La cancha de la Resistencia

Hoy, el “rojinegro” despide con honores el estadio Nacional ´72. El de las grandes fiestas, propias y ajenas. Se levantará un campo de sintético en la entidad que se acerca a los 100 años de vida.

Histórico. El “Nacional ‘72” dejará la vieja fachada e ingresará en una nueva etapa, de cara al futuro.
Histórico. El “Nacional ‘72” dejará la vieja fachada e ingresará en una nueva etapa, de cara al futuro.
30 MAY 2015 - 21:53 | Actualizado

Por Juan Miguel Bigrevich / juanmbigrevich@yahoo.com.ar

Durante esta jornada, el estadio del Club Atlético Independiente, cerrará sus puertas. El viejo estadio. El de las tardes de gloria y cenizas. El de tierra. El que le pusieron el nombre más emblemático de todos: Nacional ´72.

Será para bien. Espero y aspiro. Una bisagra en la historia de un club que el año que viene ingresará en el privilegiado círculo de los 100 años. Se construirá, allí, una cancha de césped sintético con vestuarios nuevos y más modernos. Un viejo anhelo que, al fin, parece hacerse realidad.

Desde las 10 comenzarán las actividades con el mejor capital que posee toda instituciones: sus divisiones formativas; desde los infantiles hasta las categorías de inferiores, incluso la femenina. Habrá suelta de globos (obviamente rojos y negros), la gran foto, los dirigentes dirán unas palabras y las viejas glorias despuntarán el vicio poco tiempo después. Sin embargo, hay que aclarar que significa esta cancha de fútbol que comenzó ubicada en la calle Estados Unidos y Rivadavia y con el advenimiento de la democracia, el nombre del gran país del norte fue trocado por el de la Soberanía Nacional; más allá que la soberanía, nacional en este caso, pasa no sólo por cambiar el nombre de las cosas.

Basta con sólo recordar que fue la cancha de todos. Sobre todo, después de las modificaciones que se efectuaron para disputar el Torneo Nacional de fútbol de 1972. En un sitio privilegiado del pueblo de Luis, allí se jugaron las finales más picantes y convocantes, tanto a nivel local como las de nivel regional. Desde las más escandalosas, incluidos jugadores demorados por la Policía, como un Huracán-Racing hasta la apoteótica victoria de Germinal con un “Tortuga” Rois colgado del alambrado en un cuadrangular para la historia entre los tres grandes de Trelew y el verdiblanco capitalino que usaba camiseta blanca con un fútbol verde en el corazón. Fue la de aquellos equipos que no tenían cancha, cuando decidieron mudarse a las afueras de la ciudad o los que empezaban a construirla; los que definían algún descenso en campo neutral como un Español-Ferro, dos que ya no están en el balompié doméstico.

Es el rectángulo del inolvidable Tommy Jones que la achicó para beneficio de su Gaiman FC ante un Deportivo Roca, el de Río Negro, en una semi de un Regional que no salió, de los pelotazos cruzados del Junca Papaiani para que Julito Thomas picara en diagonal y la pusiera arriba en el primer palo. El de Jaime GIordanella y el Laly Maza y del Negro Curilaf. Y de las definiciones del Chueco Llenderosa y de la enorme categoría del Choa Cárdenas.

Y, obviamente, de la eterna sonrisa del Nacional de 1972. DE la presencia de Alberto Parsechián con sus buzos claros, del golazo del Chivo Figueroa ante Cipolletti, que hizo que el Negro Hugo Edgard Gómez, admitiera que fue el gol que más gritó en su vida, de la melena –aún vigente- de Quique Behr, del Turco Salomón, del Loco Paz, del elegante Manicler, del penal de Cacho Fiandinho, de Robledo, de…

En esa cancha de tierra, de alguna manera, Independiente se adelantó y proveyó algo de felicidad al pueblo 16 días antes que el destino se ensañara y arrojara la masacre del 72 sobre el Valle.

En esos metros, cuya antesala es un portón desvencijado y viejo, pasó el primer bicampeon del fútbol argentino como el San Lorenzo del Ratón Ayala, el negro Ramón Heredia y el colorado Rezza y del Toto Lorenzo y mostró su incipiente clase un crack de todos los tiempos como Ricardo Bochini.

Y también es la cancha de la resistencia. Independiente supo aguantar y finalmente zafar del mal final del club de esa magnífica película “Luna de Avellaneda”. Soportó los embates de quienes supusieron un negocio millonario con lotes apetecibles; o acaso ¿Quién puede dudar que el Dios Mercado no lo haya intentado?. Sin embargo, ese punto de referencia obligado de los domingos de la infancia y adolescencia de muchos, no cedió ante los cantos de sirenas. Porque era como entregar el patio dela abuela. Era como dejar entrar sin permiso a la casa de uno y eso no está bien. En ese lugar, afectado por el tiempo y el desinterés, se abrazó con un extraño sin saber quién o qué era, se lloró, se rio, se cantó hasta la afonía y se esperó un lunes distinto, diferente.

Los hombres se definen más por sus actos que por sus palabras y es allí donde se encuentra la nobleza de quienes fundaron y condujeron –con distintas suerte- el destino del club. Allí alcanzaron un logro deportivo aún no igualado y sin par. Es una medalla más en la historia de la institución, rica en lo social y en lealtad a sus ideales. Salud Nacional ´72. Nos vemos a la vuelta.

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Histórico. El “Nacional ‘72” dejará la vieja fachada e ingresará en una nueva etapa, de cara al futuro.
Histórico. El “Nacional ‘72” dejará la vieja fachada e ingresará en una nueva etapa, de cara al futuro.
30 MAY 2015 - 21:53

Por Juan Miguel Bigrevich / juanmbigrevich@yahoo.com.ar

Durante esta jornada, el estadio del Club Atlético Independiente, cerrará sus puertas. El viejo estadio. El de las tardes de gloria y cenizas. El de tierra. El que le pusieron el nombre más emblemático de todos: Nacional ´72.

Será para bien. Espero y aspiro. Una bisagra en la historia de un club que el año que viene ingresará en el privilegiado círculo de los 100 años. Se construirá, allí, una cancha de césped sintético con vestuarios nuevos y más modernos. Un viejo anhelo que, al fin, parece hacerse realidad.

Desde las 10 comenzarán las actividades con el mejor capital que posee toda instituciones: sus divisiones formativas; desde los infantiles hasta las categorías de inferiores, incluso la femenina. Habrá suelta de globos (obviamente rojos y negros), la gran foto, los dirigentes dirán unas palabras y las viejas glorias despuntarán el vicio poco tiempo después. Sin embargo, hay que aclarar que significa esta cancha de fútbol que comenzó ubicada en la calle Estados Unidos y Rivadavia y con el advenimiento de la democracia, el nombre del gran país del norte fue trocado por el de la Soberanía Nacional; más allá que la soberanía, nacional en este caso, pasa no sólo por cambiar el nombre de las cosas.

Basta con sólo recordar que fue la cancha de todos. Sobre todo, después de las modificaciones que se efectuaron para disputar el Torneo Nacional de fútbol de 1972. En un sitio privilegiado del pueblo de Luis, allí se jugaron las finales más picantes y convocantes, tanto a nivel local como las de nivel regional. Desde las más escandalosas, incluidos jugadores demorados por la Policía, como un Huracán-Racing hasta la apoteótica victoria de Germinal con un “Tortuga” Rois colgado del alambrado en un cuadrangular para la historia entre los tres grandes de Trelew y el verdiblanco capitalino que usaba camiseta blanca con un fútbol verde en el corazón. Fue la de aquellos equipos que no tenían cancha, cuando decidieron mudarse a las afueras de la ciudad o los que empezaban a construirla; los que definían algún descenso en campo neutral como un Español-Ferro, dos que ya no están en el balompié doméstico.

Es el rectángulo del inolvidable Tommy Jones que la achicó para beneficio de su Gaiman FC ante un Deportivo Roca, el de Río Negro, en una semi de un Regional que no salió, de los pelotazos cruzados del Junca Papaiani para que Julito Thomas picara en diagonal y la pusiera arriba en el primer palo. El de Jaime GIordanella y el Laly Maza y del Negro Curilaf. Y de las definiciones del Chueco Llenderosa y de la enorme categoría del Choa Cárdenas.

Y, obviamente, de la eterna sonrisa del Nacional de 1972. DE la presencia de Alberto Parsechián con sus buzos claros, del golazo del Chivo Figueroa ante Cipolletti, que hizo que el Negro Hugo Edgard Gómez, admitiera que fue el gol que más gritó en su vida, de la melena –aún vigente- de Quique Behr, del Turco Salomón, del Loco Paz, del elegante Manicler, del penal de Cacho Fiandinho, de Robledo, de…

En esa cancha de tierra, de alguna manera, Independiente se adelantó y proveyó algo de felicidad al pueblo 16 días antes que el destino se ensañara y arrojara la masacre del 72 sobre el Valle.

En esos metros, cuya antesala es un portón desvencijado y viejo, pasó el primer bicampeon del fútbol argentino como el San Lorenzo del Ratón Ayala, el negro Ramón Heredia y el colorado Rezza y del Toto Lorenzo y mostró su incipiente clase un crack de todos los tiempos como Ricardo Bochini.

Y también es la cancha de la resistencia. Independiente supo aguantar y finalmente zafar del mal final del club de esa magnífica película “Luna de Avellaneda”. Soportó los embates de quienes supusieron un negocio millonario con lotes apetecibles; o acaso ¿Quién puede dudar que el Dios Mercado no lo haya intentado?. Sin embargo, ese punto de referencia obligado de los domingos de la infancia y adolescencia de muchos, no cedió ante los cantos de sirenas. Porque era como entregar el patio dela abuela. Era como dejar entrar sin permiso a la casa de uno y eso no está bien. En ese lugar, afectado por el tiempo y el desinterés, se abrazó con un extraño sin saber quién o qué era, se lloró, se rio, se cantó hasta la afonía y se esperó un lunes distinto, diferente.

Los hombres se definen más por sus actos que por sus palabras y es allí donde se encuentra la nobleza de quienes fundaron y condujeron –con distintas suerte- el destino del club. Allí alcanzaron un logro deportivo aún no igualado y sin par. Es una medalla más en la historia de la institución, rica en lo social y en lealtad a sus ideales. Salud Nacional ´72. Nos vemos a la vuelta.