Por Rolando Tobarez / Twitter: @rtobarez
Ese día en Comodoro Rivadavia, cuando trajeron los libros ya sin abrirlos pude a simple vista ver una diferencia de color en las hojas y se podía estimar que había un cambio de hojas, algo raro porque eran más cortas. Eso todo sin abrirlos”.
Cosas así le dijo a la Justicia Federal de Rawson el ingeniero Pedro Bramati, en uno de los testimonios más comprometedores en la causa por la presunta adulteración de libros de actas de exámenes en la sede Trelew de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
“Ese día” es el 28 de mayo, en la sesión del Consejo Superior de la UNPSJB en la ciudad petrolera. Docentes, autoridades y alumnos revisaron los libros presuntamente adulterados y las empleadas administrativas Silvia Margusino y Lidia Villarroel ratificaron su denuncia original. Por la causa Pablo Pugh está imputado por falsificación de instrumento público y el decano de Abogacía, Augusto Ferrari, por desobediencia.
Hace 30 años que Bramati es profesor de la Facultad de Ingeniería en Trelew. Y hace dos que es consiliario titular. Estudio Ingeniería en Rosario y desde setiembre de 1970 hasta mayo del `73 trabajó con un librero en un taller de encuadernado y restauración.
“Hacía mucha actividad de restauración de los libros de la Facultad de Ingeniería y la de Arquitectura; aprendí el oficio en ese lugar. Eso me dio conocimiento y me daba para poder ver si los libros estaban bien o mal”.
Cuando revisó los documentos en Comodoro “ya al abrir se pudo ver de las actas que siete tenían diferente color; eran más blancas, esto muy notorio. La textura de las hojas era mucho más suave, la hoja un poco más fina y más cortas en altura”. Bramati detectó una hoja “cuyo procedimiento de reemplazo no es igual a las restantes ya que fue cortada y pegada”.
“Tomando la foja a contraluz se puede apreciar que sufrió una modificación como si fuera borrado el numero original impreso –dice su testimonio-. También por el tacto de la mano se puede apreciar algo raro”.
En el Juzgado, el testigo midió los papeles con una cinta métrica y comparó con el resto del libro: la hoja objetada midió 32,20 centímetros y la original, 32,35. “Es dable resaltar que comparando la parte superior con la inferior, esta última ha sido cortada ya que el borde inferior posee una oscilación u ondulación producto de la cuchilla de corte; la irregularidad es muy notoria”.
De ojo entrenado, el testigo reveló múltiples diferencias entre las hojas originales de los libros y las que presuntamente se insertaron de apuro. Eran distintos los tamaños, los colores, las texturas, el desgaste y la forma de los números. Hasta halló restos de raspaduras para tachar.
Por ejemplo: “Las hojas originales contienen un contorno amarillento, producto del sol, de un centímetro y medio, cuya parte interna está blanquecina. En cambio la hoja 021 no posee el contorno, esta uniforme, no estuvo expuesto al sol (…) La tinta del grafismo es más clara que los restantes, como en los otros casos”.
Un relato
Por su parte, Villarroel, una de las administrativas de Ciencias Jurídicas que detectó las irregularidades, confirmó que tras controlar la documentación en Trelew, hallaron agregados firmados por Pugh en los libros de actas que no coincidían con las actas volantes. Eran siete materias a favor del alumno Facundo Marco Vega: Derecho Procesal, Civil y Comercial; Derecho Comercial I y II; Economía Política; Finanzas Públicas, Derecho Tributario y Aduanero; Derecho Procesal Penal y Recursos Naturales: Régimen Jurídico. Todas con nota 4 o 6.
“Al observar esto con Silvia Margusino nos llamó la atención la forma en que estaban agregadas entonces analizamos el analítico del alumno Vega en nuestra base de datos”, contó ante el juez federal Hugo Sastre. Villarroel conoce el sistema: ella misma carga las notas de los analíticos de los alumnos desde el libro de actas, una por una.
“Pudimos ver que había como `cosas´ acomodadas, que es un poco difícil poder explicar sin el plan de estudio y el analítico. Este alumno hizo en un año en una materia que le exigía una correlativa, entonces si no tiene aprobada esa correlativa, tampoco puede promocionar esa que estaba haciendo, que son materias de 2008”. Hasta hallaron hojas con el nombre del alumno real borrado y el de Vega sobreescrito.
“Una vez que encontramos que eran siete materias agregadas a un alumno y cargadas en su analítico, en ese momento tuvimos una sensación no sé cómo explicar, sorpresa era poco, no encontrábamos una explicación ni una razón ni justificativo para esto. Claramente no estaba bien, no estaba correcto, no era normal la forma”.
Con Margusino decidieron informar al decano, máxima autoridad de la Facultad. Hablaron en privado el 8 de mayo. Le mostraron libros, actas y firmas. “Nos dijo que era muy grave la situación y nos pidió específicamente tiempo para hablar con su grupo político el fin de semana, era viernes”. Les dijo: “Voy a ver cómo resolvemos esto”. Les dio las gracias y las felicitó “muy efusivamente”.
La semana siguiente ambas revisaron los libros de nuevo. “Vimos que habían sido modificadas nuevamente, en cada caso `anulando´ lo que se había agregado, volviendo a firmar Pugh la nueva corrección”. Avisaron por mail a los docentes de las cátedras afectadas y pidieron elevar el tema al Consejo Directivo de la Facultad.
El viernes 15 de mayo hablaron por teléfono con Ferrari. “Teníamos una nota para presentar sobre este tema; estaba en Puerto Madryn y nos dice `Esperen que voy para allá´”. Cerca del mediodía se reunieron ellas, el decano y el delegado académico que ya había reemplazado a Pugh: Rubén Gustavo Fleitas.
“Mostramos nuevamente los libros, lo que habíamos visto con él el 8 y las nuevas modificaciones –contó Villarroel-. En ese lapso nos afecto la poca acción por parte de las autoridades a las que habíamos puesto en conocimiento de la situación”.
Cuando Ferrari supo que los profesores estaban avisados “nuevamente nos pidió que esto se mantuviera un poco en `secreto´, en resguardo”. Las administrativas le solicitaron que la inminente sesión del Consejo ingresara y discutiera el tema. “La reunión terminó en muy buenos términos y con el temor expreso del decano de que esto iniciara un escándalo, que era justamente lo que no quería”.
El lunes 18 “vemos que los libros no estaban en la sede de la Facultad, revisamos en el armario que generalmente están guardados y estaba vacío”. Nadie supo decirles qué había pasado.
Decidieron viajar a la sesión del Consejo Superior, en Comodoro Rivadavia. Pero antes Ferrari y Fleitas las convocan a una reunión privada en el Decanato. “Nos dicen que los libros no estaban adulterados”.
-¿Esta conversación tuvo como objeto influir en lo que venían diciendo?, les preguntó la justicia.
-Sí, la sorpresa de ellos fue que estábamos nosotras allá. Ferrari tenía una carpeta abierta, que nos dice “Este es el sumario administrativo que estamos haciendo”, como que daba a entender que era a nosotras, lo que quedó flotando en el aire.
-¿Se sintió intimidada?
-Sí, aparte de molesta y enojada. Inclusive le dije en tono de broma “ahora nos vas a dejar encerradas acá adentro”. Le dije a Silvia “Vámonos” y nos fuimos; Silvia también estaba muy molesta.

Por Rolando Tobarez / Twitter: @rtobarez
Ese día en Comodoro Rivadavia, cuando trajeron los libros ya sin abrirlos pude a simple vista ver una diferencia de color en las hojas y se podía estimar que había un cambio de hojas, algo raro porque eran más cortas. Eso todo sin abrirlos”.
Cosas así le dijo a la Justicia Federal de Rawson el ingeniero Pedro Bramati, en uno de los testimonios más comprometedores en la causa por la presunta adulteración de libros de actas de exámenes en la sede Trelew de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
“Ese día” es el 28 de mayo, en la sesión del Consejo Superior de la UNPSJB en la ciudad petrolera. Docentes, autoridades y alumnos revisaron los libros presuntamente adulterados y las empleadas administrativas Silvia Margusino y Lidia Villarroel ratificaron su denuncia original. Por la causa Pablo Pugh está imputado por falsificación de instrumento público y el decano de Abogacía, Augusto Ferrari, por desobediencia.
Hace 30 años que Bramati es profesor de la Facultad de Ingeniería en Trelew. Y hace dos que es consiliario titular. Estudio Ingeniería en Rosario y desde setiembre de 1970 hasta mayo del `73 trabajó con un librero en un taller de encuadernado y restauración.
“Hacía mucha actividad de restauración de los libros de la Facultad de Ingeniería y la de Arquitectura; aprendí el oficio en ese lugar. Eso me dio conocimiento y me daba para poder ver si los libros estaban bien o mal”.
Cuando revisó los documentos en Comodoro “ya al abrir se pudo ver de las actas que siete tenían diferente color; eran más blancas, esto muy notorio. La textura de las hojas era mucho más suave, la hoja un poco más fina y más cortas en altura”. Bramati detectó una hoja “cuyo procedimiento de reemplazo no es igual a las restantes ya que fue cortada y pegada”.
“Tomando la foja a contraluz se puede apreciar que sufrió una modificación como si fuera borrado el numero original impreso –dice su testimonio-. También por el tacto de la mano se puede apreciar algo raro”.
En el Juzgado, el testigo midió los papeles con una cinta métrica y comparó con el resto del libro: la hoja objetada midió 32,20 centímetros y la original, 32,35. “Es dable resaltar que comparando la parte superior con la inferior, esta última ha sido cortada ya que el borde inferior posee una oscilación u ondulación producto de la cuchilla de corte; la irregularidad es muy notoria”.
De ojo entrenado, el testigo reveló múltiples diferencias entre las hojas originales de los libros y las que presuntamente se insertaron de apuro. Eran distintos los tamaños, los colores, las texturas, el desgaste y la forma de los números. Hasta halló restos de raspaduras para tachar.
Por ejemplo: “Las hojas originales contienen un contorno amarillento, producto del sol, de un centímetro y medio, cuya parte interna está blanquecina. En cambio la hoja 021 no posee el contorno, esta uniforme, no estuvo expuesto al sol (…) La tinta del grafismo es más clara que los restantes, como en los otros casos”.
Un relato
Por su parte, Villarroel, una de las administrativas de Ciencias Jurídicas que detectó las irregularidades, confirmó que tras controlar la documentación en Trelew, hallaron agregados firmados por Pugh en los libros de actas que no coincidían con las actas volantes. Eran siete materias a favor del alumno Facundo Marco Vega: Derecho Procesal, Civil y Comercial; Derecho Comercial I y II; Economía Política; Finanzas Públicas, Derecho Tributario y Aduanero; Derecho Procesal Penal y Recursos Naturales: Régimen Jurídico. Todas con nota 4 o 6.
“Al observar esto con Silvia Margusino nos llamó la atención la forma en que estaban agregadas entonces analizamos el analítico del alumno Vega en nuestra base de datos”, contó ante el juez federal Hugo Sastre. Villarroel conoce el sistema: ella misma carga las notas de los analíticos de los alumnos desde el libro de actas, una por una.
“Pudimos ver que había como `cosas´ acomodadas, que es un poco difícil poder explicar sin el plan de estudio y el analítico. Este alumno hizo en un año en una materia que le exigía una correlativa, entonces si no tiene aprobada esa correlativa, tampoco puede promocionar esa que estaba haciendo, que son materias de 2008”. Hasta hallaron hojas con el nombre del alumno real borrado y el de Vega sobreescrito.
“Una vez que encontramos que eran siete materias agregadas a un alumno y cargadas en su analítico, en ese momento tuvimos una sensación no sé cómo explicar, sorpresa era poco, no encontrábamos una explicación ni una razón ni justificativo para esto. Claramente no estaba bien, no estaba correcto, no era normal la forma”.
Con Margusino decidieron informar al decano, máxima autoridad de la Facultad. Hablaron en privado el 8 de mayo. Le mostraron libros, actas y firmas. “Nos dijo que era muy grave la situación y nos pidió específicamente tiempo para hablar con su grupo político el fin de semana, era viernes”. Les dijo: “Voy a ver cómo resolvemos esto”. Les dio las gracias y las felicitó “muy efusivamente”.
La semana siguiente ambas revisaron los libros de nuevo. “Vimos que habían sido modificadas nuevamente, en cada caso `anulando´ lo que se había agregado, volviendo a firmar Pugh la nueva corrección”. Avisaron por mail a los docentes de las cátedras afectadas y pidieron elevar el tema al Consejo Directivo de la Facultad.
El viernes 15 de mayo hablaron por teléfono con Ferrari. “Teníamos una nota para presentar sobre este tema; estaba en Puerto Madryn y nos dice `Esperen que voy para allá´”. Cerca del mediodía se reunieron ellas, el decano y el delegado académico que ya había reemplazado a Pugh: Rubén Gustavo Fleitas.
“Mostramos nuevamente los libros, lo que habíamos visto con él el 8 y las nuevas modificaciones –contó Villarroel-. En ese lapso nos afecto la poca acción por parte de las autoridades a las que habíamos puesto en conocimiento de la situación”.
Cuando Ferrari supo que los profesores estaban avisados “nuevamente nos pidió que esto se mantuviera un poco en `secreto´, en resguardo”. Las administrativas le solicitaron que la inminente sesión del Consejo ingresara y discutiera el tema. “La reunión terminó en muy buenos términos y con el temor expreso del decano de que esto iniciara un escándalo, que era justamente lo que no quería”.
El lunes 18 “vemos que los libros no estaban en la sede de la Facultad, revisamos en el armario que generalmente están guardados y estaba vacío”. Nadie supo decirles qué había pasado.
Decidieron viajar a la sesión del Consejo Superior, en Comodoro Rivadavia. Pero antes Ferrari y Fleitas las convocan a una reunión privada en el Decanato. “Nos dicen que los libros no estaban adulterados”.
-¿Esta conversación tuvo como objeto influir en lo que venían diciendo?, les preguntó la justicia.
-Sí, la sorpresa de ellos fue que estábamos nosotras allá. Ferrari tenía una carpeta abierta, que nos dice “Este es el sumario administrativo que estamos haciendo”, como que daba a entender que era a nosotras, lo que quedó flotando en el aire.
-¿Se sintió intimidada?
-Sí, aparte de molesta y enojada. Inclusive le dije en tono de broma “ahora nos vas a dejar encerradas acá adentro”. Le dije a Silvia “Vámonos” y nos fuimos; Silvia también estaba muy molesta.