórico Tratado con el país trasandino de 1984. Otra muestra de los tiempos que se suele tomar la política para concretar las promesas.

Hasta esa pequeña localidad fueron varios de los principales precandidatos de las listas de Chubut al Frente y el Frente de Todos. Nadie se quería perder las fotos. Muchos se toquetearon sin barbijos ni distanciamiento social. Otros se saludaron con sus enemigos con sonrisas de oreja a oreja. En tiempos de campaña electoral, vale todo.

De eso no se habla

Sin embargo, el paso de buena parte de la clase política dominante por Lago Blanco no incluyó comentarios de ninguno sobre la grave crisis energética que sigue afectando a decenas de pueblos de interior, entre ellos el bellísimo Lago Blanco, que hace diez días deben cortar el alumbrado público por las noches para que la gente pueden tener luz en sus casas, convirtiendo a esos lejanos poblados en virtuales bocas de lobos.

El tema es recurrente. Generadores a combustibles fósiles que se rompen una y otra vez por falta de mantenimiento desde hace décadas y trabajadores de Servicios Públicos que hacen lo que pueden con lo que tienen a mano, a la espera de un Interconectado que debería estar en la primera línea de obras a reclamar por todos los que aspiran a sentarse en una banca del Congreso Nacional.

El paso por Lago Blanco de los políticos que no gobiernan pero pontifican sin ponerse colorados, no dejó una sola declaración pública sobre la crisis energética que afecta a miles de chubutenses. Cuando las luces de las cámaras y los flashes se apagaron, todos se subieron a sus poderosos vehículos y se marcharon. La única preocupación era inundar las redes sociales con fotos de ellos mismos con cara de compromiso. Algunos debieron usar el GPS para entrar y salir porque no sabían bien dónde estaban.

“Bono voto”

Mientras tanto, el Gobierno provincial sigue intentando ir hacia adelante esquivando las balas. De la enorme presión que hubo durante dos años por el atraso y desdoblamiento de los salarios de los empleados públicos, se pasó sin solución de continuidad a un reclamo insistente de paritarias y “aumento ya”.

El gobernador Mariano Arcioni dijo esta vez sin vueltas que “es una locura hablar de aumento salarial”. Los sindicatos, obviamente, le saltaron a la yugular. Hace dos años, también en tiempos electorales, Arcioni dio aumentos y firmó cláusulas “gatillo” que no se podían pagar y terminaron acelerando una crisis institucional y financiera que casi lo hacen volar por los aires y de de la que todavía no salió. Dar aumentos que no se pueden pagar es irresponsable. Si estuvo mal antes, estaría mal ahora.

Así y todo, el Gobierno intentará calmar a las fieras con el pago de un bono extraordinario para todos los trabajadores estatales y jubilados de $ 6.116, que se abonará en septiembre, octubre y noviembre. El “bono voto”, como lo descalificaron algunos, le va a insumir a las cuentas públicas un esfuerzo de unos $ 1.200 millones. No parece tan poco comparado con los sectores privados, que no tendrán bono, ni paritarias fuertes, ni que tampoco se han podido quedar en sus casas mucho tiempo durante la pandemia.

En medio de los reclamos, el viernes se vivió una situación insólita: mientras el Superior Tribunal de Justicia anunciaba que merced a una negociación con el Gobierno provincial iba a pagar ayer las dos masas salariales que le adeudaban a los trabajadores judiciales, el sindicato de los judiciales hacía un paro con manifestación en la calle y reclamaba paritarias.

Correr el arco todo el tiempo debería ser ya un deporte olímpico.

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07 AGO 2021 - 20:43

La apatía con la que arrancó la campaña electoral en Chubut marca un signo de estos tiempos: la gente está pensando en cosas más importantes que en el reparto de poder de los políticos.

Es seguro que en las próximas semanas se irán encendiendo un poco más las llamas de la disputa electoral, pero ni así el electorado se desenfocará de las cuestiones que le importan hoy más allá de las estructurales (desempleo, salarios, educación): la crisis energética en los pueblos del interior por la desidia de años y la falta de inversión; la inseguridad en la zona del Valle; la falta de nieve y otra temporada turística perdida en la Cordillera; la crisis hídrica en la zona sur (aunque la preocupación se extensiva a otras zonas); y la aparente puerta de salida de la pandemia, algo que parece inminente pero que nadie se anima asegurar que ocurrirá en breve.

Con distintos grados de importancia, estos son los temas que hoy le preocupan a la gente en general. Sin embargo, muy pocos candidatos –casi ninguno- parecen tener mucho para decir sobre estas cuestiones.

Hasta ahora, casi todo el arco político en lo único que coincidió fue en amontonarse la semana pasada en la pequeña localidad de Lago Blanco para asistir a la firma de la obra de pavimentación de la Ruta 260, el famoso “Corredor Bioceánico” con Chile, surgido del histórico Tratado con el país trasandino de 1984. Otra muestra de los tiempos que se suele tomar la política para concretar las promesas.

Hasta esa pequeña localidad fueron varios de los principales precandidatos de las listas de Chubut al Frente y el Frente de Todos. Nadie se quería perder las fotos. Muchos se toquetearon sin barbijos ni distanciamiento social. Otros se saludaron con sus enemigos con sonrisas de oreja a oreja. En tiempos de campaña electoral, vale todo.

De eso no se habla

Sin embargo, el paso de buena parte de la clase política dominante por Lago Blanco no incluyó comentarios de ninguno sobre la grave crisis energética que sigue afectando a decenas de pueblos de interior, entre ellos el bellísimo Lago Blanco, que hace diez días deben cortar el alumbrado público por las noches para que la gente pueden tener luz en sus casas, convirtiendo a esos lejanos poblados en virtuales bocas de lobos.

El tema es recurrente. Generadores a combustibles fósiles que se rompen una y otra vez por falta de mantenimiento desde hace décadas y trabajadores de Servicios Públicos que hacen lo que pueden con lo que tienen a mano, a la espera de un Interconectado que debería estar en la primera línea de obras a reclamar por todos los que aspiran a sentarse en una banca del Congreso Nacional.

El paso por Lago Blanco de los políticos que no gobiernan pero pontifican sin ponerse colorados, no dejó una sola declaración pública sobre la crisis energética que afecta a miles de chubutenses. Cuando las luces de las cámaras y los flashes se apagaron, todos se subieron a sus poderosos vehículos y se marcharon. La única preocupación era inundar las redes sociales con fotos de ellos mismos con cara de compromiso. Algunos debieron usar el GPS para entrar y salir porque no sabían bien dónde estaban.

“Bono voto”

Mientras tanto, el Gobierno provincial sigue intentando ir hacia adelante esquivando las balas. De la enorme presión que hubo durante dos años por el atraso y desdoblamiento de los salarios de los empleados públicos, se pasó sin solución de continuidad a un reclamo insistente de paritarias y “aumento ya”.

El gobernador Mariano Arcioni dijo esta vez sin vueltas que “es una locura hablar de aumento salarial”. Los sindicatos, obviamente, le saltaron a la yugular. Hace dos años, también en tiempos electorales, Arcioni dio aumentos y firmó cláusulas “gatillo” que no se podían pagar y terminaron acelerando una crisis institucional y financiera que casi lo hacen volar por los aires y de de la que todavía no salió. Dar aumentos que no se pueden pagar es irresponsable. Si estuvo mal antes, estaría mal ahora.

Así y todo, el Gobierno intentará calmar a las fieras con el pago de un bono extraordinario para todos los trabajadores estatales y jubilados de $ 6.116, que se abonará en septiembre, octubre y noviembre. El “bono voto”, como lo descalificaron algunos, le va a insumir a las cuentas públicas un esfuerzo de unos $ 1.200 millones. No parece tan poco comparado con los sectores privados, que no tendrán bono, ni paritarias fuertes, ni que tampoco se han podido quedar en sus casas mucho tiempo durante la pandemia.

En medio de los reclamos, el viernes se vivió una situación insólita: mientras el Superior Tribunal de Justicia anunciaba que merced a una negociación con el Gobierno provincial iba a pagar ayer las dos masas salariales que le adeudaban a los trabajadores judiciales, el sindicato de los judiciales hacía un paro con manifestación en la calle y reclamaba paritarias.

Correr el arco todo el tiempo debería ser ya un deporte olímpico.


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