Equipo solidario del barrio Los Hornos cocina para los vecinos en dificultades

04 ABR 2022 - 20:11

En la cocina, Iris revuelve el guiso de lentejas y un aroma penetrante llega hasta la calle. Es casi el mediodía y es la señal para que los vecinos comiencen a llegar –recipiente en mano-, para llevarse el almuerzo que compartirán con su familia.

En realidad, el operativo de llenar la enorme olla para 80 personas comenzó bien temprano: el equipo de trabajo, comandado por Rodolfo Enríquez, incluye también a Gisel, Iris, las dos Ayelén y alguna vecina más que se acerca para colaborar.

Siempre con una sonrisa, pelan las verduras, pican las cebollas, suman la carne picada y “ponemos esas ganas que necesitan las cosas para que salgan ricas, además de incluir una dosis de amor necesaria, pensando en que es el alimento para mucha gente que hoy está sin empleo”.

“El Pitu”

El comedor solidario “El Pitu”, emplazado en el corazón del barrio Los Hornos, comenzó hace un mes su cuarta temporada consecutiva, que largó en plena pandemia y donde la pobreza se hacía sentir con fuerza en los suburbios más carenciados.

“Empezamos con 40 viandas y ya estamos por encima de las 80 raciones diarias. La necesidad es grande y se ve todos los días, las chicas tienen lista la comida a las 12 y enseguida empiezan a llegar los vecinos con su ollita. Este año parece que será un invierno muy duro”, anticipó el referente del programa.

Explicó que “el menú va variando todos los días. Nos traen bastantes papas, así que es habitual que haya ñoquis. Otro día de la semana salen pizzas, pastel de papas o tallarines con pollo. También se hace el pan casero, el personal cocina muy rico, mirá como estoy quedando”, bromea mientras se toca la panza.

El financiamiento

Acerca del soporte financiero del emprendimiento en cuestión, Enríquez graficó que “el municipio nos aporta todos los insumos secos y frescos, aunque siempre hace falta algo más. Entre los propios vecinos hacemos un fondo común para solventar parte de los gastos, pero también estaría bueno que se sumen algunos comercios locales. Los estamos esperando con los brazos abiertos a todos”, aseveró.

A su lado, Ayelén detalló que “siempre nos organizamos entre tres o cuatro compañeras para las tareas de rutina. Recibimos a los vecinos del barrio Los Hornos y también a otros de Loma del Medio y de otros sectores, jamás se le niega un plato de comida a quien lo necesite”.

En El Bolsón siempre se dice que “una buena temporada turística soluciona la mitad de los problemas”. Sin embargo, los beneficios económicos no son para todos sus habitantes y siempre queda un porcentaje marginado y sin empleo, principalmente madres con varios hijos y sin empleo, abuelos, e incluso trabajadores eventuales de los más diversos oficios que no han podido conseguir una changa. Principalmente para ellos está enfocado el esfuerzo solidario de cocinar cada día.

“Tristeza”

A su turno, Gisel aseguró que “me da tristeza ver a una mamá sola con sus niños y a quien no le alcanza para alimentarlos, más aún cuando tienen que ir a la escuela, aunque queda la satisfacción de saber que uno hizo lo posible para alcanzarles al menos ese único plato de comida que tendrán en el día”.

Según recordó “El Pitu”, “arrancamos en una casita toda abierta y en un invierno con mucho frío, cocinando en un anafe con una garrafa. Actualmente, son otras las comodidades ya que el municipio nos acaba de instalar el gas natural, que nos cambió la vida. Ahora, las chicas pueden arrancar a las ocho y más calentitas”.

En coincidencia, después del mediodía algunas de las mujeres dedican algunas horas en el mismo espacio para dar clases de apoyo escolar a los chicos del barrio, además de otras actividades sociales y culturales.

04 ABR 2022 - 20:11

En la cocina, Iris revuelve el guiso de lentejas y un aroma penetrante llega hasta la calle. Es casi el mediodía y es la señal para que los vecinos comiencen a llegar –recipiente en mano-, para llevarse el almuerzo que compartirán con su familia.

En realidad, el operativo de llenar la enorme olla para 80 personas comenzó bien temprano: el equipo de trabajo, comandado por Rodolfo Enríquez, incluye también a Gisel, Iris, las dos Ayelén y alguna vecina más que se acerca para colaborar.

Siempre con una sonrisa, pelan las verduras, pican las cebollas, suman la carne picada y “ponemos esas ganas que necesitan las cosas para que salgan ricas, además de incluir una dosis de amor necesaria, pensando en que es el alimento para mucha gente que hoy está sin empleo”.

“El Pitu”

El comedor solidario “El Pitu”, emplazado en el corazón del barrio Los Hornos, comenzó hace un mes su cuarta temporada consecutiva, que largó en plena pandemia y donde la pobreza se hacía sentir con fuerza en los suburbios más carenciados.

“Empezamos con 40 viandas y ya estamos por encima de las 80 raciones diarias. La necesidad es grande y se ve todos los días, las chicas tienen lista la comida a las 12 y enseguida empiezan a llegar los vecinos con su ollita. Este año parece que será un invierno muy duro”, anticipó el referente del programa.

Explicó que “el menú va variando todos los días. Nos traen bastantes papas, así que es habitual que haya ñoquis. Otro día de la semana salen pizzas, pastel de papas o tallarines con pollo. También se hace el pan casero, el personal cocina muy rico, mirá como estoy quedando”, bromea mientras se toca la panza.

El financiamiento

Acerca del soporte financiero del emprendimiento en cuestión, Enríquez graficó que “el municipio nos aporta todos los insumos secos y frescos, aunque siempre hace falta algo más. Entre los propios vecinos hacemos un fondo común para solventar parte de los gastos, pero también estaría bueno que se sumen algunos comercios locales. Los estamos esperando con los brazos abiertos a todos”, aseveró.

A su lado, Ayelén detalló que “siempre nos organizamos entre tres o cuatro compañeras para las tareas de rutina. Recibimos a los vecinos del barrio Los Hornos y también a otros de Loma del Medio y de otros sectores, jamás se le niega un plato de comida a quien lo necesite”.

En El Bolsón siempre se dice que “una buena temporada turística soluciona la mitad de los problemas”. Sin embargo, los beneficios económicos no son para todos sus habitantes y siempre queda un porcentaje marginado y sin empleo, principalmente madres con varios hijos y sin empleo, abuelos, e incluso trabajadores eventuales de los más diversos oficios que no han podido conseguir una changa. Principalmente para ellos está enfocado el esfuerzo solidario de cocinar cada día.

“Tristeza”

A su turno, Gisel aseguró que “me da tristeza ver a una mamá sola con sus niños y a quien no le alcanza para alimentarlos, más aún cuando tienen que ir a la escuela, aunque queda la satisfacción de saber que uno hizo lo posible para alcanzarles al menos ese único plato de comida que tendrán en el día”.

Según recordó “El Pitu”, “arrancamos en una casita toda abierta y en un invierno con mucho frío, cocinando en un anafe con una garrafa. Actualmente, son otras las comodidades ya que el municipio nos acaba de instalar el gas natural, que nos cambió la vida. Ahora, las chicas pueden arrancar a las ocho y más calentitas”.

En coincidencia, después del mediodía algunas de las mujeres dedican algunas horas en el mismo espacio para dar clases de apoyo escolar a los chicos del barrio, además de otras actividades sociales y culturales.


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