Pelearle a la vida: Diego Sañanco, el comandante de los sueños

El excampeón Mundo Hispano conduce un gimnasio de Trelew armado con palos, chapas, nylon y piso de tierra. Sueñan con una carrera, pero también con un mejor lugar para entrenar.

No hay edades. No importa el sexo. Las instalaciones son precarias pero el corazón es grande.
No hay edades. No importa el sexo. Las instalaciones son precarias pero el corazón es grande.
05 FEB 2017 - 21:28 | Actualizado

Por Lorena Leeming / @Loreleeming

El trabajo es rutinario. Todos los días, Diego lleva desde su casa los guantes, las bolsas y baldes para regar los pocos árboles. A veces lo hace en su coche, otras directamente con la carga sobre su espalda. Sañanco fue campeón del Mundo Hispano de box y, hoy, la pelea la da abajo del ring. Es el entrenador de la “escuelita rancho de box” que está en B° Moreira IV. Realiza un trabajo social y de contención. Logra, muchas veces, sacar a los chicos de las drogas y el alcohol. Cuando cumple su objetivo dice sentir “alegría, mucha alegría”.

La escuela “Guerreros del Inta” que ahora está en el periférico B° Moreira IV no se distingue de la precaria infraestructura de las viviendas de ese lugar. En su mayoría, las casas tienen paredes de cartón, parantes de palos de madera, techos con chapas algo averiadas, ventanas improvisadas con nylon y piso de tierra. El “gimnasio” no es la excepción. Es exactamente así.

La dolorosa realidad que azota a distintos sectores de la periferia, pero en especial al Moreira, fue ya descripta en varios medios de comunicación. Conmovió a la cuatro veces campeona del mundo en box, Alejandra Oliveras. Explicó con sus palabras lo que significa entrenar en piso de tierra y con un ring armado con palo y nylon. Se conmovió pero prefirió involucrarse. Hacer. Fue nombrada madrina de la escuelita y participó de un evento histórico que se realizó en el Club Independiente con otros campeones de box trelewenses. Lo recaudado lo destinó a la escuelita. En estos días empezarán con los primeros trabajos. Pero falta mucho, mucho más.

Charlar, hacer deporte, escuchar y ser escuchado, mate de por medio, no es cuestión de infraestructura. Y la calidez humana sobra en la escuelita de Sañanco. Un cajón de plástico para apoyar la yerba y el termo, más una silla improvisada, basta y sobra para la entrevista que Diego concedió a Jornada.

Recuerda que la idea de comenzar con el gimnasio en el corazón del populoso Moreira IV nació junto a su colega boxeador Luis Gaviña. Es porque en las instituciones como escuelas o gimnasios de barrio Inta les restringían los días de entrenamiento. Es decir, dos o tres días por semana. Y Sañanco remarca que la disciplina requiere esfuerzo y entrenamiento constante y diario. No dos o tres veces. nada más. por semana. “Tienen que entrenar todos los días y los fines de semana”.

Tal es así que “Guerreros del Inta” es la única escuelita que funcionó durante todo el verano. Diciembre, enero y ahora en febrero. “Quería algo propio para entrenar a diario. Le dije a mi compañero que comenzaría a hacer un gimnasio. Mi idea era contener a los chicos del barrio. Empezamos con la manopla y bolsas. Al aire libre hacíamos todo. Me trajeron tarimas y comenzaron a hacer en este lugar”.

La lucha social de Diego Sañanco arranca con su propia historia. Cuenta que hasta los 30 años el alcohol era un problema en su vida. En el barrio, muchos le pedían que enseñe. En especial a los más chicos. “Yo les decía que sí, pero pasaban los días, me recuperaba de las salidas y pensaba que yo no podía ser ejemplo de ellos. A los 30 años me fracturé una mano. Fue un gran bajón. Me pusieron un clavo. La bebida seguía ahí. Dije en ese momento que no quería saber nada de boxeo. Estuve 1 año parado. No miraba boxeo ni iba al gimnasio. Luego, cuando pensé en empezar algo nuevo, me entusiasmé más. Primero era yo el que tenía que cambiar y dar el ejemplo”.

La situación de calle de muchos jóvenes hizo que comenzara su propia superación y que pudiese hacer algo por los demás. Arrancó enseñándole a los chicos la gimnasia básica del deporte. “ Empecé también a transpirar yo. Me llevó meses volver a sentir la pasión que yo sentía. Ahí arranqué con casi 31 años. Comenzaron a venir los chicos”.

Sobre su tarea diaria, relató que siempre trata de motivar a los pibes en los entrenamientos. “Si en lo personal los puedo aconsejar, lo hago. Sé la historia de cada uno. Me meto ahí. Un poco más o un poco menos. Quiero estar enchufado en eso. Los incentivo a correr, a tomar aire. Que entrenen bien porque si se suben al ring con dos horas de entrenamiento no alcanza”.

Gesticula con las manos la intensidad de la actividad. Aclara que para estar arriba del ring tienen que tener “aire”. Para eso, correr es fundamental. Cada día carga los elementos que necesita en su auto y los transporta. Las bolsas, los guantes. “Todo para que puedan guantear y pegar. Cuando se me complica que no tengo el auto, lo traigo al hombro y nos venimos. No podemos estar un día sin entrenar. Con auto o sin auto estamos acá”.

No siempre, pero muchas veces, el objetivo se cumple. El chico que estaba en situación de calle, con problemas de alcohol, drogas o simplemente en estado marginal, deja de padecer esa realidad y se embarca en nuevos sueños. Ser campeón mundial ronda por las cabezas de muchos de los que a diario van a la Escuelita. Y no es imposible. Cuando ese propósito se cumple, Diego confiesa que siente alegría. “Mucha alegría. Pero no es fácil. Se complica con muchos. No todos salen, lamentablemente. No siempre agarran para el deporte pero sigo incentivándolos porque están en condiciones. Por ejemplo, Dieguito y Micaela. Ella es un ejemplo. Le digo vamos a entrenar y no tiene problema”, dijo, señalando a dos de sus alumnos.

Para la admisión no hay edades en “Los guerreros del Inta”. Concurren niños desde los 10 años e incluso,hay personas que llegan a los 50. “Tengo de alumna a una señora mayor. No tengo problema que vengan y entrenen con los chicos”.

Si bien las intenciones del evento solidario fueron las mejores, el día seleccionado para hacerlo (justo coincidió con un clásico de fútbol) no fue el acertado y la recaudación no fue muy buena. No obstante, lo poco sirve. Falta, pero ya se puede empezar. “Muchos no pudieron ir. Para empezar está bien pero faltan cosas. Alejandra Oliveras nos respondió muy bien. Se enteró y nos acompañó en el barrio y el gimnasio. Excelente persona que siente el boxeo”.

Dijo que comenzarán comprando cemento elaborado, mallas y caños de PVC. La gente es solidaria, el pueblo sabe escuchar y entender al otro. Confían en que pronto el sueño del gimnasio propio con condiciones dignas será una realidad.

No hay edades. No importa el sexo. Las instalaciones son precarias pero el corazón es grande.
No hay edades. No importa el sexo. Las instalaciones son precarias pero el corazón es grande.
05 FEB 2017 - 21:28

Por Lorena Leeming / @Loreleeming

El trabajo es rutinario. Todos los días, Diego lleva desde su casa los guantes, las bolsas y baldes para regar los pocos árboles. A veces lo hace en su coche, otras directamente con la carga sobre su espalda. Sañanco fue campeón del Mundo Hispano de box y, hoy, la pelea la da abajo del ring. Es el entrenador de la “escuelita rancho de box” que está en B° Moreira IV. Realiza un trabajo social y de contención. Logra, muchas veces, sacar a los chicos de las drogas y el alcohol. Cuando cumple su objetivo dice sentir “alegría, mucha alegría”.

La escuela “Guerreros del Inta” que ahora está en el periférico B° Moreira IV no se distingue de la precaria infraestructura de las viviendas de ese lugar. En su mayoría, las casas tienen paredes de cartón, parantes de palos de madera, techos con chapas algo averiadas, ventanas improvisadas con nylon y piso de tierra. El “gimnasio” no es la excepción. Es exactamente así.

La dolorosa realidad que azota a distintos sectores de la periferia, pero en especial al Moreira, fue ya descripta en varios medios de comunicación. Conmovió a la cuatro veces campeona del mundo en box, Alejandra Oliveras. Explicó con sus palabras lo que significa entrenar en piso de tierra y con un ring armado con palo y nylon. Se conmovió pero prefirió involucrarse. Hacer. Fue nombrada madrina de la escuelita y participó de un evento histórico que se realizó en el Club Independiente con otros campeones de box trelewenses. Lo recaudado lo destinó a la escuelita. En estos días empezarán con los primeros trabajos. Pero falta mucho, mucho más.

Charlar, hacer deporte, escuchar y ser escuchado, mate de por medio, no es cuestión de infraestructura. Y la calidez humana sobra en la escuelita de Sañanco. Un cajón de plástico para apoyar la yerba y el termo, más una silla improvisada, basta y sobra para la entrevista que Diego concedió a Jornada.

Recuerda que la idea de comenzar con el gimnasio en el corazón del populoso Moreira IV nació junto a su colega boxeador Luis Gaviña. Es porque en las instituciones como escuelas o gimnasios de barrio Inta les restringían los días de entrenamiento. Es decir, dos o tres días por semana. Y Sañanco remarca que la disciplina requiere esfuerzo y entrenamiento constante y diario. No dos o tres veces. nada más. por semana. “Tienen que entrenar todos los días y los fines de semana”.

Tal es así que “Guerreros del Inta” es la única escuelita que funcionó durante todo el verano. Diciembre, enero y ahora en febrero. “Quería algo propio para entrenar a diario. Le dije a mi compañero que comenzaría a hacer un gimnasio. Mi idea era contener a los chicos del barrio. Empezamos con la manopla y bolsas. Al aire libre hacíamos todo. Me trajeron tarimas y comenzaron a hacer en este lugar”.

La lucha social de Diego Sañanco arranca con su propia historia. Cuenta que hasta los 30 años el alcohol era un problema en su vida. En el barrio, muchos le pedían que enseñe. En especial a los más chicos. “Yo les decía que sí, pero pasaban los días, me recuperaba de las salidas y pensaba que yo no podía ser ejemplo de ellos. A los 30 años me fracturé una mano. Fue un gran bajón. Me pusieron un clavo. La bebida seguía ahí. Dije en ese momento que no quería saber nada de boxeo. Estuve 1 año parado. No miraba boxeo ni iba al gimnasio. Luego, cuando pensé en empezar algo nuevo, me entusiasmé más. Primero era yo el que tenía que cambiar y dar el ejemplo”.

La situación de calle de muchos jóvenes hizo que comenzara su propia superación y que pudiese hacer algo por los demás. Arrancó enseñándole a los chicos la gimnasia básica del deporte. “ Empecé también a transpirar yo. Me llevó meses volver a sentir la pasión que yo sentía. Ahí arranqué con casi 31 años. Comenzaron a venir los chicos”.

Sobre su tarea diaria, relató que siempre trata de motivar a los pibes en los entrenamientos. “Si en lo personal los puedo aconsejar, lo hago. Sé la historia de cada uno. Me meto ahí. Un poco más o un poco menos. Quiero estar enchufado en eso. Los incentivo a correr, a tomar aire. Que entrenen bien porque si se suben al ring con dos horas de entrenamiento no alcanza”.

Gesticula con las manos la intensidad de la actividad. Aclara que para estar arriba del ring tienen que tener “aire”. Para eso, correr es fundamental. Cada día carga los elementos que necesita en su auto y los transporta. Las bolsas, los guantes. “Todo para que puedan guantear y pegar. Cuando se me complica que no tengo el auto, lo traigo al hombro y nos venimos. No podemos estar un día sin entrenar. Con auto o sin auto estamos acá”.

No siempre, pero muchas veces, el objetivo se cumple. El chico que estaba en situación de calle, con problemas de alcohol, drogas o simplemente en estado marginal, deja de padecer esa realidad y se embarca en nuevos sueños. Ser campeón mundial ronda por las cabezas de muchos de los que a diario van a la Escuelita. Y no es imposible. Cuando ese propósito se cumple, Diego confiesa que siente alegría. “Mucha alegría. Pero no es fácil. Se complica con muchos. No todos salen, lamentablemente. No siempre agarran para el deporte pero sigo incentivándolos porque están en condiciones. Por ejemplo, Dieguito y Micaela. Ella es un ejemplo. Le digo vamos a entrenar y no tiene problema”, dijo, señalando a dos de sus alumnos.

Para la admisión no hay edades en “Los guerreros del Inta”. Concurren niños desde los 10 años e incluso,hay personas que llegan a los 50. “Tengo de alumna a una señora mayor. No tengo problema que vengan y entrenen con los chicos”.

Si bien las intenciones del evento solidario fueron las mejores, el día seleccionado para hacerlo (justo coincidió con un clásico de fútbol) no fue el acertado y la recaudación no fue muy buena. No obstante, lo poco sirve. Falta, pero ya se puede empezar. “Muchos no pudieron ir. Para empezar está bien pero faltan cosas. Alejandra Oliveras nos respondió muy bien. Se enteró y nos acompañó en el barrio y el gimnasio. Excelente persona que siente el boxeo”.

Dijo que comenzarán comprando cemento elaborado, mallas y caños de PVC. La gente es solidaria, el pueblo sabe escuchar y entender al otro. Confían en que pronto el sueño del gimnasio propio con condiciones dignas será una realidad.