Por Daniel Schulman / Especial para Jornada
Ese día el sujeto 01 se levantó sin ningún problema, como todas las mañanas. Se duchó y mientras se duchaba se cepilló los dientes y se afeitó. Le gustaba terminar su baño ya listo para perfumarse y vestirse. Siempre decía que de la ducha había que salir listo para eyectarse al mundo. Aunque, claro, en pelotas si uno se eyecta puede terminar en cana.
La cuestión es que esa mañana fue como todas las mañanas. Se tomó unos mates con su mujer y cada cual salió por su lado a cumplir con la jornada laboral.
Ella le había ofrecido salir a cenar esa noche a un restaurante que había inaugurado un conocido suyo, a lo que el sujeto 01 contestó afirmativamente. Tal vez no se quedaría conversando con sus compañeros de laburo para poder llegar más temprano a la casa y poder salir con tranquilidad y tiempo hacia el boliche en cuestión.
El sujeto 02 esa mañana había dormido en un aguantadero. Lo buscaban por un robo violento en el cual había lesionado a una de las víctimas con un arma de fuego y su cómplice había caído y lo había batido. Así que desde hacía cuatro días que no podía ir a su casa porque lo andaban buscando.
Durante esos cuatro días anduvo boyando por todos lados, comiendo donde caía, durmiendo en el banco de una plaza, en algún zaguán, o en algún aguantadero donde todos los residentes eran también del palo delictual. Cada cual andaba con su arma a la cintura, y para el sujeto 02 ese era su único capital en ese momento: con eso podría cometer otro delito.
Esa mañana salió todo mugriento, ojeroso, y lagañoso, con la misma pilcha de hacía varios días, sin bañarse ni una mierda, a patear la calle para buscar alguna víctima. Se adentró para eso en una zona que no conocía y comenzó a buscar a algún desprevenido, mientras las calles se iban poblando de gente a pata y de autos en circulación, para un nuevo día.
El sujeto 03 ya estaba en su laburo desde temprano. Había tomado la costumbre de levantarse bien temprano, a eso de las 5:00, darse un baño rápido y salir rajando hacia su negocio que abría puntualmente 7:45 todos los días. Aprovechaba a llegar temprano para repasar la agenda de todo lo que necesitaría durante el día, prever qué cuestiones podrían asaltarlo sin aviso, y anticiparse preventivamente a las mismas.
Tenía como hábito limpiar cuidadosamente el local de atención al público como así también toda la parte de ese local que no estaba destinada para eso, como su oficina que estaba al fondo, un baño, una cocina, y una pequeña habitación que hacía de depósito.
Su local era muy concurrido: ofrecía un ambiente muy reservado y cálido y por eso eran muchos los que a diario se acercaban a tomar algún descanso ahí, a tomar un café con amigos, o bien se celebraban reuniones estilo relámpago para atender cuestiones de diversa índole.
El flaco que tenía como empleado y colaborador caía siempre a las 10.30 porque salía a las 10 de cursar. Estaba estudiando una carrera universitaria que conjugaba con el laburo diario.
Esa mañana, a las 9.15, el sujeto 01, el sujeto 02, y el sujeto 03, se encontraban a la misma hora en zonas muy cercanas, y el paso lento y despreocupado de los dos primeros los iba acercando cada vez al sujeto 03, quien se encontraba preparando una taza de café bien cargada y negra y una lágrima para la pareja que a diario iban a desayunar a su bar.
Cuando el sujeto 03 vio entrar al sujeto 02 al local pensó que tal vez le pediría usar el baño, tema al que no pondría reparo.
Pero no fue así. El sujeto 02 no pidió usar el baño. En lugar de eso sacó su pistola que tenía como único capital in situ y a los gritos, escupiendo mientras hablaba, pidió “toda la guita que tenés en la caja hijo de puta. Dale. Dale. Dale”, mientras le tiraba patadas al sujeto 03 que ya estaba re podrido de que le afanaran. Así que el sujeto 03 se dejó afanar por el sujeto 02 y lo dejó irse rápidamente, aunque lo siguió con la vista al momento en que salía del local. Una vez que el fulano ya estaba afuera le preguntó a la parejita de habitués si se encontraban bien y frente a la respuesta positiva sacó un arma y se dispuso a buscar al sujeto 02 que ya se encontraba a unos 20 metros del lugar.
El sujeto 01 mientras caminaba con tranquilidad iba hablando con su mujer a través del celular, gracias al sistema de manos libres y el auricular en su oreja. La había llamado para avisarle que esa noche también había una película nueva en el cine y que si hacían tiempo podrían ir a verla luego de la cena. Se había enterado de la novedad gracias a las noticias de espectáculos que le llegaban a su mail.
Así, le iba diciendo a la mujer que seguro que al día siguiente le costaría horrores levantarse porque ya iba pensando en que iban a trasnochar, y que como al día siguiente era viernes, estaría más cansado aún. Pero bueno, era una suposición. “Ni a cañonazos me voy a levantar mañana”, alcanzó a decirle a su mujer cuando ella oyó el sonido de una detonación a través del teléfono de su marido.
Pero él no volvió a responder más nada.
La bala que salió del arma del sujeto 03 impactó en la espalda del sujeto 01, que iba dirigida al sujeto 02.
Así, como el Jardín de los senderos que se bifurcan, pero a la inversa, esto fue “los senderos que confluyen”.
Si alguno de los tres hubiera hecho lo que hizo unos segundos más tarde o más temprano, tal vez el sujeto 01 esa noche hubiera hablado con su esposa de ese sonido ensordecedor y un tipo corriendo y otro persiguiéndolo a los tiros.
Pero no fue así.
A veces la muerte espera en un lugar y en un momento determinados y es de los pocos fenómenos que aún persisten que no discrimina para nada.
Por Daniel Schulman / Especial para Jornada
Ese día el sujeto 01 se levantó sin ningún problema, como todas las mañanas. Se duchó y mientras se duchaba se cepilló los dientes y se afeitó. Le gustaba terminar su baño ya listo para perfumarse y vestirse. Siempre decía que de la ducha había que salir listo para eyectarse al mundo. Aunque, claro, en pelotas si uno se eyecta puede terminar en cana.
La cuestión es que esa mañana fue como todas las mañanas. Se tomó unos mates con su mujer y cada cual salió por su lado a cumplir con la jornada laboral.
Ella le había ofrecido salir a cenar esa noche a un restaurante que había inaugurado un conocido suyo, a lo que el sujeto 01 contestó afirmativamente. Tal vez no se quedaría conversando con sus compañeros de laburo para poder llegar más temprano a la casa y poder salir con tranquilidad y tiempo hacia el boliche en cuestión.
El sujeto 02 esa mañana había dormido en un aguantadero. Lo buscaban por un robo violento en el cual había lesionado a una de las víctimas con un arma de fuego y su cómplice había caído y lo había batido. Así que desde hacía cuatro días que no podía ir a su casa porque lo andaban buscando.
Durante esos cuatro días anduvo boyando por todos lados, comiendo donde caía, durmiendo en el banco de una plaza, en algún zaguán, o en algún aguantadero donde todos los residentes eran también del palo delictual. Cada cual andaba con su arma a la cintura, y para el sujeto 02 ese era su único capital en ese momento: con eso podría cometer otro delito.
Esa mañana salió todo mugriento, ojeroso, y lagañoso, con la misma pilcha de hacía varios días, sin bañarse ni una mierda, a patear la calle para buscar alguna víctima. Se adentró para eso en una zona que no conocía y comenzó a buscar a algún desprevenido, mientras las calles se iban poblando de gente a pata y de autos en circulación, para un nuevo día.
El sujeto 03 ya estaba en su laburo desde temprano. Había tomado la costumbre de levantarse bien temprano, a eso de las 5:00, darse un baño rápido y salir rajando hacia su negocio que abría puntualmente 7:45 todos los días. Aprovechaba a llegar temprano para repasar la agenda de todo lo que necesitaría durante el día, prever qué cuestiones podrían asaltarlo sin aviso, y anticiparse preventivamente a las mismas.
Tenía como hábito limpiar cuidadosamente el local de atención al público como así también toda la parte de ese local que no estaba destinada para eso, como su oficina que estaba al fondo, un baño, una cocina, y una pequeña habitación que hacía de depósito.
Su local era muy concurrido: ofrecía un ambiente muy reservado y cálido y por eso eran muchos los que a diario se acercaban a tomar algún descanso ahí, a tomar un café con amigos, o bien se celebraban reuniones estilo relámpago para atender cuestiones de diversa índole.
El flaco que tenía como empleado y colaborador caía siempre a las 10.30 porque salía a las 10 de cursar. Estaba estudiando una carrera universitaria que conjugaba con el laburo diario.
Esa mañana, a las 9.15, el sujeto 01, el sujeto 02, y el sujeto 03, se encontraban a la misma hora en zonas muy cercanas, y el paso lento y despreocupado de los dos primeros los iba acercando cada vez al sujeto 03, quien se encontraba preparando una taza de café bien cargada y negra y una lágrima para la pareja que a diario iban a desayunar a su bar.
Cuando el sujeto 03 vio entrar al sujeto 02 al local pensó que tal vez le pediría usar el baño, tema al que no pondría reparo.
Pero no fue así. El sujeto 02 no pidió usar el baño. En lugar de eso sacó su pistola que tenía como único capital in situ y a los gritos, escupiendo mientras hablaba, pidió “toda la guita que tenés en la caja hijo de puta. Dale. Dale. Dale”, mientras le tiraba patadas al sujeto 03 que ya estaba re podrido de que le afanaran. Así que el sujeto 03 se dejó afanar por el sujeto 02 y lo dejó irse rápidamente, aunque lo siguió con la vista al momento en que salía del local. Una vez que el fulano ya estaba afuera le preguntó a la parejita de habitués si se encontraban bien y frente a la respuesta positiva sacó un arma y se dispuso a buscar al sujeto 02 que ya se encontraba a unos 20 metros del lugar.
El sujeto 01 mientras caminaba con tranquilidad iba hablando con su mujer a través del celular, gracias al sistema de manos libres y el auricular en su oreja. La había llamado para avisarle que esa noche también había una película nueva en el cine y que si hacían tiempo podrían ir a verla luego de la cena. Se había enterado de la novedad gracias a las noticias de espectáculos que le llegaban a su mail.
Así, le iba diciendo a la mujer que seguro que al día siguiente le costaría horrores levantarse porque ya iba pensando en que iban a trasnochar, y que como al día siguiente era viernes, estaría más cansado aún. Pero bueno, era una suposición. “Ni a cañonazos me voy a levantar mañana”, alcanzó a decirle a su mujer cuando ella oyó el sonido de una detonación a través del teléfono de su marido.
Pero él no volvió a responder más nada.
La bala que salió del arma del sujeto 03 impactó en la espalda del sujeto 01, que iba dirigida al sujeto 02.
Así, como el Jardín de los senderos que se bifurcan, pero a la inversa, esto fue “los senderos que confluyen”.
Si alguno de los tres hubiera hecho lo que hizo unos segundos más tarde o más temprano, tal vez el sujeto 01 esa noche hubiera hablado con su esposa de ese sonido ensordecedor y un tipo corriendo y otro persiguiéndolo a los tiros.
Pero no fue así.
A veces la muerte espera en un lugar y en un momento determinados y es de los pocos fenómenos que aún persisten que no discrimina para nada.