En el marco de la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, que comenzó el lunes en la casa de retiros El Cenáculo-La Montonera de Pilar, un centenar de obispos -presididos por el arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo- analizaron ayer el texto de la exhortación apostólica del papa Francisco “Amoris Laetitia” (La alegría del amor), sobre las distintas realidades que viven hoy las familias y cómo acompañarlas pastoralmente.
“Aunque no es el tema central de la exhortación, también tocamos el tema de la posibilidad de que los separados y vueltos a establecer en nuevas uniones puedan tener acceso a los sacramentos de la penitencia y la eucaristía. El Papa ha dado criterios para discernir esas situaciones”, explicó monseñor Andrés Stanovnik, miembro de la Comisión Episcopal de Laicos y Familia.
En ese marco, los prelados acordaron elaborar un subsidio de pastoral familiar orientado al “acompañamiento, al discernimiento y a la integración del amor herido y extraviado” así como a las “situaciones nuevas, difíciles y dolorosas por las que pasan tantas familias y matrimonios”, según indicó Stanovnik.
En tanto, en la mañana de hoy los obispos trabajaron sobre las vocaciones sacerdotales con el objetivo de elaborar en el futuro “orientaciones sobre promoción y discernimiento de las vocaciones al sacerdocio ministerial”, informaron fuentes episcopales.
Para mañana, en el cuarto día de deliberaciones, el centenar de obispos analizará -entre otros temas- la realidad de la pastoral penitenciaria, luego de que la semana pasada se constituyera una mesa de diálogo sobre “inclusión social, seguridad y justicia social” entre representantes de la Iglesia y la justicia penal, para explorar respuestas conjuntas a la problemática de las condiciones de detención de los presos y sus posibilidades de reinserción social.
En ese marco, el obispo de Viedma y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Penitenciaria, monseñor Esteban María Laxague, se refirió esta semana a la realidad “difícil y compleja” de las cárceles que pudo conocer durante los últimos años y habló de “una realidad que está muy escondida”, ante la cual “como sociedad hay que poner la mirada en ella para tomar decisiones y ensayar estrategias distintas”.
“Desde lo más básico al preso le son vulnerados muchos derechos. Por ejemplo, pensamos una vivienda digna y nuestras cárceles a veces carecen de una mínima comodidad. Ni siquiera cumplen con los requisitos básicos de luz e higiene. Hoy con más fuerza no pueden ser postergados los derechos que consideramos inalienables como pueblo, como nación y como seres humanos: educación, trabajo, salud, alimentación”, advirtió Laxague en una entrevista con Página 12.
La asamblea plenaria de obispos concluirá el viernes y no está previsto, por el momento, la difusión de una declaración final.
En el marco de la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, que comenzó el lunes en la casa de retiros El Cenáculo-La Montonera de Pilar, un centenar de obispos -presididos por el arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo- analizaron ayer el texto de la exhortación apostólica del papa Francisco “Amoris Laetitia” (La alegría del amor), sobre las distintas realidades que viven hoy las familias y cómo acompañarlas pastoralmente.
“Aunque no es el tema central de la exhortación, también tocamos el tema de la posibilidad de que los separados y vueltos a establecer en nuevas uniones puedan tener acceso a los sacramentos de la penitencia y la eucaristía. El Papa ha dado criterios para discernir esas situaciones”, explicó monseñor Andrés Stanovnik, miembro de la Comisión Episcopal de Laicos y Familia.
En ese marco, los prelados acordaron elaborar un subsidio de pastoral familiar orientado al “acompañamiento, al discernimiento y a la integración del amor herido y extraviado” así como a las “situaciones nuevas, difíciles y dolorosas por las que pasan tantas familias y matrimonios”, según indicó Stanovnik.
En tanto, en la mañana de hoy los obispos trabajaron sobre las vocaciones sacerdotales con el objetivo de elaborar en el futuro “orientaciones sobre promoción y discernimiento de las vocaciones al sacerdocio ministerial”, informaron fuentes episcopales.
Para mañana, en el cuarto día de deliberaciones, el centenar de obispos analizará -entre otros temas- la realidad de la pastoral penitenciaria, luego de que la semana pasada se constituyera una mesa de diálogo sobre “inclusión social, seguridad y justicia social” entre representantes de la Iglesia y la justicia penal, para explorar respuestas conjuntas a la problemática de las condiciones de detención de los presos y sus posibilidades de reinserción social.
En ese marco, el obispo de Viedma y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Penitenciaria, monseñor Esteban María Laxague, se refirió esta semana a la realidad “difícil y compleja” de las cárceles que pudo conocer durante los últimos años y habló de “una realidad que está muy escondida”, ante la cual “como sociedad hay que poner la mirada en ella para tomar decisiones y ensayar estrategias distintas”.
“Desde lo más básico al preso le son vulnerados muchos derechos. Por ejemplo, pensamos una vivienda digna y nuestras cárceles a veces carecen de una mínima comodidad. Ni siquiera cumplen con los requisitos básicos de luz e higiene. Hoy con más fuerza no pueden ser postergados los derechos que consideramos inalienables como pueblo, como nación y como seres humanos: educación, trabajo, salud, alimentación”, advirtió Laxague en una entrevista con Página 12.
La asamblea plenaria de obispos concluirá el viernes y no está previsto, por el momento, la difusión de una declaración final.