La población de cazones disminuyó un 80%

El número de ejemplares de la especie de tiburón, popularmente denominada cazón, descendió en los últimos años en un 80 por ciento según un trabajo realizado por investigadores argentinos, entre los que se encuentran profesionales del CENPAT-Conicet.

El estudio se realizó a través de entrevistas y seguimientos a pescadores del litoral marítimo argentino.
El estudio se realizó a través de entrevistas y seguimientos a pescadores del litoral marítimo argentino.
16 DIC 2016 - 21:09 | Actualizado

Dada la falta de registros y censos sobre la abundancia de algunas especies de tiburón de gran tamaño y de interés pesquero como el escalandrún (Carchariastaurus), el bacota (Carcharhinusbrachyurus) y el gatopardo (Notorynchuscepedianus), investigadores del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos decidieron abordar nuevas metodologías que permitan disponer de más conocimiento.

“El trabajo está basado en lo que se denomina conocimiento empírico popular. Se realizaron entrevistas a pescadores experimentados que desde hace años se vinculan diariamente con el recurso y los resultados de la investigación reflejaron que, según la percepción que estas personas tienen sobre la abundancia de tiburón, la situación es crítica”, explicó Alejo Irigoyen, investigador del CESIMAR (CONICET – CENPAT).

Por esta razón Irigoyen, junto con Gastón Trobbiani, también del CESIMAR, recorrieron la costa desde San Clemente del Tuyú, en la Provincia de Buenos Aires, hasta Rawson en Chubut para entrevistar a pescadores expertos y evaluar el estado de conservación de estas tres especies de tiburones.

Para este trabajo fueron elegidas, especialmente, 29 personas de vasta experiencia en la pesca de tiburón que viven en diferentes puntos del país a lo largo de 1.400 km de costa y que responden a un rango etario desde los 37 hasta los 74 años de edad.

El tipo de entrevistas realizadas se denominan semiestructuradas. “Es un mismo formulario de preguntas para todos, pero están especialmente pensadas para que el entrevistado pueda explayarse libremente y contar toda su experiencia sobre prácticas y técnicas de pesca”, afirma.

Con el objetivo de determinar la efectividad del método implementado, el investigador recogió un dato avalado desde la ciencia que indica que la población de Galeorhinusgaleus, una especie de tiburón popularmente denominado cazón, descendió en un 80 por ciento y realizó entrevistas a los pescadores para ver en cuánto estimaban ellos la depresión de esta especie en particular.

Las entrevistas arrojaron el mismo resultado. “Los datos que se tienen desde la ciencia sobre el registro de tiburones y su patrón migratorio son también coincidentes con los que aportan los pescadores.

El cazón pasa el invierno en el sur de Brasil y, a medida que la temperatura del agua comienza a subir con la llegada de la primavera, empiezan a descender hacia el Golfo San Jorge. Los pescadores de la localidad de San Clemente del Tuyú en provincia de Buenos Aires aseguran que estos tiburones visitan la región cuando florecen los aromos, hecho que ocurre en el mes agosto. Las investigaciones científicas disponibles indican lo mismo”, asegura.

El relevamiento, realizado por los investigadores a lo largo de una gran porción de la Costa Atlántica, señala una situación comprometida en todas las especies estudiadas pero destaca a una en particular: el escalandrún.

Los pescadores de la zona de Bahía Blanca señalaron que hace por lo menos cuatro años que no capturan un ejemplar. Estiman que en los últimos años su población descendió en un 90 por ciento”, comenta el científico.

Para el investigador, algunas actividades realizadas por el hombre afectan directamente a estos animales que además disponen por su naturaleza de algunas características que pueden tender a perjudicarlos. Tienen un lento crecimiento poblacional y la hembra pare apenas dos crías cada dos años. “Son animales con una historia de vida tan sensible que la pesca deportiva sin devolución podría llevarlos a la extinción”, concluye Irigoyen.

La fiebre del tiburón

A mediados del siglo XX el litoral marítimo argentino se inundó de naves dedicadas a la pesca del tiburón vitamínico. Los “cazoneros”, tal como se los denominaba, marcaron el primer crecimiento importante en la pesca comercial marítima de nuestro país, que hasta ese entonces, era una actividad menor.

Un factor fue clave en la explotación del tiburón como especie pesquera. El desarrollo de la Segunda Guerra Mundial motivó el cierre de los caladeros nórdicos que abastecían a Europa de aceite de bacalao y otros derivados de esta especie, por lo cual la demanda global del producto y el mejoramiento en las técnicas y recursos tanto de pesca como de empaque y conservación de los alimentos generó una verdadera “fiebre del tiburón” en nuestro país.

Si bien la actividad fue efervescente en los puertos tradicionales de aquel entonces, como el del Mar del Plata, varios puertos patagónicos, entre los que se contaban Puerto Madryn, Rawson y Comodoro Rivadavia, también emergieron a la luz de esa actividad.

En las crónicas de la época abundan los testimonios de pescadores que fueron llegando a la Patagonia para sumarse a la pesca del cazón, con embarcaciones que partían de los principales puertos de la región, aunque las condiciones no siempre eran las óptimas para la navegación.

El estudio se realizó a través de entrevistas y seguimientos a pescadores del litoral marítimo argentino.
El estudio se realizó a través de entrevistas y seguimientos a pescadores del litoral marítimo argentino.
16 DIC 2016 - 21:09

Dada la falta de registros y censos sobre la abundancia de algunas especies de tiburón de gran tamaño y de interés pesquero como el escalandrún (Carchariastaurus), el bacota (Carcharhinusbrachyurus) y el gatopardo (Notorynchuscepedianus), investigadores del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos decidieron abordar nuevas metodologías que permitan disponer de más conocimiento.

“El trabajo está basado en lo que se denomina conocimiento empírico popular. Se realizaron entrevistas a pescadores experimentados que desde hace años se vinculan diariamente con el recurso y los resultados de la investigación reflejaron que, según la percepción que estas personas tienen sobre la abundancia de tiburón, la situación es crítica”, explicó Alejo Irigoyen, investigador del CESIMAR (CONICET – CENPAT).

Por esta razón Irigoyen, junto con Gastón Trobbiani, también del CESIMAR, recorrieron la costa desde San Clemente del Tuyú, en la Provincia de Buenos Aires, hasta Rawson en Chubut para entrevistar a pescadores expertos y evaluar el estado de conservación de estas tres especies de tiburones.

Para este trabajo fueron elegidas, especialmente, 29 personas de vasta experiencia en la pesca de tiburón que viven en diferentes puntos del país a lo largo de 1.400 km de costa y que responden a un rango etario desde los 37 hasta los 74 años de edad.

El tipo de entrevistas realizadas se denominan semiestructuradas. “Es un mismo formulario de preguntas para todos, pero están especialmente pensadas para que el entrevistado pueda explayarse libremente y contar toda su experiencia sobre prácticas y técnicas de pesca”, afirma.

Con el objetivo de determinar la efectividad del método implementado, el investigador recogió un dato avalado desde la ciencia que indica que la población de Galeorhinusgaleus, una especie de tiburón popularmente denominado cazón, descendió en un 80 por ciento y realizó entrevistas a los pescadores para ver en cuánto estimaban ellos la depresión de esta especie en particular.

Las entrevistas arrojaron el mismo resultado. “Los datos que se tienen desde la ciencia sobre el registro de tiburones y su patrón migratorio son también coincidentes con los que aportan los pescadores.

El cazón pasa el invierno en el sur de Brasil y, a medida que la temperatura del agua comienza a subir con la llegada de la primavera, empiezan a descender hacia el Golfo San Jorge. Los pescadores de la localidad de San Clemente del Tuyú en provincia de Buenos Aires aseguran que estos tiburones visitan la región cuando florecen los aromos, hecho que ocurre en el mes agosto. Las investigaciones científicas disponibles indican lo mismo”, asegura.

El relevamiento, realizado por los investigadores a lo largo de una gran porción de la Costa Atlántica, señala una situación comprometida en todas las especies estudiadas pero destaca a una en particular: el escalandrún.

Los pescadores de la zona de Bahía Blanca señalaron que hace por lo menos cuatro años que no capturan un ejemplar. Estiman que en los últimos años su población descendió en un 90 por ciento”, comenta el científico.

Para el investigador, algunas actividades realizadas por el hombre afectan directamente a estos animales que además disponen por su naturaleza de algunas características que pueden tender a perjudicarlos. Tienen un lento crecimiento poblacional y la hembra pare apenas dos crías cada dos años. “Son animales con una historia de vida tan sensible que la pesca deportiva sin devolución podría llevarlos a la extinción”, concluye Irigoyen.

La fiebre del tiburón

A mediados del siglo XX el litoral marítimo argentino se inundó de naves dedicadas a la pesca del tiburón vitamínico. Los “cazoneros”, tal como se los denominaba, marcaron el primer crecimiento importante en la pesca comercial marítima de nuestro país, que hasta ese entonces, era una actividad menor.

Un factor fue clave en la explotación del tiburón como especie pesquera. El desarrollo de la Segunda Guerra Mundial motivó el cierre de los caladeros nórdicos que abastecían a Europa de aceite de bacalao y otros derivados de esta especie, por lo cual la demanda global del producto y el mejoramiento en las técnicas y recursos tanto de pesca como de empaque y conservación de los alimentos generó una verdadera “fiebre del tiburón” en nuestro país.

Si bien la actividad fue efervescente en los puertos tradicionales de aquel entonces, como el del Mar del Plata, varios puertos patagónicos, entre los que se contaban Puerto Madryn, Rawson y Comodoro Rivadavia, también emergieron a la luz de esa actividad.

En las crónicas de la época abundan los testimonios de pescadores que fueron llegando a la Patagonia para sumarse a la pesca del cazón, con embarcaciones que partían de los principales puertos de la región, aunque las condiciones no siempre eran las óptimas para la navegación.