Matthysse: por ahora, lejos del ring

Lucas confirmó que se tomará un año sabático, lejos del boxeo. Y disfruta de la familia y de “ver entrenar a los demás”. Aunque no descarta volver, no mide tiempos. “Quiero descansar”. Y avisa que la motivación “vendrá sola”.

 Lucas Matthysse posterga su vuelta a los rings.
Lucas Matthysse posterga su vuelta a los rings.
21 JUN 2016 - 21:38 | Actualizado

Por Ismael Tebes

Fue el 3 de octubre del año pasado. La última vez que Lucas Martín Matthysse se calzó los guantes y subió a “jugarse” su destino en un ring. No falta mucho para que se cumpla un año de aquella derrota en Carsons, California ante el ucraniano Viktor Postol. A muchos, el propio Lucas incluido, le quedó la frustración de no ganar el título superligero del CMB y de caer ante un rival que en los papeles, no tenía puesto el disfraz de “verdugo”.

Hoy el duro peleador le da paso al “hombre común”, el que paga las cuentas y a diario madruga ya no para correr de madrugada sino para llevar a su hija Priscilla a la Escuela. Y en eso está Matthysse no queriendo volver pero tampoco queriendo irse. Meditando con tiempo a favor y en familia. La falta de ganas es un factor emocional que cuenta. Acaso el más importante por sobre lo físico que nunca se pierde del todo. Y Lucas, tentado siempre por los ruidos del gimnasio, asume “cansarse” cuando los demás entrenan. Prefiere la vida tranquila, no “apretarse” con las dietas, ni planificar a largo plazo. El hoy se vive intensamente pero sin dejar de extrañar las luces de Las Vegas y los gritos enfervorizados del público. “Obvio, el ring siempre se extraña y si fuera por uno, subiría a pelear todos los días pero eso lleva a tener que estar entrenado. Ganas no tengo por ahora. Prefiero seguir haciendo vida de familia en Trelew”, dice el excampeón interino para romper el hielo con Jornada.

“¿La motivacion? La familia te lleva a eso. Yo hice muchas peleas, estoy recansado. Fueron todas duras y quiero descansar un poco yo, mi cuerpo y mi cabeza. La motivación vendrá sola, viendo boxeo o yendo a un gimnasio a visitar, por ahí te agarra. No sé, ahí es cuando uno siente si tiene ganas, si quiere volver. Ahora entro al gimnasio y ya me canso de sólo ver entrenar a los demás”.

Los tatuajes de guerra por ahora están a resguardo. Su bajo perfil se rompe solamente en los festivales donde los boxeadores y la gente, lo mantiene presente con fotos y autógrafos. Vivir en Trelew y en contacto con los afectos, le ha dado a Lucas la calma que no tenía desde hace años. Por haberse convertido en una máquina de pelear y por cumplir con los compromisos asumidos. Siempre bien, trabajando como se debe pero obligado. “La vuelta se dará, seguro que sí. Pero por el momento no quiero ponerme fechas ni nada. La verdad que tenía pensado volver para noviembre o diciembre pero no tengo ganas de entrenar. Si fueran esas fechas ya tendría que empezar a moverme”. E insiste con su fórmula de no “apurar” los tiempos y dejarse llevar por el futuro.

“Me levanto todos los días a las 7 de la mañana, de lunes a viernes para despertar a mi hija que va a la Escuela. La llevo; estoy ahí y me vuelvo a mi casa. Tomo unos mates con mi señora y hacemos las cosas que hace todo el mundo, de rutina. Pagar cuentas, hacer algo, limpiar el patio. A mí me gusta eso y la paso muy bien. O visitando a mi hermana y mi cuñado en las Mil, yendo a lo de mi mamá y al gimnasio a ver entrenar a mi sobrino”. Y agregó al combo de entrecasa el acompañamiento total a su hija en su rol de destacadísima competidora de gimnasia aeróbica ya con medallas fuera del país.

Mientras Ruslan Provodnikov y John Molina, dos de sus exrivales, batallaban en pelea, Lucas los siguió desde el living sin ponerse nervioso. “Vi la pelea y pensé que iba a ser una verdadera guerra porque los dos son boxeadores que van al frente. Provodnikov ya está cansado, yo ya había escuchado que no tenía muchas ganas de seguir y que no había entrenado bien. Molina hizo lo que pudo y ganó. Me senté a mirarla pensando que enfrenté a los dos y que hice ante ellos, dos de mis mejores peleas”.

Viajar como invitado al evento Canelo-Khan en el T-Mobile Arena representó un reencuentro con el afecto de los fans yanquis. “Gente de Golden Boy me alentaron, me dijeron que el público de allá me estaba esperando, igual que la televisión. Me preguntaron cuándo iba a volver. Ahí surgió lo de diciembre, me quieren ver combatir. Sentí el cariño que me tienen no solamente como deportista sino como persona”.

“Ser –indicó- campeón mundial absoluto quizás sea mi cuenta pendiente. Igual estoy muy contento de la carrera que hice. Pasaron muchos años, enfrenté a los mejores de mi categoría. Quizás la gente quería más pero porque entiende que por ser su ídolo tengo que ser el mejor y ganar todo. No a todos se nos da. Es un camino muy largo y difícil. Yo la vengo remando desde hace un montón y tengo 33 años, estoy feliz por haber viajado tantas veces a Estados Unidos. Siempre trato de transmitir mi experiencia cuando me lo preguntan. Es un laburo largo en el que los boxeadores quieren ganar plata enseguida. Y no se gana plata enseguida”.

No duda en poner en la balanza todo. La plata que se ganó transpirando y la gloria que alguna vez alcanzó pero sigue buscando. “Mi salud y mis ganas es lo primero. ¿La gloria?. También porque si me retiro del boxeo quisiera hacerlo de la mejor forma. La verdad es que mi última pelea no fue muy buena y no me quiero ir así, dejando esa sensación. ¿La plata?. No es que estoy hecho o soy millonario. Hice mi moneda por el sacrificio de pelear con los mejores. Me merezco lo que tengo, no se lo pedí a nadie y nadie me regaló nada. Me lo gané yo”, remarca.

Y si bien no definió cómo seguirá su carrera, no descarta “cambiar” para empezar de nuevo. “Este año lo voy a usar para pensar mucho. Tengo que pensar si quiero seguir o no. No se trata de cambiar de un día para otro. Voy a descansar y ver qué quiero hacer, retomar ganas para ver dónde voy a trabajar y con quién. Me siento cómodo en Trelew, hay un lindo grupo. Seguramente voy a cambiar muchas cosas, las que hagan falta”.

Al final miró con realismo la crisis que parece afrontar el boxeo argentino que con su impasse y los retiros de “Maravilla” Martínez y “El Chino” Maidana empezó a no ganar afuera. Con representantes que no dieron la talla y que dejaron escapar la oportunidad de mostrarse en la meca americana. “Está Cuellar solamente como campeón. El boxeo se cayó de vuelta. Hay que alentar y apoyar porque cuesta mucho salir afuera. No cualquiera llega a Estados Unidos. Eso es lo que quieren todos. Hay que saber esperar la oportunidad, sin ansiedad y sin apuro”, cerró Lucas, relajado y con una barba que no para de crecer. Sinónimo quizás de disfrutar las pequeñas cosas que la profesión de las piñas, inconscientemente, le quitó.

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 Lucas Matthysse posterga su vuelta a los rings.
Lucas Matthysse posterga su vuelta a los rings.
21 JUN 2016 - 21:38

Por Ismael Tebes

Fue el 3 de octubre del año pasado. La última vez que Lucas Martín Matthysse se calzó los guantes y subió a “jugarse” su destino en un ring. No falta mucho para que se cumpla un año de aquella derrota en Carsons, California ante el ucraniano Viktor Postol. A muchos, el propio Lucas incluido, le quedó la frustración de no ganar el título superligero del CMB y de caer ante un rival que en los papeles, no tenía puesto el disfraz de “verdugo”.

Hoy el duro peleador le da paso al “hombre común”, el que paga las cuentas y a diario madruga ya no para correr de madrugada sino para llevar a su hija Priscilla a la Escuela. Y en eso está Matthysse no queriendo volver pero tampoco queriendo irse. Meditando con tiempo a favor y en familia. La falta de ganas es un factor emocional que cuenta. Acaso el más importante por sobre lo físico que nunca se pierde del todo. Y Lucas, tentado siempre por los ruidos del gimnasio, asume “cansarse” cuando los demás entrenan. Prefiere la vida tranquila, no “apretarse” con las dietas, ni planificar a largo plazo. El hoy se vive intensamente pero sin dejar de extrañar las luces de Las Vegas y los gritos enfervorizados del público. “Obvio, el ring siempre se extraña y si fuera por uno, subiría a pelear todos los días pero eso lleva a tener que estar entrenado. Ganas no tengo por ahora. Prefiero seguir haciendo vida de familia en Trelew”, dice el excampeón interino para romper el hielo con Jornada.

“¿La motivacion? La familia te lleva a eso. Yo hice muchas peleas, estoy recansado. Fueron todas duras y quiero descansar un poco yo, mi cuerpo y mi cabeza. La motivación vendrá sola, viendo boxeo o yendo a un gimnasio a visitar, por ahí te agarra. No sé, ahí es cuando uno siente si tiene ganas, si quiere volver. Ahora entro al gimnasio y ya me canso de sólo ver entrenar a los demás”.

Los tatuajes de guerra por ahora están a resguardo. Su bajo perfil se rompe solamente en los festivales donde los boxeadores y la gente, lo mantiene presente con fotos y autógrafos. Vivir en Trelew y en contacto con los afectos, le ha dado a Lucas la calma que no tenía desde hace años. Por haberse convertido en una máquina de pelear y por cumplir con los compromisos asumidos. Siempre bien, trabajando como se debe pero obligado. “La vuelta se dará, seguro que sí. Pero por el momento no quiero ponerme fechas ni nada. La verdad que tenía pensado volver para noviembre o diciembre pero no tengo ganas de entrenar. Si fueran esas fechas ya tendría que empezar a moverme”. E insiste con su fórmula de no “apurar” los tiempos y dejarse llevar por el futuro.

“Me levanto todos los días a las 7 de la mañana, de lunes a viernes para despertar a mi hija que va a la Escuela. La llevo; estoy ahí y me vuelvo a mi casa. Tomo unos mates con mi señora y hacemos las cosas que hace todo el mundo, de rutina. Pagar cuentas, hacer algo, limpiar el patio. A mí me gusta eso y la paso muy bien. O visitando a mi hermana y mi cuñado en las Mil, yendo a lo de mi mamá y al gimnasio a ver entrenar a mi sobrino”. Y agregó al combo de entrecasa el acompañamiento total a su hija en su rol de destacadísima competidora de gimnasia aeróbica ya con medallas fuera del país.

Mientras Ruslan Provodnikov y John Molina, dos de sus exrivales, batallaban en pelea, Lucas los siguió desde el living sin ponerse nervioso. “Vi la pelea y pensé que iba a ser una verdadera guerra porque los dos son boxeadores que van al frente. Provodnikov ya está cansado, yo ya había escuchado que no tenía muchas ganas de seguir y que no había entrenado bien. Molina hizo lo que pudo y ganó. Me senté a mirarla pensando que enfrenté a los dos y que hice ante ellos, dos de mis mejores peleas”.

Viajar como invitado al evento Canelo-Khan en el T-Mobile Arena representó un reencuentro con el afecto de los fans yanquis. “Gente de Golden Boy me alentaron, me dijeron que el público de allá me estaba esperando, igual que la televisión. Me preguntaron cuándo iba a volver. Ahí surgió lo de diciembre, me quieren ver combatir. Sentí el cariño que me tienen no solamente como deportista sino como persona”.

“Ser –indicó- campeón mundial absoluto quizás sea mi cuenta pendiente. Igual estoy muy contento de la carrera que hice. Pasaron muchos años, enfrenté a los mejores de mi categoría. Quizás la gente quería más pero porque entiende que por ser su ídolo tengo que ser el mejor y ganar todo. No a todos se nos da. Es un camino muy largo y difícil. Yo la vengo remando desde hace un montón y tengo 33 años, estoy feliz por haber viajado tantas veces a Estados Unidos. Siempre trato de transmitir mi experiencia cuando me lo preguntan. Es un laburo largo en el que los boxeadores quieren ganar plata enseguida. Y no se gana plata enseguida”.

No duda en poner en la balanza todo. La plata que se ganó transpirando y la gloria que alguna vez alcanzó pero sigue buscando. “Mi salud y mis ganas es lo primero. ¿La gloria?. También porque si me retiro del boxeo quisiera hacerlo de la mejor forma. La verdad es que mi última pelea no fue muy buena y no me quiero ir así, dejando esa sensación. ¿La plata?. No es que estoy hecho o soy millonario. Hice mi moneda por el sacrificio de pelear con los mejores. Me merezco lo que tengo, no se lo pedí a nadie y nadie me regaló nada. Me lo gané yo”, remarca.

Y si bien no definió cómo seguirá su carrera, no descarta “cambiar” para empezar de nuevo. “Este año lo voy a usar para pensar mucho. Tengo que pensar si quiero seguir o no. No se trata de cambiar de un día para otro. Voy a descansar y ver qué quiero hacer, retomar ganas para ver dónde voy a trabajar y con quién. Me siento cómodo en Trelew, hay un lindo grupo. Seguramente voy a cambiar muchas cosas, las que hagan falta”.

Al final miró con realismo la crisis que parece afrontar el boxeo argentino que con su impasse y los retiros de “Maravilla” Martínez y “El Chino” Maidana empezó a no ganar afuera. Con representantes que no dieron la talla y que dejaron escapar la oportunidad de mostrarse en la meca americana. “Está Cuellar solamente como campeón. El boxeo se cayó de vuelta. Hay que alentar y apoyar porque cuesta mucho salir afuera. No cualquiera llega a Estados Unidos. Eso es lo que quieren todos. Hay que saber esperar la oportunidad, sin ansiedad y sin apuro”, cerró Lucas, relajado y con una barba que no para de crecer. Sinónimo quizás de disfrutar las pequeñas cosas que la profesión de las piñas, inconscientemente, le quitó.